Washington, D. C., 14 de enero 2023.- Cuando el mundo apenas había empezado a recuperarse de las conmociones sanitarias y económicas, provocadas por la crisis de la Covid-19, surgieron nuevas tensiones: la guerra en Ucrania, la inflación mundial y la desaceleración en las principales economías del mundo. Una desaceleración mundial prevista para 2023 significa que los presupuestos internos seguirán bajo presión a medida que se inicia el nuevo año, y todos los sectores afrontarán desafíos.

Los impuestos sanitarios han estado recibiendo atención debido a su doble énfasis en la salud y en los impactos sobre los ingresos. Por tratarse de un tipo especial de herramienta de política, también pueden generar efectos de segundo orden: reducir la carga sobre el sistema de salud, generar poblaciones más productivas y traducir los avances en capital humano en crecimiento económico.

Impuestos sanitarios, eficaces en función de los costos
Los impuestos para la salud son impuestos selectivos que se aplican a productos como el tabaco, el alcohol y las bebidas azucaradas que pueden provocar daños a la salud. Se diferencian de otros tributos indirectos como el impuesto sobre bienes y servicios (IBS) y el impuesto al valor agregado (IVA) porque son discriminatorios y se pueden focalizar en productos que dañan la salud y generan perjuicios a la sociedad y a los individuos.

El objetivo principal de los impuestos sanitarios es reducir el consumo de productos nocivos. No obstante, cuando están bien diseñados —se centran en las tasas, las estructuras y las bases adecuadas y están respaldados por medidas administrativas complementarias— constituyen una de las maneras más eficaces en función de los costos de controlar el consumo de productos poco saludables y salvar vidas, recaudando, al mismo tiempo, los ingresos que tanto se necesitan.

En el actual contexto mundial, los impuestos para la salud desempeñan un papel especial en la transición hacia estilos de vida más saludables y un futuro financiero más sostenible.

Experiencia de Filipinas
Para establecer y mejorar los impuestos sanitarios se requieren alianzas. Como se desprende de la experiencia en materia de implementación, las reformas más exitosas provienen de esfuerzos de colaboración entre los ministerios de Salud y de Finanzas de un país. Por ejemplo, en Filipinas, la aprobación de la Ley del Impuesto al Pecado en 2012 se debió en gran parte a que la reforma se vinculó con beneficios para el sector de salud. Todos los actores políticos abogaron por la reforma, que recibió un gran apoyo en amplias consultas con partes interesadas y contó con la participación de líderes del más alto nivel.

La reforma también generó beneficios en materia de ingresos. La recaudación de impuestos sanitarios era del 0.5% del PIB antes de la reforma y aumentó al 1.4 % del PIB en 2019. Además, los “impuestos al pecado” siguen constituyendo una fuente confiable de ingresos para financiar prioridades importantes como la cobertura sanitaria universal, una práctica alineada con el sistema fiscal del país.

En 2022, el presupuesto del Departamento de Salud y los subsidios de las primas para PhilHealth —el plan de seguro médico de Filipinas— fueron cinco veces más altos (PDF) que en 2013. Esta reforma se apoyó en un amplio programa de asistencia para actividades analíticas y de asesoría proporcionada por diversos asociados, incluido el Banco Mundial.

Apoyo holístico del Banco Mundial
Para hacer avanzar la agenda de los impuestos sanitarios también hacen falta diversos conocimientos técnicos. Sobre la base de años de esfuerzos colectivos, el Banco Mundial ha apoyado a los Gobiernos para abordar esta agenda desde múltiples dimensiones interrelacionadas.

El Banco evalúa los impactos distributivos y en la pobreza de los impuestos sanitarios en las poblaciones más pobres, y ello incluye la manera en que los impuestos selectivos al consumo de tabaco pueden tener efectos progresivos y favorables a los pobres en el largo plazo cuando se consideran las respuestas de comportamiento, los menores gastos médicos futuros y la mayor cantidad de años de vida productiva como resultado de un menor consumo. También hemos examinado y puesto a prueba cómo la introducción y los aumentos de los impuestos a las bebidas azucaradas podrían ser progresivos en el largo plazo.

El Banco Mundial ha analizado los efectos sanitarios y económicos del consumo de tabaco y bebidas azucaradas, incluidos los impactos de la reforma de los impuestos sanitarios en las enfermedades no transmisibles y los factores de riesgo conexos, como la obesidad.

También reconocemos la importancia de la buena gobernanza cuando se trata de la administración tributaria. Trabajamos en cuestiones complejas, como el cumplimiento (PDF), que respaldan una política tributaria eficaz y la recaudación de ingresos a nivel nacional, ayudando a mejorar la gobernanza y la gestión financiera.

Además, los expertos del Banco Mundial han ayudado a los países a comprender cómo los impuestos selectivos para la salud contribuyen al entorno de políticas fiscales y el panorama macroeconómico, trabajando con sus contrapartes de los ministerios de Finanzas para utilizar los impuestos sanitarios en sus programas de reforma tributaria más amplios y como un instrumento para fortalecer el crecimiento.

Colaboración en favor de un enfoque multidimensional
Una nueva línea de estudios del Banco Mundial dedicada a los impuestos para la salud en el marco del Programa Mundial de Impuestos se basa en estos esfuerzos para apoyar las reformas de los impuestos sanitarios en todo el mundo.

En esta iniciativa se reconoce que los impuestos sanitarios no deben examinarse únicamente desde la óptica de la salud o las finanzas: deben ser abordados con un enfoque multidimensional.

Al aplicar este tipo de impuestos se requiere entender la dinámica de la producción tabacalera y su relación con los impuestos selectivos sobre productos como los combustibles y los vehículos, que también pueden reducir una serie de efectos externos negativos. También hay que comprender la compleja economía política de los impuestos sanitarios, que incluye la evasión fiscal y el comercio ilícito, el poder de la industria y los grupos de partes interesadas relacionadas, y la dinámica gubernamental que determina cómo se debe abordar cada desafío.

Estas complejidades hacen de la colaboración una verdadera necesidad y el Banco Mundial se ubica en una posición única para ampliar sus diversos conocimientos en apoyo de las reformas de los impuestos sanitarios.

Autores:

Juan Pablo Uribe, Director mundial, Departamento de Prácticas Mundiales de Salud, Nutrición y Población y del Mecanismo Mundial de Financiamiento, Banco Mundial
Marcello Estevão, Director global, Práctica Global de Macroeconomía, Comercio e Inversión, Banco Mundial
Luis Felipe López-Calva, Director global, Práctica Global de Reducción de la Pobreza y Promoción de la Equidad
Arturo Herrera Gutiérrez, Director global, Práctica Mundial sobre Gobernanza del Banco Mundial

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