Liberación femenina

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Junio del 75, en México, no te asombres,
se juntaron mil señoras para hablar mal de los hombres.
Fue conferencia mundial, tal como debe de ser,
del Año Internacional que celebra la mujer.
Vinieron de todo el mundo y proclamaron que es gacho
que haya mujeres sin rumbo que sigan queriendo al macho.
Lesbianismo, poligamia, aborto y prostitución
fueron tratados pidiendo no más legalización.
Como eran damas decentes sólo ellas son liberadas
y a mis paisanas, de plano, nunca les dieron entrada.
Así dejaron muy frías a mujeres guerrilleras,
costureras y marías, asaltantes y placeras.
Año del 75 muy presente tengo yo
con un Congreso en mi tierra, la mujer se liberó.
Liberación absoluta es meta de la mujer,
pero aquello de que hablamos
que no lo dejen de hacer, aunque sea sin amor.
(Fragmento de la parodia política: “Liberación femenina”, del cantautor folclorista mexicano Oscar Chávez).



El próximo miércoles (8 de marzo) se celebra el Día Internacional de la Mujer. En todo el mundo habrá reuniones, festejos, mítines y concentraciones para exigir igualdad de género. También, por supuesto, grandes comelitones, sean desayunos o comidas en buenos restaurantes, para que las asistentes luzcan sus mejores galas y disfruten exquisitos platillos.

No faltarán las demandas y arengas de reivindicación social, política y económica para la mujeres. Excelsos discursos y frases rimbombantes se escucharán de labios de las dirigentes de grupos femenistas y de algunos próceres de la igualdad de género. Algunas exigirán “estirar más la liga”; otras, agradecerán los logros obtenidos en beneficios del género femenino. Habrá de todo.

Pero, téngalo por seguro, al igual que lo cantara Oscar Chávez, ahí no estarán presentes ni placeras ni marías. Placeras es un término general que designa a mujeres que en los días de plaza en los pueblos de todo el mundo acuden a vender alimentos, enseres domésticos o de belleza, como parte de su economía doméstica. Las marías es un gentilicio que en México hace referencia a mujeres de ascendencia étnica que, al igual que las placeras, venden alimentos tradicionales o productos artesanales, igual para llevar el sustento a sus hogares.

Ellas, desde luego, no estarán en esos festivales y, si acaso, si se presentaran algunos casos, serán sólo como parte del escenario, nunca como parte integrante de los presídiums y, mucho menos, como prototipos de la mujer liberada; por el contrario, podrían ser objeto de liberación, todavía.

Ni placeras ni marías tendrán presencia en esos escenario propios para las fotos de los medios informativos y para los ahora populares selfies, muestras de lo que antaño eran crónicas político-informativas de los grandes medios de comunicación y publirreportajes de las revista de corazón.

Ese mismo olvido lo tendrán los millones de mujeres que, diariamente, recorren varios kilómetros de sus hogares a sus centros laborales para cumplir con su jornada diaria. Algunas, en el caso de la Ciudad de México, ocupan hasta 2 o 3 horas de traslado en los sistemas de transportación masiva. Lo hacen de ida y vuelta, a grado tal que su casa se convierte en sólo dormitorio. El fin de semana lo ocupan en labores domésticas y tienen que estirar las hora para terminar las labores que no pudieron realizar durante la semana.

Las hay casadas, en unión libre, madres solteras, divorciadas, separadas o solteras. Todas medidas con el mismo rasero anterior. Para ellas, será un día común y corriente. Otro más del calendario anual.




Han pasado cuatro décadas que Oscar Chávez cantó, por primera vez, su parodia política “Liberación femenina”.

Las mujeres han ganado muchos espacios en la vida social, económica y política, aunque en política no siempre en buena lid contra su contraparte masculino, sino más bien como una concesión con todos sus clarooscuros que tiene. Uno de ellos, y sólo como botón de muestra, lleno de surrealismo de la política mexicana fue el caso de las “Juanitas”, pasaje protagonizado por Andrés Manuel López Obrador, Rafael Acosta (autonombrado Juanito) y Clara Brugada, mediante el cual Rafael Acosta hizo campaña en la Delegación Política Iztapalapa, la más importante en cuanto a número de electores y, en consecuencia, de mayor reparto de prebendas económicas, de la Ciudad de México, como candidato a delegado bajo el compromiso de que, al ganar, renunciaría para dejarle el puesto de elección popular a Clara Brugada, una de las predilectas de López Obrador.

