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Orinoquía, Colombi a, 22 de febrero de 2020.- María Gladys Apolinar nunca esperó tener su propia explotación agrícola a su edad. La maestra de escuela primaria de 73 años, ya jubilada, transformó un terreno heredado de su difunto esposo en un «paraíso» agrícola sostenible en el departamento del Meta, ubicado en esta región de la Orinoquía.

«Nunca pensé tampoco que a mi edad volvería a la escuela», señaló. Después de la muerte de su marido, Gladys sintió un llamado a aprovechar al máximo la tierra que le dejó. En 2016, se inscribió para participar en un proyecto que fomenta la ganadería sostenible en la región de la Orinoquía, específicamente en el departamento del Meta. La iniciativa abarca también otras cuatro ecorregiones de Colombia.

La Orinoquía es una región de 25 millones de hectáreas de sabanas y humedales en el este colombiano, que limita con Venezuela. En los últimos años, se ha registrado una conversión a gran escala del suelo para aumentar la producción de ganado, aceite de palma, cacao, caucho y arroz. Entre 1990 y 2015, más de 1 millón de hectáreas de bosques en la Orinoquía, principalmente en el departamento del Meta, fueron taladas para crear tierras de pastoreo, aumentando las emisiones de carbono derivadas de la conversión de tierras.

Además, los regímenes de precipitaciones están cambiando y los fenómenos climáticos extremos son cada vez más comunes en América Latina, poniendo en riesgo la producción agrícola. Pero un enfoque denominado agricultura silvopastoril, un método que integra los árboles, el forraje y el ganado, puede ayudar a los productores agrícolas a adaptarse a los desafíos de un clima cambiante. Los diversos beneficios de las prácticas silvopastoriles incluyen un ganado más saludable, mayor cantidad de suelos ricos en nutrientes y menores emisiones de gases de efecto invernadero.

En un momento en que la necesidad de proyectos agrícolas sostenibles en la zona es más urgente que nunca, el Gobierno colombiano, con el apoyo de la Iniciativa sobre Paisajes Forestales Sostenibles (Isfl) del Fondo del Biocarbono* del Banco Mundial, ayudará a ampliar las actividades promovidas por el Proyecto Ganadería Colombiana Sostenible en toda la región de la Orinoquía.

Y quizás no hay mejor muestra del éxito del proyecto que la finca de 7 hectáreas de Gladys, que se ha convertido en un ejemplo clarísimo de los sistemas silvopastoriles en acción. Ella ha sembrado cacao alrededor del perímetro de su terreno, y estos árboles proporcionan sombra para su ganado, pollos y conejos. Además, ha plantado setos en las inmediaciones de sus pasturas para que sirvan como una forma de «cerca viva». Y está cultivando plantas, como ranúnculo de la pradera, que proporcionan un suplemento de alto contenido proteico para sus 10 vacas cuando pastan.

Gladys rota su ganado cada tres días para que el pasto se regenere de manera natural, y esto produce un forraje más rico y un ganado mejor alimentado y más saludable. Ha aprendido también a usar el estiércol de sus animales para producir fertilizantes orgánicos. «Aquí no se desperdicia nada», aseguró. Estas prácticas rinden frutos: la producción de leche aumentó de alrededor de 1 litro por vaca en 2016 a 7 litros por vaca en 2019 gracias a este enfoque.

“La agricultura sostenible proporciona nuevas oportunidades de ingresos para los agricultores y ahora vemos que muchos se dan cuenta de que pueden producir y, al mismo tiempo, participar en la conservación. Estamos muy entusiasmados de probar e implementar el enfoque de la ganadería sostenible en otras partes de la Orinoquía con diferentes ecosistemas como las sabanas inundadas”, dijo Luz Díaz, especialista superior en Agroindustria del Banco Mundial y líder de la iniciativa. El Proyecto Ganadería Colombiana Sostenible recibe financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (Fmam) y el Gobierno del Reino Unido, y se implementa a través de una alianza formada por el Banco Mundial, la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan), el Centro para la Investigación en Sistemas Sostenibles de Producción Agropecuaria (Cipav), la ONG colombiana Fondo Acción y The Nature Conservancy.

«Visitar una granja como la de Gladys es muy inspirador, y el Banco Mundial trabaja para garantizar que este tipo de explotaciones agrícolas se conviertan en algo habitual en toda la Orinoquía», agregó Díaz.

Para Gladys, la agricultura sostenible se ha convertido en una búsqueda profundamente personal.

«Antes de que mi esposo muriera, me dijo que no quería que vendiera la tierra», recordó con la voz entrecortada. “Sé que he hecho realidad lo que él deseaba. Cumplí mi tiempo como maestra y ahora pasaré el resto de mi vida haciendo esto. Me encanta».

*La Isfl es un fondo multilateral apoyado por Gobiernos donantes —el Ministerio Federal de Medio Ambiente, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear (BMU) de Alemania; la Iniciativa Internacional sobre el Clima y los Bosques (Nicfi) de Noruega; la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude); el Departamento de Empresas, Energía y Estrategia Industrial (Beis) y el Departamento de Asuntos Ambientales, Alimentarios y Rurales (Defra) del Reino Unido, y el Departamento de Estado de los Estados Unidos (DOS)— y es administrado por el Banco Mundial.

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