Una historia en claroscuro

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“A inicios de los años veinte del siglo XX, la trabajadora social y periodista norteamericana Alma Reed (1889-1966) realizó una investigación y publicó un reportaje acerca de la condena a pena de muerte contra un niño mexicano acusado de homicidio [recluido] en una prisión de Estados Unidos de América. Su texto tuvo tal éxito que se aprobó una legislación que prohibió la pena capital a menores de edad. El gobierno mexicano agradeció el hecho invitándola a visitar tierras nacionales, por lo que acompañó en 1923 a un grupo de arqueólogos del Instituto Carnegie a tierras yucatecas, para impulsar su estudio y protección, en concreto de la zona arqueológica de Chichén Itzá.

“Derivado de su investigación, publicó un texto con el que expuso al agregado diplomático estadounidense Edward Herbert Thompson, entonces encargado del consulado de ese país en Yucatán, lo que le atrajo problemas con dicho nefasto personaje, al que descubrió como saqueador de bienes arqueológicos de los mayas, en particular al dragar el cenote sagrado de Chichén Itzá para obtener artefactos elaborados en oro, jade, y muchos más objetos del arte maya.

“En ese entonces, era gobernador de Yucatán Felipe Carrillo Puerto (1874-1924[1]), casado con Isabel Palma, y conocido por sus tendencias socialistas y rival político de Adolfo de la Huerta. De manera sobresaliente para lo cotidiano de gobernantes y gobernados, Carrillo Puerto era un político querido por los habitantes de la península.

“Derivado de sus labores, en su visita a Yucatán, Alma Reed y Felipe Carrillo Puerto fueron presentados, y los testigos afirman que desde el momento en que se conocieron surgió una gran atracción entre ambos, por lo que fomentaban las oportunidades para reunirse.

“Cuenta el poeta Luis Rosado Vega que una tarde posterior a una torrencial lluvia en época de verano, él acompañó a Alma y Felipe a caminar por las frescas calles empedradas de Mérida, y ella comentó que el aroma era delicioso, a lo que le gobernador replicó: ‘Es por que las flores se abren a su paso, señorita’, y ella volteó su cara con timidez hacia Felipe, se sonrojó y miró hacia el cielo. En ese momento, Carillo Puerto se volvió a su amigo el poeta Rosado Vega y le dijo: ‘Amigo, ahí tiene un inicio de poema. Se lo encargo’, a lo que el aludido respondió: ‘Señor gobernador, eso no es un poema; es una canción’. Y se comprometió a tenerlo en breve, en homenaje a la señorita Reed.

“Esa misma noche, Luis Rosado terminó la letra del poema y buscó a su amigo el músico Ricardo Palmerín, reconocido por sus hermosas piezas musicales de la trova yucateca. Le comentó la anécdota y le pidió de favor musicalizara sus versos.

“Unas noches después, el maestro Palmerín encontró al grupo de Alma, Felipe y Luis cenando en un restaurante del centro de Mérida; se acercó agitado y dijo: ‘Por fin lo logré. Encontré la música ideal para este poema’. Se puso al piano e interpretó por vez primera esa bella pieza musical llamada ‘Peregrina’, que ha inmortalizado y dado testimonio de un romance legendario, para consagrarse como una joya de la música mexicana.

“Al tiempo, ella regresó a Estados Unidos de América, el gobernador acrecentó sus diferencias políticas con Adolfo de la Huerta, quien se oponía a los planes de Plutarco Elías Calles y Álvaro Obregón, entonces aliados políticos de Carrillo Puerto. Éste es perseguido y con sus escasas fuerzas leales se dirige a la costa norte de la península, en espera de lo que nunca llegó: el apoyo de elementos y armamentos que vendrían de EUA, que se suponía enviarían algunos sectores de ese país, quienes los habían ofrecido.

“Ante el riesgo de muerte, el gobernador se embarcó con varios de sus hombres, entre ellos tres de sus hermanos, pero la nave hizo agua y tuvieron que regresar a tierra firme, donde fueron detenidos por las fuerzas federales, quienes los llevaron presos al poblado de Tizimín, donde fueron sujetos de juicio sumario y condenados a muerte. Al día siguiente fueron traslados a Mérida, y en la prisión de la capital de Yucatán fueron fusilados los cuatro hermanos Carrillo Puerto un amanecer de enero de 1924[2]. Al cambio de los vientos políticos, tres años después fue nombrado Prócer de Yucatán y llamado Apóstol Rojo de los mayas.

“Alma Reed continuó sus labores de asistencia social y cultural, viajando por varias partes del mundo, entre ellas Italia y Grecia, pero siempre tuvo presente su amor a México, e impulsó exposiciones de arte en particular en su lugar de residencia, Nueva York, exposiciones con obras de artistas de nuestro país en sus diversas manifestaciones, entre ellas del enorme maestro José Clemente Orozco.

“El tenor mexicano Pedro Vargas cuenta que en alguna ocasión que él viajó a Nueva York la señorita Reed le pidió le cantara ‘Peregrina’, a lo que accedió y mientras él la interpretaba, ella lloró.