Así fue en la realidad. Juanito ganó la elección y, a exigencias de López Obrador, renunció para darle el lugar a Brugada, quien había sido vetada como candidata por su partido (mismo de López Obrador), el PRD. De ahí surgió ese oportunismo político electoral de las llamadas juanitas que, luego popularizaron el PRI, Pvem, PRD y hasta el PAN.

Es en los medios empresariales, académicos, deportivos, culturales y de los espectáculos donde la mujer ha tenido sus mayores éxito en esta lucha por la igualdad de género. Actualmente, en el ámbito empresarial se encuentran mujeres en las gerencias y direcciones generales. Algo similar acontece en el rubro académico.

Lo mismo destacan en justas deportivas, culturales y espectáculos en cualesquiera de estas manifestaciones humanas. Llegan, incluso, a romper récords mundiales en los deportes y a alcanzar reconocimientos internacionales en la cultura.

Por ello, las nuevas batallas que emprenden las mujeres en el rubro de la igualdad se constriñe en obtener equidad en cuanto al salario devengado con respecto a su contraparte varonil. Aunque la lucha sigue, ellas han logrado otros beneficios que, a pesar de no ser pecuniarios, sí lo son en otros aspectos que, incluso, superan a los alcanzados por los hombre, en igualdad de circunstancias laborales.

Otra, y quizás la batalla más dura, se está dando en contra de los feminicidios, un tema que requiere de análisis más profundos. No se trata sólo de aspectos jurídico-policiacos en los que la mayoría de las manifestaciones de protesta hacen hincapié. Es algo mucho más profundo y con raíces multifactoriales.

La educación, sicología, sociología y, sobre todo, la madurez como sociedad tendrán mucho que aportar todavía a esa lucha que, a veces, cobijan, por intereses coyunturales, políticos oportunistas para desplegar banderas partidistas.

Un punto igualmente discutible es la participación de las organizaciones religiosas que atienden sólo el aspecto moral, cual es en esencia su visión sobre estos temas. Para la tradición religiosa occidental, es teocrática, porque el creador de la vida y la redención del ser humano tiene un sólo prototipo: el hombre; la mujer, en esta visión, juega un papel coadyuvante, únicamente.

“Debiera haber obispas” fue una obra de teatro (el argumento tiene que ver con el celibato eclesiástico, pero su exposición abarca también el papel de la mujer en la iglesia), del dramaturgo mexicano Rafael Solana, donde expone parte de esa visión. De hecho, en la jerarquía Iglesia Católica no existen obispas, ni arzobispas, ni cardenales femeninas; mucho menos papisa. Históricamente, al parecer, sí hubo alguna de estas últimas, aunque nunca fue reconocida en forma oficial. Igual sucede con las iglesias cristianas. Sus creadores siempre han sido hombre y los principales protagonistas en estas iglesias son, en su inmensa mayoría, pastores. Tal vez, existan algunas pastoras, pero son casos de excepción, no regla general.

Esto da una visión masculina de las religiones occidentales. Las precolombinas no fueron distintas, Incluso, las orientales están matizadas por ese tipo de patriarcados.

De cualquier manera, las opiniones de las organizaciones religiosas formarán parte del andamiaje que lleve a una mayor equidad de género, en todos los ámbitos del desarrollo futuro y a una madurez social en el quehacer humano.

A poco más de 40 años de “Liberación femenina”, Oscar Chávez sigue componiendo y cantando más parodias políticas; la lucha femenina tiene otras banderas que despliegan en sus manifestaciones y las mujeres conquistan más espacios en todos los órdenes de la vida, pero las placeras y marías siguen sin redención todavía y continúan siendo sólo parte de la escenografía de los políticos (aquí sí, políticos y políticas) y cuando mucho su presencia en altos masivos de campaña sirven para los “baños de pueblo” de esos supuestos liberadores.

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