Congreso Cdmx recuerda 90 años de autonomía de Unam

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Ciudad de México, 26 de julio de 2019.- Hoy, la Comisión de Educación del Congreso de la Ciudad de México recordó los 90 años de autonomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), al destacar que la publicación en el Diario Oficial de la Federación de la Ley Orgánica que dotaba de autonomía a la Unam, un viernes 26 de julio, y en este recinto parlamentario de Donceles, está grabado con letras doradas el nombre de la Máxima Casa de Estudios de México, que ha pasado por diversos movimientos estudiantiles.

Por la Unam han transitado líderes, científicos; alberga además arte, ciencia, estudios, proyectos. Por eso debemos sentimos orgullosa de ser mexicanos y tener esta Universidad, inscrita en la lista de Patrimonio Mundial de la Unesco.

Hablar de la Universidad Nacional Autónoma de México es referirse a una de las mejores universidades de Iberoamérica y a la institución pública con el segundo mayor prestigio entre la comunidad académica internacional en América Latina.

El nombre de la Unam se ha inscrito en diversos Muros de Honor. En el año 2010, en la Secretaría de Educación Pública se develó el emblema y el nombre de la Máxima Casa de Estudios en letras de oro. Esta institución tiene dos legados en esa dependencia: las letras de oro y el escritorio de José Vasconcelos, noveno rector de la Unam y también secretario de Educación Pública (SEP).

En 2003, el nombre de la Unam fue inscrito en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados, en San Lázaro. Y en el año 2006 se hizo en el salón de sesiones de la entonces Asamblea Legislativa, hoy Congreso de la Ciudad de México. El 26 de julio de 1929, se publicó la Ley Orgánica que da autonomía a la Universidad Nacional Autónoma de México, durante el gobierno del presidente Emilio Portes Gil.

La autonomía es un atributo jurídico que ayuda a cumplir los fines de educar, investigar y extender la cultura, decidir la estructura y forma de su gobierno; determinar la orientación y el contenido de sus planes y programas de estudio e investigación.

También ayuda a fijar las condiciones de ingreso, promoción y permanencia de su personal académico y para administrar su patrimonio. Implica no estar adscrita a ninguno de los Poderes de la Unión y al margen de los partidos políticos.

Línea histórica de la Unam
Para conmemorar los 90 años de autonomía, la Gaceta de la Unam difundió una línea histórica que va desde el surgimiento de la flama por la autonomía, la lucha por una universidad libre, el proyecto de una verdadera autonomía y la hostilidad política que sufrió la Máxima Casa de Estudios, pues se obligaba a la Escuela Nacional Preparatoria a la instrucción castrense; el nacimiento del primer proyecto de autonomía y los obstáculos.

“El propósito de esta recopilación servirá a las nuevas generaciones para entender mejor la lucha de ideas que se dio a lo largo de decenios y la ruta inicial para lograr una autonomía que cumple 90 años y la define como Universidad de la Nación”, indica el suplemento especial en el número 1.

En sus páginas se da cuenta de hechos históricos en la vida universitaria. En el año 1867 la Ley Educativa proclamaba la fe; fue en noviembre del año 1869 cuando se establece una preparatoria única y se suprimen del plan de estudios la metafísica y el derecho eclesiástico.

Durante los meses de abril y mayo de 1875, al finalizar el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, y a un año de distancia de la llegada de Porfirio Díaz a la Presidencia de la República, ocurre en la capital el primer conflicto estudiantil. Se concibió y planeó por jóvenes estudiantes, así surge el primer intento serio en favor de la autonomía universitaria, bajo la denominación de la “Universidad Libre”.

La mayoría de las obras que tratan sobre la historia de la Universidad hacen hincapié en el proyecto de ley de creación de la Universidad, que Justo Sierra presentó al Congreso en calidad de diputado federal en 1881.

En aquel año hubo dos proyectos. El primero fue presentado ante una comisión especializada el 11 de febrero del mismo año, según citan algunos autores; aunque de acuerdo con el estudio de O’Gorman, Justo Sierra publicó este proyecto por primera vez en el periódico que él mismo dirigía: La Libertad.

