El poder de las mujeres negras

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Paula Moreno*

Bogotá, Colombia, 25 de julio de 2020.- Para las comunidades étnicas y la mayoría de las comunidades excluidas, el actual confinamiento no es el primero y existen otras pandemias que han marcado su existencia. La pobreza y el desplazamiento forzado son evidencia de ello. En el marco del Covid-19, hemos reconocido que el racismo estructural es uno de los grandes desafíos en la agenda global al mismo nivel de la crisis climática y la violencia contra las mujeres, niñas y niños. Cada uno de estos temas tiene a la desigualdad como determinante y las comunidades afrodescendientes están en el centro.

Cuando miramos el punto de partida, la esclavización, podemos dimensionar, a pesar de las complejidades, nuestra conquista de espacios en la sociedad que le permite a mujeres afrodescendientes como yo escribir hoy para una de las principales instituciones del multilateralismo en el mundo.

Sin embargo, el momento actual es desafiante porque son precisamente la mayoría de esas mujeres negras, las que representan la mayoría de la economía del cuidado y la informalidad, las que tienen que desafiar no solo el virus sino el hambre, las que están sembrando en sus patios, turnándose para cuidar a los niños e incluso salir a la calle a pesar de los riesgos. Nunca ha sido fácil para nosotras.

Ser la primera en nuestro caso
He tenido que ser la primera en muchas cosas, como bien dice nuestro querido productor, actor y activista Lázaro Ramos en su libro Na Mihna Pele (En mi piel) ser el primero en nuestro caso, es más un símbolo de frustración que de orgullo, “la excepción confirma la regla”. Fui la primera ministra afrodescendiente y la más joven en la historia de Colombia en 2007, en ese momento también Gilberto Gil era el primero en Brasil, después llegó Antonio Preciado en Ecuador, Susana Baca en Perú y así. Más de 10 años después tenemos dos ministras afrodescendientes en Colombia, pero ¿qué significa esto en impacto e incidencia?

Eso está por medirse, pues no es solo tener el poder sino cómo se traduce en acciones medibles de avance hacia la equidad racial. He sido la primera afrolatina en ser miembro de la Junta Directiva de la Fundación Ford, la primera coordinadora étnica de una de las grandes agencias de cooperación del país, la primera profesora y asesora de varios programas de universidades de élite, la primera becaria de varios fondos de becas. La primera en consejos superiores y asesores de compañías, universidades y hace dos años cuando publiqué con Penguin Random House Colombia mis memorias tituladas, El Poder de lo Invisible, me di cuenta de que era la primera mujer negra colombiana en publicar en una editorial líder a nivel global.

Mujeres junco
Dos escritores de Guadalupe (Daniel Maximin y Marise Condé) hacen referencia a las mujeres junco, esas mujeres que resisten las complejidades de la existencia doblándose como tallos al viento, pero sin llegar a partirse por más que este arrecie. Esas somos las mujeres negras en Las Américas, mujeres junco, mujeres con una capacidad de superación a pesar de los múltiples desafíos como las violencias, la pobreza, la falta de representatividad y representación en la mayoría de los sectores en la sociedad, donde seguimos siendo muchas veces las primeras y en general las únicas.

En el Poder de lo Invisible, que escribí por más de una década, narro nuestro avance de la invisibilidad y exclusión sistémica, a una visibilidad fruto de una cadena de esfuerzo que muestra lo mejor de la herencia africana que vive en nosotros. Ese avance lo planteo analizando las historias de las mujeres que marcaron mi vida, mi mamá, mi abuela, mis tías, mis primas, la vendedora de la plaza de mercado que decide que sus hijas estudien (así en el pueblo no estuviera disponible la secundaria para mujeres), las hijas que estudian y se ayudan la una a la otra a ser profesionales y a avanzar, la otra que tiene una hija (yo) como madre soltera y la apoya en todos sus sueños desde irse a estudiar al exterior o ser ministra.

