La edad es un factor que determina la cantidad de horas de sueño. Los bebés deben dormir en promedio 16 horas al día, los niños y adolescentes 10 horas, los adultos alrededor de 8 horas y los adultos mayores 6, según información dada a conocer por Foro Consultivo Científico y Tecnológico (Fccyt) .

La importancia del sueño va más allá de lo que imaginamos. Pasamos buena parte de nuestra vida durmiendo, pero, actualmente, se ha vuelto más difícil conciliar el sueño.

“Hace un par de años, 30 por ciento de la población tenía insomnio; ahora ese porcentaje aumentó a 50 por ciento”, comentó Ivonne Selenne Verde Tinoco, investigadora en “Trastornos del Sueño Asociados a la Rotación de Turno” de la Clínica de Trastornos del Sueño de la UNAM.

En la conferencia Me duermo en el trabajo. Trastornos del ritmo circadiano, realizadas el 19 de marzo pasado, en el marco del Mes del Cerebro en el Museo de las Ciencias Universum de la UNAM, institución que forma parte de la Mesa Directiva del Fccyt, la investigadora compartió con los asistentes algunos de los riesgos que conlleva el no dormir bien.

Explicó que la importancia del sueño radica en que durante la noche nuestro organismo lleva a cabo cambios metabólicos que no son posibles si estamos despiertos. En el caso de los niños, el cuerpo secreta hormonas de crecimiento sin las cuales surgen problemas no sólo de crecimiento, sino de conducta.

A su vez, por la noche secretamos melatonina, hormona relacionada con la regulación del sueño, estimulación del sistema inmune y protección del sistema nervioso central. Algunas compañías farmacéuticas la promueven como un inductor del sueño y, aunque no es un fármaco dañino, siempre debe ir acompañada de otro tratamiento.

Las cifras generales indican que los bebés deben dormir un promedio de 16 horas al día, los niños (de 3 a 12 años) requieren 10 horas, al igual que los adolescentes (de 13 a 18 años), mientras que a los adultos (de 19 a 55 años de edad) se recomiendan 8 horas de sueño y los de 65 años en adelante sólo necesitan 6 horas. Sin embargo, estas cifras son generales y el mejor indicador sobre la cantidad de sueño que una persona necesita es su cuerpo.

Trastornos del sueño

Si bien se puede presentar insomnio ocasional, cuando los problemas para dormir se vuelven recurrentes, es importante buscar ayuda médica. La investigadora destacó que entre los trastornos más comunes del sueño se encuentran el insomnio, ronquidos y apnea obstructiva del sueño (la persona deja de respirar por la noche y, por ello, despierta).

El cerebro nunca descansa, ni siquiera cuando uno está dormido, y pasamos por diferentes fases durante el sueño:

  • Adormecimiento: se pasa de la vigilia al sueño.
  • Sueño ligero: aún se está atento del mundo exterior, pero comienzan a disminuir los ritmos cardiaco y respiratorio.
  • Transición al sueño profundo: dura de dos a tres minutos.
  • Sueño delta: dura un promedio de 20 minutos y ya cuesta mucho trabajo despertar.
  • Sueño de Movimientos Oculares Rápidos (MOR o REM): el cerebro se vuelve altamente activo. Es la fase en la que se sueña y de la que más trabajo cuesta despertar. Se da la consolidación de la memoria, formación de proteínas y de biomoléculas, entre otras funciones fisiológicas.

Cuando las personas despiertan a la mitad de la noche interrumpen el ciclo, y aunque lo pueden volver a iniciar, muchas veces ya no se completa ocasionando problemas de salud.

Ritmos circadianos

Los ritmos circadianos son ciclos de 24 horas y son como un reloj biológico que regula las funciones fisiológicas del organismo. Particularmente en los humanos se regulan con el llamado ciclo luz-obscuridad que explica que estamos programados para dormir en condiciones de poca luz.

“Cuando una persona presenta algún trastorno en su ritmo circadiano es más propensa a presentar problemas como irritabilidad, depresión, problemas de líbido y comorbilidades como diabetes mellitus o hipertensión arterial, entre otras. A su vez, aumenta el índice de divorcios y accidentes relacionados con las alteraciones cognitivas”, comentó la experta.

Algunas de las recomendaciones de la investigadora para fomentar un sueño sano son: tener un horario establecido para acostarse y levantarse, evitar el ejercicio antes de la hora de dormir, no consumir alcohol, cafeína o tabaco y, de preferencia, la cena debe ser ligera. En la habitación donde se duerme debe haber poca o nada de luz, buena temperatura y sin ruido.

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