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Washington, D. C., 18 de noviembre de 2021.- Los indígenas de América del Norte masticaban la corteza del sauce (mostrada arriba) para aliviar los dolores. El ingrediente activo de la corteza es la salicina, una sustancia química que en 1897 constituyó la base del descubrimiento de la aspirina, el medicamento más utilizado en el mundo. (La salicina es también un precursor del ácido salicílico, el ingrediente activo de muchos tratamientos para el acné que se venden sin receta y de los champús que combaten la caspa).

El concepto que condujo al desarrollo de las vacunas (protegerse de un virus o enfermedad exponiéndose a una versión modificada del mismo), no pasó desapercibido para los indígenas de América del Norte. La Dra. Sophie E. Neuner, investigadora asociada de la Escuela de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, señala que las tribus se vacunaban ingiriendo pequeñas cantidades de sustancias para proteger sus cuerpos de los efectos nocivos de las mismas sustancias en cantidades mayores.

“Desde que empecé a ingerir pequeñas porciones de roble venenoso con regularidad, no he tenido las grandes erupciones que solía tener”, dijo Neuner, miembro de la tribu karuk.

El mundo puede agradecer a los indígenas de América del Norte, las tribus iroquesa y seneca en particular, la invención de los biberones y la leche de fórmula, importantes para la salud de los bebés cuando no se dispone de leche materna. Y según el canal de documentales de Historia “History Channel”, los indígenas de América del Norte inventaron las jeringuillas.

La medicina moderna no siempre ha dado crédito a los indígenas de América del Norte por sus contribuciones, pero David R. Wilson, miembro de los navajo y director de la Oficina de Investigación Sanitaria Tribal de los Institutos Nacionales de la Salud (NIH), dice que en la actualidad los NIH ayudan a las tribus a proteger su propiedad intelectual.

Hay 574 tribus reconocidas por el gobierno federal en Estados Unidos, y debido a la preocupación por la explotación comercial, la mayoría de sus miembros evitan la investigación biomédica. Pero en 2019, los NIH celebraron una consulta tribal con el Congreso Nacional (de Estados Unidos) de Indígenas de América del Norte para ayudar a los líderes a entender en qué momento durante un proceso de investigación se pueden negociar los términos y condiciones de la propiedad intelectual. Los NIH también se comprometieron a aclarar los procedimientos de investigación biomédica para ayudar a las tribus a beneficiarse de los propios descubrimientos de los NIH.

Colaboración
A pesar de algunos de los primeros abusos de la investigación médica contra los indígenas de América del Norte, los miembros de la tribu han contribuido a realizar avances durante más de 50 años al participar en estudios sobre la epidemiología, la prevención y el tratamiento de enfermedades infecciosas, según los NIH. Estos estudios dieron lugar a medidas para prevenir la morbilidad y la mortalidad (especialmente entre los niños) de muchas enfermedades.

En un ejemplo de la década de 1980, un pediatra de la India llevó a cabo una investigación con la tribu apache de las Montañas Blancas que demostró que los tratamientos de rehidratación oral evitaban las muertes relacionadas con la diarrea en los niños, según la revista “Hopkins Bloomberg Public Health”. La investigación y los estudios posteriores condujeron a la creación de Pedialyte, un popular tratamiento para la diarrea.

Más recientemente, los científicos desarrollaron las tres vacunas estadounidenses contra Covid-19 con la participación de comunidades indígenas en los ensayos clínicos, dijo Wilson. Para ayudar a acabar con la pandemia, Estados Unidos está donando millones de dosis de estas vacunas a otros países.

Los NIH también impartieron una conferencia sobre la interconexión de la cultura y la ciencia para ayudar a la medicina tradicional y a la ciencia occidental a encontrar nuevos avances en materia de salud.

“Los indígenas de América del Norte llevan siglos utilizando prácticas curativas tradicionales, o formas de curar”, dijo Wilson. “Y es importante reconocerlas, pero también complementar esas enseñanzas y esos entendimientos con algunas de las ciencias y prácticas occidentales para que ambas puedan tener una sinergia”.

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