“En 1950, a los 61 años de edad, Alma decide residir en la Ciudad de México, hasta su muerte en 1966, y su última voluntad fue que la cremaran, y que sus cenizas fueran depositadas en un mausoleo frente al de Felipe Carrillo Puerto, en el cementerio civil de Mérida Yucatán, donde ahora descansan, por fin, juntos.”[3]

«En 1952, el propio Luis Rosado Vega, con la modestia que le era característica, narra en el cancionero Clemens, dirigido por Rubén Peniche Díaz, la romántica historia de cómo surgió esta canción[…]: La letra fue simple consecuencia de una lluvia primaveral. Llovió copiosamente una tarde, y esta lluvia auspició una noche espléndida. [El escenario, el] Teatro, la Casa del Pueblo durante un festival. Concluido éste, nuestro inolvidable Felipe Carrillo Puerto, Alma Reed –la singular, por bella, periodista norteamericana, pero del sur de los Estados Unidos, o sea de San Francisco, California– y yo debíamos asistir a un convivio en la casa del maestro Filiberto Romero, director de la Escuela de Música. […] En el auto iba Alma sentada entre Felipe y yo. Entramos en el suburbio de San Sebastián. Con el aguacero de la tarde la tierra había abierto sus entrañas, y despedía de ella misma ese grato y sugestivo aroma de la tierra cuando acaba de ser fecundada por la lluvia. […] y Alma dilató el pecho como para absorber a pleno pulmón aquellas fragancias y dijo: ¡Qué bien huele! Le salí al paso con una frase simplemente galante: –Todo huele bien porque usted pasa. Tierra, flores, quisieran besarla y por eso llegan a usted con sus perfumes. Dijo Felipe al punto: –Eso se lo vas a decir en un verso. Contesté: –Se lo diré en una canción […] Alma rió argentinamente. Así reía. Concluido el convivio y ya en mi casa, compuse la letra. No podía olvidar a Palmerín[4]. En la mañana siguiente lo busqué y se la di. Dos días después ya había nacido la canción. Y eso fue todo.”[5]

Una bella canción nacida en un momento vergonzante en la historia mexicana.

Peregrina de ojos claros y divinos
y mejillas encendidas de arrebol;
mujercita de los labios purpurinos
y radiante cabellera como el sol.

Peregrina, que dejaste tus lugares,
los abetos y la nieve,
y la nieve virginal,
y viniste a refugiarte en mis palmares,
bajo el cielo de mi tierra,
de mi tierra tropical.

Las canoras avecillas de mis prados
por cantarte dan sus trinos, si te ven,
y las flores de nectarios perfumados
te acarician y te besan
en los labios y en la sien.

Cuando dejes
mis palmares y mi tierra[6],
peregrina
del semblante encantador,

no te olvides,
no te olvides de mi tierra,
no te olvides,
no te olvides de mi amor.

                (Para la primera Peregrina en la vida, en donde esté, un saludo pospuesto por décadas de mutismo innecesario. Que sus días sean felices.)


[1] En Felipe [Santiago] Carrillo Puerto, la Presidencia de la Republica en su blog , visitado el 30 de octubre del 2020 asienta: (1872-1924),
[2] Concretamente en el Panteón Civil de Mérida al amanecer el día 3 de enero. De 1924.
[3] Por una PEREGRINA (con amor, LALW, 17.09.20). Comunicación personal y directa con el antropólogo Luis Alberto López Wario.
[4] “Se tiene registro de alrededor de 200 canciones de Ricardo Palmerín, la mayoría de ellas llevan letra de magníficos poetas. Además del bambuco, hizo grandes boleros y también abordó otros géneros como la romanza y la danza. Precisamente a ritmo de danza compuso la canción que le dio mayor fama, “Peregrina” que tiene letra Luis Rosado Vega. Esta canción les fue encargada, en 1923, por el entonces gobernador Felipe Carrillo Puerto para dedicarla a la periodista norteamericana Alma Reed de la que Carrillo Puerto estaba profundamente enamorado. Otra famosa danza de Palmerín, que también tiene letra de Rosado Vega es Golondrinas Yucatecas, una de las piezas representativas de aquel estado de la República.” La B grande de México. Ricardo Palmerin [Pavía], el genial creador del bambuco yucateco.imer.com Visitado el 26 de octubre del 2020.
[5] Thelma Quijano Interián. Luis Rosado Vega: Poeta yucateco. La letra de Peregrina. trovadores-yucatecos.com citada en es.wikipedia.org Visitadas el 23 de septiembre del 2020.
[6] Según Enrique Martin Briceño. “Peregrina: canción para la posteridad.” lectormx.com Visitado el 23 de septiembre del 2020, en donde dice “mis palmares y mi tierra”, originalmente llevaba “mis palmares y mi sierra.” La Sierra yucateca queda en el Municipio Tizimín, en las coordenadas GPS: Longitud (dec): -87.719444, Latitud (dec): 21.197500. La localidad se encuentra a una mediana altura de 19 metros sobre el nivel del mar, La Sierra (Tizimín, Yucatán) mexico.pueblosamerica.com Visitado el 30 de octubre del 2020.

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