El 26 de julio de 1986 inició la historia del nuevo campo mexicano. Ese año, México ingresó al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (Gatt) y, con ello, comenzó la apertura de sus puertas al comercio internacional. Más tarde, el 1 de enero se firmó el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), como paso decisivo para insertarse de lleno en el comercio global.

Atrás habían quedados los años del desarrollo estabilizador, política que México cumplió a pie juntillas, que privilegiada el comercio interno sobre cualquier otra alternativa y protegía la producción y consumo netamente mexicano.

Por esos tiempos, la balanza comercial agropecuaria de México arrojaba 4 mil millones de dólares en exportaciones de productos agroalimentarios; actualmente, al cierre del año 2017 fue de 32 mil 583, 3 mil 612 millones más que en 2016 de dólares y se espera que para el presente 2018 se llegue hasta los 35 mil millones de dólares, según datos y previsiones oficiales.

México ocupa ahora el décimo lugar como potencia exportadora de alimentos, con un superávit comercial agroalimentario en 2017 de 5 mil 411 millones de dólares, que supera en 70.40 por ciento el saldo favorable de 2016 que fue de 3 mil 175 millones de dólares, dio a conocer el secretario de Agricultura (Sagarpa), José Calzada Rovirosa, al hacer el balance del sector agroalimentario 2017.

Refirió que los productos con mayor crecimiento fueron aguacate con 2 mil 710 millones de dólares; jitomate, mil 588 millones; pimientos, 877; almendras, nueces y pistaches, 507 millones, y guayaba, mango y mangostanes, 477 millones de dólares. Las cervezas ocuparon el primer sitio en exportaciones entre enero-noviembre de 2017 con 3 mil 476 millones de dólares; el tequila y mezcal sumaron en ese lapso mil 284 millones; productos de ganadería, mil 148 millones; artículos de confitería sin cacao, 715 millones, y azúcar, 636 millones de dólares.

Las exportaciones agropecuarias mexicanas se realizan, en gran parte a Estados Unidos, pero existen otros mercados a los que llegan, actualmente, como son los integrantes de la Unión Europea, con la cual también existe también un Tratado de Libre Comercio (Tlcue); Rusia, China y se prevé que el mundo árabe sea un importante cliente mexicano, al igual que países del área latinoamericana.

En la exposición del balance citado, Calzada Rovirosa puso énfasis en las renegociaciones del Tlcan que están en marcha, actualmente, en especial una de las cláusulas que Estados Unidos ha puesto en la mesa de negociaciones, referente a incluir un apartado sobre estacionalidad de los productos del campo.

Con esto, la administración Trump parece retroceder a décadas anteriores cuando el noroeste mexicano (Nayarit, Sinaloa y Sonora) constituían una alacena alterna para los norteamericanos y que competía directamente con los estados de la Unión Americana California y Florida, que igualmente, son los grandes productos agrícolas estadounidenses.

Cuando estas entidades norteamericanas sufrían los embates de los malos tiempos y sus cosechas eran magras, el noroeste mexicano proporcionaba esos déficits agroalimentarios; por el contrario, cuando sus cosechas eran buenas, ponían diversas barreras técnicas a la comercialización de los productos mexicanos.

El extremo llegó cuando Estados Unidos creó la Iniciativa del Caribe, un programa especial al cual acudía para romper la hegemonía mexicana cuando el temporal era malo en California y la Florida.

Esto significa que ahora, mientras México se muestra como un país sumamente abierto al comercio internacional, Estados Unidos daría pasos atrás: volvería al mercado cerrado, e injusto, anterior al Tlcan.

Sin embargo, un nuevo jugador, inesperado, entró al campo de las discusiones del Tlcan: los consumidores que participan indirectamente, pero que se están haciendo oír su voz en las pláticas de este tratado comercial. “Los consumidores de Estados Unidos y de México están exigiendo la permanencia del acuerdo”, comentó Calzada Rovirosa.

La conclusión y posible signatura del tratado renovado se estima sea hasta finales del presente año, una vez que hayan pasado las elecciones federales en México, que serán el 1 de julio entrante, y las intermedias de Estados Unidos, a efectuarse en noviembre próximo.

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