Arándano, “corona roja” de los berries

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Ramiro Calderón es un joven ingeniero agrónomo que trabaja en el Valle de Zamora, Michoacán. En diciembre pasado comentaba la importancia que está tomando el cultivo de arándano en esa región que comparte esta entidad con Jalisco y Guanajuato.

El Valle de Zamora fue, tradicionalmente, productor de cereales; en años reciente inició el cultivo de fresas y compitió con Irapuato, Guanajuato, como sede fresera, ciudad del Bajío que le heredó nombre, apelativo, color de playera y hasta símbolo, al equipo de futbol local.

Ahora este valle está cambiando con inusitada rapidez al cultivo de berrries (frutillas, se les llama a nivel nacional), cuyo arándano es la “corona roja” de estas variedades de frutas que comenzaron como productos exóticos y que ahora dominan las mesas internacionales.

El arándano, junto con las moras, frambuesas, fresas y zarzamora conforman ese conjunto de frutas que en México registran un crecimiento en sus exportaciones con ventas al exterior que rondan los mil millones de dólares y crecimiento del 20 por ciento anual, según el presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Berries (Aneberries), Mario Andrade.

Esta importancia de la producción de berries la pudo constatar el secretario de Agricultura (Sagarpa), José Calzada Rovirosa, durante la gira de trabajo que realiza por Canadá, país con el que México sigue aumentando su exportación de productos agroalimentarios.

En Ottawa, Canadá, Calzada Rovirosa afirmó, tras una reunión con empresarios y agroindustriales canadienses, que “cada vez más la calidad de los productos del país, del campo, son valorados en el plano internacional, y en el caso de Canadá solicitan más cítricos, productos tropicales y berries”.

México tiene amplias oportunidades de desarrollo en este tipo de mercado, como lo ha venido haciendo en el de las berries –donde México es el cuarto productor mundial–, porque “ya aprendimos que es a través de la tecnificación e innovación como crecemos”, dijo Calzada Rovirosa.

Hasta hace escasamente una década, el arándano era un fruta desconocida para la mayoría de los mexicanos. Incluso, su nombre era difícil de memorizar, no así las fresas que la tradición popular las asocia con la fertilidad femenina, y las moras y zarzamoras que son tradicionales entre la población rural, aunque no tanto en la urbana, algo similar pasa con las frambuesas.

El arándano apareció en el mercado nacional entre las frutas exóticas que presentaba la Expo de Productos no Tradicionales, cuya primera edición se tuvo a finales de los 90s en el Wordl Trade Center de la Ciudad de México y que, hasta fecha, continúa en diversas ciudades del territorio nacional.

En esas primeras ediciones de la Expo de Productos no Tradicionales, se le ubicaba como fruta proveniente de La Florida, EU, donde, gracias a una extensa campaña de mercadotecnia que incluía beneficios (supuestos o reales) a la salud, pronto entró a los restaurantes de postín como ingrediente de diversos platillos y postres.

Ahora es un fruto que está presente tanto en anaqueles de tiendas de autoservicio y supermercados como en los de las tiendas de abarrotes de la esquina. También se puede adquirir, con un poco de suerte, en el mercado ambulante de los vendedores de semillas secas que recorren las calles de la Ciudad de México con sus productos en carretillas que utilizan los albañiles en la construcción de obras.

A los Estados, cuna del arándano: Michoacán y Jalisco, se suman en su producción Baja California, Guanajuato, Puebla y Estado de México, donde este cultivo viene desplazando al maíz, frutales y hasta al mismo aguacate, producto insignia de la exportación de frutas mexicanas.

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