Propone chapinguero terminar con Procampo y Progan en el campo mexicano

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México se ha convertido en el principal importador de maíz cuando este alimento es originario del país, y ante el fracaso del Procampo o el Progan, programas que enferman a los campesinos, porque nada más extienden la mano y cuando se busca la productiva no la hay.

Reunidos en el auditorio “Emiliano Zapata” de la Universidad Autónoma Chapingo (Uach), una universidad de estudios agropecuarios, ubicada en Texcoco, estado de México, ante productores de escasos recursos, investigadores y alumnos, el académico Pedro Ponce Javana, expuso que hasta el momento sólo se ha escuchado dar dinero a través de programas que no son productivos de ahí que la dependencia alimentaria del país haya crecido de manera exponencial, “a tal grado que México se ha convertido en el principal importador de maíz cuando este alimento es nativo de la República Mexicana”, destacó.

El Procampo (Programa de Apoyo a las actividades agrícolas) y Progran (similar esquema de apoyo a los ganaderos) son dos programas que México implementó a raíz de la firma del Tratado de Comercio con América del Norte (Tlcan) para apoyar a productores del campo con subsidios que equilibraran sus costos de producción, tal como lo hacen sus socios comerciales.

Esta demanda ya había sido propuesta por empresarios agropecuarios, bajo similares argumentos, pero fue rechazada por organismos político agrarios, cobijados bajo liderazgos de izquierda política.

Ponce Javana es subdirector de Vinculación y Servicio de la Uach, hizo un llamado a los cinco candidatos a la Presidencia de la República a que no sólo vean el campo de manera electoral y sí acepten lo que les ofrece la Institución agraria con sus programas institucionales para hacer productivos a los pequeños productores y comunidades indígenas que bien pueden ser política pública de rescate al medio rural.

Explicó que la Uach cuentan los resultados del Programa Universitario de Vinculación para Productores de Escasos Recursos denominado “Peso por Peso”, el cual opera tanto con recursos de Chapingo como de los pequeños productores para hacerlos independientes y autosuficientes.

Sin embargo, denotó que al trabajar con este programa, se detecta que en algunas regiones del país, sobre todo en comunidades indígenas, “están, de alguna manera, maleadas porque les llega el Procampo o el Progan, programas que los enferman porque nada más extienden la mano y cuando se busca la productiva no la hay”, afirmó.

Ponce Javana argumentó que si Chapingo de manera paternalista les da todo gratuito: asistencia, capacitación, investigación e infraestructura productiva, estaríamos generando una dependencia y se pierde el sentido de la producción.

De ahí que este programa debería de ser aplicado por el Gobierno Federal entrante, el que gane el proceso electoral, debería de ser una política de Estado para que esto se institucionalice.

“Yo tengo la esperanza de que con estas experiencias que hemos tenido de la dependencia alimentaria de nuestro país hacia el exterior sobre todo en productos básicos, se genere una discusión, un análisis y una propuesta de programa que se convierta en política pública para los productores más pobres del país”.

En el próximo sexenio este tipo de programas deben ser tomados en cuenta por el gobierno que quede, esta universidad está en la posibilidad de aportar lo que le corresponde, finalizó.

Juan Carlos Guzmán Salas, durante el encuentro donde se evaluaron los resultados de diez acciones del programa antes citado en su aparato “Peso por Peso”, expuso, como ejemplo, de productores de escasos recursos en la comunidad de Tlanipatla, Guerrero, en el que habitan mil 277 personas con un 98% de población indígena y donde la mayor parte se dedica al cultivo de básicos de sobrevivencia, explicó.

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