Hemos hecho frente a muchos fenómenos complejos y seguimos avanzando. Como me lo decía mi abuela, si bien tenemos derecho a llorar, aún con lágrimas no nos hemos sentado ni parado un minuto de trabajar para desafiar la esperanza en nuestra comunidad y el país, una y otra vez.

Ganando espacios
Nos falta mucho por conquistar, somos invisibles aún en muchos espacios, pero en las últimas décadas, como nunca en la historia, la gente negra en Colombia ha tenido acceso a becas y procesos de formación a nivel nacional e internacional de la mejor calidad, como las MLK Jr. con la Embajada de Estados Unidos, las becas Fullbright para afrodescendientes e indígenas, y hace 10 años desde Manos Visibles.

Todo esto suma casi 5,000 personas, sin contar otros espacios que se han abierto desde el gobierno o iniciativas internacionales. Hoy todos esos profesionales afrodescendientes altamente cualificados, son directores de centros de investigación, asesores o directores en ministerios o empresas. Todos necesitamos participar de forma igualitaria en los diferentes niveles de incidencia y poder.

No cabe duda que es un avance que en las grandes esferas de decisión del país, ya comience a ser casi obligatorio tener representatividad de los casi 10 millones de hombres y mujeres negras que también son colombianos y que son cruciales no solo para votar, sino para gobernar. Entonces, se van generando disrupciones. No es suficiente, pero hemos avanzado en ganar espacios, en particular las mujeres negras. Sin duda, las mujeres negras en la academia, en los medios, en los sectores público y privado, lideran la agenda. La gran pregunta que queda es si eso se ha traducido en un bienestar integral a la escala que lo necesitamos.

Vamos por más
Hay una masa crítica que sigue avanzando y ganando espacios, hemos aprendido, nos hemos fortalecido y cada vez hay más procesos de mujeres que merecen todo nuestro reconocimiento. Menciono algunas organizaciones como el Colectivo Wiwas, Las Chontudas, Bámbara, Afrolove, Mujeres Tejedoras de Mampuján, las asociaciones de mujeres campesinas que en el marco del Covid-19 nos están dando el alimento ante el hambre y todo ese grupo de mujeres negras que desde el emprendimiento están generando transformaciones. Algunas otras iniciativas son:

• Las Innovation Girls, un movimiento de más de 100 jovencitas que desde la Escuela de Robótica del Chocó tienen toda una apuesta de ciencia y tecnología para la transformación;
• Cimarrona producciones y su apuesta por crear una base de mujeres negras que narren nuestras historias desde la industria audiovisual;
• Corporación Flor Purpura y toda su apuesta por el autocuidado de las mujeres negras;
• Las Mariposas de Amor, un grupo de mujeres promoviendo la lectura y el empoderamiento de niñas afrodescendientes en los barrios más violentos del Pacífico.

Mucha solidaridad, muchas manos, mucha esperanza en medio de la dificultad. Y así hay muchos procesos, sin nombrar las decanas en este movimiento como la Red de Mujeres Chocoanas y el Sindicato de Trabajadoras Domésticas Afrocolombianas. Hace unos años hablábamos de más de 500 organizaciones activas y fortalecidas de mujeres negras, hoy creo que son más de 1,000 y además visibles a través de las redes sociales.

Así hoy, Día de la Mujer Afrodescendiente en Las Américas les rindo tributo a todas esas mujeres negras de la base, las campesinas, las cuidadoras, las trabajadoras domésticas, las vendedoras ambulantes que ayer y hoy, nos permiten a mujeres como yo seguir avanzando paradas en sus hombros y redoblando los esfuerzos para que la equidad racial sea una realidad aún lejana, pero, sin duda, más cercana. Con Covid-19 o sin él, seguiremos procurando vivir más que sobrevivir, nunca ha sido fácil para nosotras y vamos por más.

* Ex ministra de cultura de Colombia y fundadora de Manos Visibles.

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