Formación por competencias, modelo de enseñanza para estudiantes de educación superior

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Bogotá, Colombia, 23 de junio de 2020.- Formar estudiantes de educación superior sobre la base de aprendizajes repetitivos ya no es suficiente para que puedan enfrentarse a las necesidades del mercado laboral. Es importante que los egresados puedan adaptarse a los distintos perfiles profesionales que pueda demandar la sociedad cambiante, pues las empresas buscan incorporar personas que, además de ser expertas en una disciplina, tengan capacidades transversales de comunicación, liderazgo y resiliencia, y que sepan realizar una tarea en diferentes contextos.

«El desarrollo de competencias tiene un gran impacto en la incorporación de los egresados en el mercado laboral, pues tradicionalmente, las universidades titulaban egresados que sabían y acumulaban un gran volumen de conocimiento y eso les permitía posicionarse en el mundo laboral; sin embargo, a partir del momento en el que la educación superior deja de ser algo reducido y muchas más personas acceden a ella, esa amplitud de personas expertas permitió que el mercado laboral afinara su elección y demandara que los profesionales aportaran algo más que esa acumulación de conocimiento.

En ese sentido, el desarrollo de competencias en universidades permite que el egresado pueda aportar, además de su saber, un saber hacer, es decir, la capacidad de usar esos conocimientos para aplicarlos en la resolución de problemas en su quehacer diario», afirma Toni Martínez Aceituno, director de Procesos de Aprendizaje del eLearn Center de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Durante el cuarto encuentro digital entre la UOC, la Pontificia Universidad Católica del Perú (Pucp) y el Observatorio de Innovación Educativa del Tecnológico de Monterrey, expertos de las universidades analizaron los desafíos a los que se enfrentan las instituciones de educación superior en la implementación del modelo educativo por competencias y el uso de rúbricas de evaluación de cara al mercado laboral, pues entre las competencias disciplinares, profesionales y transversales —que son necesarias para el perfil de egreso del estudiantado y para el desarrollo personal de la ciudadanía y su formación—, están la conciencia propia, el plan de desarrollo vital, el emprendimiento, el impacto positivo en la comunidad o la inteligencia social.

La adaptación del aprendizaje basado en competencias, así como la incorporación, diseño y evaluación mediante rúbricas, será el reto que las universidades deberán afrontar, pues cada una gestionará los conocimientos y recursos a partir de los diferentes tipos de demanda del mercado. «El diseño de las asignaturas debe estar basado en competencias; a partir de ahí, el docente deberá articular qué se le propondrá al estudiante, las tareas que deberá realizar para el desarrollo de dichas competencias, los recursos que se le brindarán y el diseño de la evaluación con ayuda de rúbricas, las cuales permitirán explicar y estructurar los criterios de evaluación que se van a usar», afirma Martínez.

A partir de esto, para lograr el desarrollo de dichas competencias, los expertos destacan la figura de acompañamiento del profesorado, quien durante el proceso deberá mantener cierta distancia con el estudiante, fomentando así la autonomía. Sin embargo, también concuerdan en la necesidad de capacitar o formar al profesorado en el uso de estas rúbricas, así como en la importancia de las tecnologías de la información y las comunicaciones en dichos procesos.

«Es muy importante capacitar a los docentes para que comprendan que la rúbrica está al final de un proceso de diseño que parte de una comprensión adecuada de las competencias, las cuales pueden ser construidas por un equipo de docentes, mediante el uso de las TIC para su reaprovechamiento y aplicación final, pues las tecnologías permiten la aplicación eficiente en cuanto a coste de tiempo», puntualiza Martínez.

Para lograr que este modelo educativo sea eficiente y se logre el cambio de enfoque, es necesario el apoyo institucional, de manera que, además de realizar el diseño basado en competencias, se pueda llevar a la práctica e implementar, evaluando los logros y el desempeño de los estudiantes. «La clave es que ese desarrollo por competencias sea parte de la estrategia institucional, pues de esta manera toda la institución podrá alinearse, sabe el qué y el porqué; tenemos que hacer que los docentes participen en el cambio y tengan claro qué tienen que hacer.

También es importante que los estudiantes conozcan el modelo, ya que pasarán de desempeñar un papel pasivo a uno activo, en el que se fomentará la autonomía, y debemos explicar qué cambio se requerirá que hagan», concluye el experto.

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