El segundo proyecto se presentó al Congreso con el apoyo de las diputaciones de los estados de Veracruz, Aguascalientes, Jalisco y Puebla, tiene fecha del 7 de abril de 1881. Sin embargo, las comisiones no rindieron dictamen y el asunto quedó en suspenso hasta la nueva promoción en 1910.

En una de las muchas ocasiones en que Justo Sierra tuvo que defender la idea de la nueva universidad, afirmó: «Para realizar los elevados fines de la nueva institución, el proyecto de ley relativo la establece como institución de Estado, pero con elementos tales que le permitan desenvolver por sí misma sus funciones dotándola de considerable autonomía». La idea era permitirle a la universidad el organizarse por sí misma.

Cuando, en 1910, Justo Sierra organizó la Universidad Nacional de México, ésta era una necesidad de civilización para el país. Las condiciones de la vida intelectual mexicana exigían un centro de coordinación, de difusión y de perfeccionamiento: no más capillas, no más labor aislada y secreta, ajena por igual al estímulo y a la censura, no más desconocimiento de valores, no más olvido inconsulto de las tradiciones, no más desorientación.

Dos influencias combinadas formaron la Universidad de México: la francesa, representada por Justo Sierra, y la alemana, personificada por Ezequiel A. Chávez. Entre los propósitos con que nació la Universidad Nacional de México –y que constan en su Ley Constitutiva- se hallaba la extensión Universitaria.

El Centro, un barrio estudiantil
Los estudiantes inscritos en la Escuela Nacional Preparatoria o en alguna de las escuelas y facultades pasaban gran parte de su tiempo en la zona de la Plaza de Santo Domingo (en las calles de San Ildefonso, Argentina, Brasil y Tacuba), ubicada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, pues ahí estaban los planteles. Ese era el barrio estudiantil. Asistían a cafés, cantinas y librerías.

Eran pocas las mujeres que estudiaban una carrera universitaria. En el año 1924, en la Escuela Nacional de Jurisprudencia estaban inscritas dos mujeres. Los estudiantes organizaban comidas y bailes. Uno muy representativo era para elegir a la reina de los estudiantes, en este evento llegó a asistir el rector, en turno.

De acuerdo con la XVI edición del QS World University Rankings, la Unam se colocó en el segundo lugar de las mejores casas de estudio (de carácter público) de América Latina, sólo es superada por la Universidad de Buenos Aires.

Unam, cuna de destacados mexicanos
La Ciudad Universitaria, al sur de la capital, es el máximo campus de la Unam. Fue inaugurado en 1952, al término del gobierno del presidente Miguel Alemán. Desde 2007, “CU” es patrimonio cultural de la humanidad. En su proyecto participaron algunos de los arquitectos y estudiantes de arquitectura más destacados de la época y algunos de sus edificios tienen murales de Juan O’Gorman, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

La Unam ha sido cuna de destacados alumnos o profesores. Ahí realizaron sus estudios varios presidentes de la República. También fue la escuela de Alfonso García Robles, premio Nobel de la Paz; Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, y de Mario Molina, premio Nobel de Química.

Otros egresados de la UNAM son Francisco Gonzalo Bolívar Zapata, Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica; Luis Ernesto Miramontes, inventor del primer anticonceptivo oral; Rodolfo Neri Vela, primer astronauta mexicano y el segundo latinoamericano; Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco y Elena Poniatowska premios Cervantes de Literatura en Lengua Española, y Alfonso Cuarón, director de cine, entre muchos más.

Todo festejo universitario cierra con el “Goya”. Esta palabra comenzó a pronunciarse en las porras universitarias en los años 40 del siglo pasado. Cuando los estudiantes de la preparatoria (que se hallaba en la zona del centro de la ciudad) se querían ir de pinta, una de sus actividades favoritas era el cine, y se trataba del cine Goya. Entonces gritaban «Goya». La expresión de Cachún-Cachún era en alusión a cuando alguna mujer accedía a acompañar a los varones, pues la palabra es una deformación de «cachondez».

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