Los daños de la industria de la moda al medio ambiente y cómo cubrirlos

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Mathías da Silva / IJNet

Washington, D. C., 26 de marzo de 2022.- Un factor relevante dentro de la moda y la industria formada a su entorno es el rápido cambio de tendencias y gustos para mantener el andamiaje de producción y renovación de vestuarios de los consumidores. Esto engloba el término “fast fashion”, que fue el tema de un seminario web del Foro Pamela Howard sobre Coberturas de Crisis Mundiales, donde periodistas especializados expusieron los daños ambientales que genera la industria y la necesidad de pensar nuevos paradigmas.

La periodista venezolana Amira Saim, con más de 10 años de experiencia como periodista de moda y que se desempeña como senior adaptation editor de la revista Vogue —publicación estadounidense con más de 100 años de historia— para el mercado latinoamericano, repasó algunos “números alarmantes”: Es la segunda industria con más impacto negativo en el medio ambiente, la culpable del 10% de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) a nivel global, y de las que mayor daño hace en los océanos, tanto por el consumo de agua como por los efectos en el hábitat marino por el plástico.

Es decir que contribuye de forma importante “a que se incremente la crisis climática”, al generar un “círculo vicioso” de manufactura y consumo que, en agregado, produce “2,600 toneladas de basura por segundo”. Esto último surge, porque la industria de la moda se basa en el paradigma de producir rápido y cambiar las tendencias, pero ocurre que “mucho no se vende” y termina siendo basura, sin un sistema para reciclar o degradar.

En su visión, “las marcas tienen la capacidad de disminuir o compensar las emisiones” a raíz de su producción, así como los demás efectos en el medio ambiente. “De principio a fin la industria es dañina hoy, nos cubre la necesidad de vestirnos, pero debe cambiar su modelo. Porque también hay mucha esclavitud relacionada a la producción” de ropa.

El otro expositor fue el periodista argentino Jason Mayne, que trabaja en temas como tecnología y sustentabilidad en Canal 13, Todo Noticias, la radio Metro y otros medios, y que recientemente realizó una cobertura sobre los basurales de ropa en el desierto de Atacama, en Chile.

“No podíamos creer lo que vimos y tuvo mucho impacto. A todos nos gusta vestirnos y vernos bien, pero en simultáneo se tiran montañas de ropa al Atacama, que es el segundo vertedero más grande del mundo. Sucede en Chile, pero está relacionado con todo el mundo de la moda que, así como está, es una industria que no funciona”, manifestó.

¿La razón del vertedero? En la ciudad de Iquique funciona una zona libre de impuestos y los importadores traen contenedores de ropa “de segunda temporada o con algún defecto”, que son seleccionadas y lo que “no creen que vaya a venderse se lo tira de forma ilegal”. En el perímetro del desierto “hay más de 100 microbasurales”, señaló.

Repasó que en el lugar vio ropa sin uso y con etiquetas nuevas. Evaluó que hay una mala utilización “de recursos como el agua y el uso de hasta más de 1,800 químicos para fijar colores y que la ropa no se deshaga”, pero, además, existen “impactos sociales”, porque “hay necesidades” en materia de vestimenta en Latinoamérica y prendas desechadas “que podrían ser aprovechadas”.

“No se trata de dejar de vestirnos, sino de jaquear a la industria de la moda y cambiar el paradigma”, expresó Mayne.

Nuevas tendencias y recomendaciones
Los periodistas hablaron de distintos caminos a explorar en busca de revertir la situación. Un camino es la vía legal, con leyes específicas como en Chile, que tiene una norma de responsabilidad extendido de los productores que, desde el principio del año, incluirá a las textiles. Esto implica tener lugares donde depositar. Por ejemplo, los jeans sin uso, para así darles otro destino. En el mismo país, hay a estudio una ley de etiquetado de prendas, que plantea que, así como ocurre con los alimentos, el consumidor debe tener información sobre el uso de químicos para la producción.

Además, Mayne dio consejos para los consumidores: apoyar marcas y diseñadores locales, pensar bien antes de comprar si la prenda es necesaria, donar o monetizar la ropa en desuso. Desde el lado de las empresas, planteó que deberían “modificar sus procesos de producción” en busca de reducir los impactos ambientales.

Saim expresó que la tendencia global más importante hoy es “la circularidad”, que abarca desde “comprar ropa vintage para dar más vida” útil a las prendas, a dar “un reúso a textiles y convertirlos en otra cosa”. Otras innovaciones que mencionaron fueron la utilización de nopal y aguacate en industrias textiles, así como los avances tecnológicos para la producción de nuevos materiales.

Por último, como consejos a la hora de abordar desde el periodismo este tema, dijeron que debe contemplarse un amplio abanico de fuentes —economistas, biólogos, médicos, ecologistas y más—, así como también consultar a las marcas, con el objetivo de ver sus procesos de producción y constatar si realmente están haciendo el esfuerzo por ser sustentables.

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