Carlos Felipe Jaramillo*

Washington, D. C., 4 de octubre de2020.- América Latina es la región del mundo más afectada por la pandemia de covid-19, con un impacto de salud tan fuerte como en los países avanzados, pero sin medios comparables para mitigar sus efectos sobre la actividad económica y el empleo. Es un escenario complejo, doloroso, en el que millones de personas padecen a diario las dificultades que atraviesa la región y sus consecuencias devastadoras sobre el mundo del trabajo.

Los trabajadores informales han sido los más golpeados: si por las cuarentenas no pueden salir, no pueden generar ingresos para sus familias, y como no están cubiertos por seguros de desempleo y otros programas sociales, es difícil ayudarlos. Los empleos formales han resistido mejor hasta ahora, pero es posible que se vean fuertemente impactados en los meses que vienen, a medida que los problemas de liquidez de las empresas dificulten su solvencia y muchas deban cerrar.

Sin embargo, no se puede esperar resolver estos problemas volviendo al pasado. El informe del Banco Mundial Efecto viral: La covid-19 y la transformación acelerada del empleo en América Latina y el Caribe, presentado el mes pasado, muestra que, en la región, el empleo en el sector industrial se estancó en niveles inferiores a los de las economías avanzadas y los países emergentes del Este asiático. Evidencia también que la mayor parte del empleo se encuentra en los servicios, un sector típicamente más informal y con una mayor participación del autoempleo. La transformación tecnológica amplifica estas tendencias. En medio de la pandemia, la necesidad de adoptar plataformas digitales que reducen la interacción social está ampliando la brecha entre los que pueden teletrabajar y los que no.

La creación de más y mejores empleos es vital para la región. Será crucial invertir para crear el capital humano necesario para los empleos del futuro, menos rutinarios y simples. La educación y los programas de formación profesional abren oportunidades y esa llave debe estar al alcance de todos. Los países de América Latina y el Caribe deben esforzarse para aumentar el valor de mercado de los estudios si quieren estar a la altura de las economías más avanzadas y deben, además, alentar los planes de capacitación y reinserción laboral para adultos.

Además de apoyar la respuesta sanitaria, la contención social y la recuperación económica en 17 países de la región en medio de la emergencia por el coronavirus, el Banco Mundial aprobó este año varios programas para la creación de capital humano, por ejemplo, en Perú, Honduras y El Salvador.

No menos importante será lograr un salto en la productividad. Para el sector agrícola de la región, el índice es, en promedio, un 20% más bajo que en Estados Unidos. Es un 40% menor en la industria y un 25% en los servicios. Mejorar la eficiencia en las tres áreas requerirá incorporar tecnología, estimular la innovación, la competencia y la calidad, eliminar distorsiones del mercado que impiden el crecimiento de las empresas más productivas, remover barreras comerciales y avanzar en acuerdos internacionales que faciliten los intercambios. El potencial de la región es enorme, pero solo se materializará si aplicamos las políticas correctas.

El informe enfatiza, además, la necesidad de repensar las reglamentaciones laborales, de manera que estimulen la creación de puestos de trabajo y fomenten la formalización laboral. Es necesario expandir el empleo, pero de tal modo que los beneficios de la protección social abarquen a segmentos más amplios de la población. Los gobiernos también pueden mejorar el clima de negocios para atraer inversiones y desarrollar la infraestructura de comunicaciones, transporte y logística para impulsar el crecimiento de las empresas. El Banco Mundial va a ayudar a poner en marcha estas transformaciones tan necesarias.

Más aún, los trabajos del futuro posiblemente estarán condicionados por avances tecnológicos ligados a la llamada cuarta revolución industrial. No sabemos todavía cómo impactarán en el mercado laboral innovaciones como la inteligencia artificial, el Internet de las cosas y las impresiones 3D. Históricamente, pese a los temores iniciales que pudieran desatar, las nuevas tecnologías han apoyado la creación de más empleo, una mayor productividad y una mejor calidad de vida. La región tiene la oportunidad de colocarse a la vanguardia de esta revolución y cosechar sus beneficios.

Uno de los mayores desafíos que enfrenta Latinoamérica -quizá el mayor- es crear nuevas fuentes de trabajo en el entorno de los cambios sectoriales y de la evolución tecnológica que nos toca vivir. Los gigantescos costos económicos y sociales de la pandemia han acelerado la transformación del mercado laboral y vuelven este desafío más urgente. Pero ese camino de inclusión a través del empleo es ineludible si queremos sociedades más equitativas. Esa será la medida del éxito.

* Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe

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