Una isla de plástico flota en el Mar Caribe

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Tahseen Sayed,
Country director for Caribbean Countries,
Latin America and Caribbean.
Karin Kemper,
Senior director, Environment and
Natural Resources Global Practice

Comencemos con lo positivo. En un esfuerzo por combatir la contaminación marina, 14 países caribeños —un tercio de los pequeños estados insulares de la región— prohibieron los plásticos desechables y la espuma de poliestireno. Esto es un primer paso importante, especialmente ahora que el Caribe avanza hacia una Economía Azul, mejorando el crecimiento mientras se asegura que los recursos marinos son gestionados y utilizados de forma sostenible.

Hace apenas unas décadas, el Caribe y sus playas eran vírgenes. Hoy en día, son cientos de miles las toneladas de plástico que cada año quedan sin recoger en las islas caribeñas, mientras grandes olas de desechos plásticos llegan a sus costas, sobre todo, luego de una tormenta severa.

En nuestros viajes, hemos observado cómo los pequeños estados insulares están cada vez más presionados: poblaciones que crecen, desarrollo costero sin gestionar, cambio climático que se acelera, más presencia de embarcaciones y una carencia de recolección y gestión de residuos de larga data. Juntas, estas presiones sobre la salud oceánica amenazan a millones de personas que dependen de los mares para su alimento, trabajo y medio de vida, sin mencionar los 57,000 millones de dólares en ingresos que el turismo costero trae a la región cada año.

Ecosistemas enteros, además de los recursos naturales de los que dependen estos países, están amenazados por la contaminación marina, que incluye plásticos, aguas residuales, escorrentía agropecuaria, gas y petróleo. El Caribe es particularmente vulnerable al impacto de la contaminación sobre la salud, como los virus transmitidos por los mosquitos que se reproducen en los residuos. De hecho, la basura representa entre el 7 y el 15 % del hábitat de reproducción de los mosquitos que transmiten los virus del dengue, chikunguña y zika en América Latina y el Caribe.

Un informe del Banco Mundial de reciente publicación, La contaminación marina en el Caribe: ni un minuto que perder, resalta el gran impacto socioeconómico, sanitario y ecológico de los contaminantes marinos y propone soluciones para la transición hacia una economía azul.

El mar Caribe es el sustento de 37 economías diferentes, algunas de las más dependientes del turismo a nivel mundial. Los turistas acuden en masa a la región gracias a la belleza, la biodiversidad y los ricos ecosistemas marinos que ahora se encuentran amenazados. Los arrecifes de coral, las playas y los manglares son cruciales para la sostenibilidad de muchas actividades económicas, los puestos de trabajo y el crecimiento inclusivo. Sin embargo, la salud general del océano es cada vez más vulnerable a las actividades humanas, así como al cambio climático. Los datos muestran que los sistemas oceánicos y marinos están siendo degradados por la contaminación marina, la acidificación y la creciente temperatura del mar. La degradación de los arrecifes de coral representa otra grave amenaza al capital natural del Caribe, con pérdidas anuales estimadas entre 350 millones y 870 millones de dólares.

Queda claro que enfrentar la contaminación marina es una prioridad ambiental, económica y social. La mayoría de las personas en los pequeños estados insulares en desarrollo vive a 10 km del océano y la contaminación marina representa una amenaza significativa para el desarrollo de la región y la calidad de vida de sus habitantes.

Este informe propone un plan de acción de 12 puntos para enfrentar las graves consecuencias de la contaminación marina en los pequeños estados insulares, naciones muy expuestas y vulnerables a esta amenaza. Estas recomendaciones están alineadas con las leyes y acuerdos regionales e internacionales. La prevención y el control de la contaminación marina deben ser una prioridad absoluta para cada país del Caribe y deben estar alineados con un planeamiento más amplio en términos de turismo, agricultura, desarrollo costero, entre otros sectores.

El informe llama a una acción colectiva para promulgar y hacer cumplir leyes que reduzcan la contaminación marina, prioricen las inversiones en gestión de residuos, eduquen y generen conciencia sobre la importancia de la calidad del agua y las inversiones estratégicas en control de residuos.

Reducir la contaminación marina apoyará el crecimiento económico, así como una mejora en la calidad de vida y de la salud para los isleños y los turistas que hospedan.

Las soluciones están en nuestras manos y son cruciales para la creación de una Economía Azul resiliente que dé cabida a una mejor gestión de los recursos marinos a la vez que fomenta el crecimiento en la región. Los gobiernos caribeños se comprometieron a generar un próspero legado azul para las generaciones futuras.

¡No hay ni un minuto que perder!

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