Un apunte

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El beso” destaca en la obra pictórica de: Gustav Klimt, Pablo Picasso, Edvard Munch, Francesco Hayes, Theóphile Alexandre Steilen… en escultura la celebérrima representación de Paolo y Francesca ―con base en la Comedia de Dante― obra de August Rodin, otra más del rumano Constantin Brancusi…

“… Al fin y al cabo ¿Qué es, señora,
un beso? Un juramento hecho de cerca,
un subrayado de color rosa
que al verbo amar añaden; un secreto
que confunde el oído con la boca;
una declaración que se confirma;
una oferta que el labio corrobora;
un instante que tiene algo de eterno
y pasa como abeja rumorosa;
una comunión sellada encima
del cáliz de una flor; sublime forma
de saborear el alma a flor de labio
y aspirar del amor todo el aroma.”[1]

Hace años ―ya bastantes― la estación radiodifusora XEW “la voz de América Latina desde México”, tras la transmisión del futbol, radiaba un conjunto de obras cortas de música ligera: Czardas, de Vittorio Monti; el Intermmezzo para Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni;  Danza de las horas en la Opera La Gioconda de Amilcare Ponchielli; Obertura para Guillermo Tell y la propia a La urraca Ladrona de Gioachino Rossini, la correspondiente a Orfeo en los Infiernos de Jacques Offenbach; obras de Chopin, algunas piezas de la guitarra flamenca de David Moreno y de compositores mexicanos: Ricardo Castro, Juventino Rosas… La boda de Luis Alonso, música de Gerónimo Giménez con libreto de Javier de Burgos y Larragoiti grabada por “Los Churumbeles de España”, mismos que grabaran de “La leyenda del beso”, el Intermezzo, zarzuela con texto de Enrique Reoyo, José Silva Aramburu y Antonio Paso, con música de Juan Vert y Reveriano Soutulio, obra considerada cercana a la Opera por su calidad y complejidad, estrenada en el Teatro Apolo de Madrid el 18 de enero de 1924, ambientada en un castillo castellano durante ese primer cuarto del siglo XX.

Dado el aire y nombre de la zarzuela, malamente asociaba el género literario al nombre propio en el acopio de los trabajos de Gustavo Adolfo Bécquer (“Leyendas y rimas”), donde queda la entrañable ficción toledana denominada “El beso” con las imágenes marmóreas de la bella Elvira de Castañeda y el desvelo de su esposo don Pedro López de Ayala distantes a la obra musical de “La leyenda…” donde preside la belleza gitana de Amapola.

(Por cierto, a un arreglo/reducción musical por Juan Carlos Calderón con letra de Luis Gómez-Escolar, el grupo español Mocedades[2] aportó, en 1982, su versión al Intermezzo con el título de “Amor de hombre”.)

Y ya entrados en la evocación de la obra de Gustavo Adolfo Bécquer, recordemos su rima XXIII:

Por una mirada, un mundo;
por una sonrisa, un cielo;
por un beso… ¡Yo no sé
qué diera por un beso![3]


[1] Edmond Rostand. (Cyrano de Bergerac). piezasdeocho.blospot.com Visitado el 19 de diciembre del 2023.

[2] Así pues, churumbel, mozo, chamaco, chamo, chavo, morro, buki… son términos denominativos de una etapa de inquietudes y frontera amplia en la vida: niño, jovencito, chiquillo, chaval…

[3] poemas.uned.es Visitado el 17 de diciembre del 2023

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