Tlahuicole

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“Y veamos que, en ciertas ceremonias, los señores de Tlaxcala fueron tratados por el rey de Tenochtitlan con más consideración que cualquier otro jefe de los países del Imperio. La conmovedora historia de Tlalhuicole, héroe de Tlaxcala, nos permite imaginar los innumerables aspectos que relaciones tan inhumanas debían aplicarse.

“General invencible del ejército tlaxcalteca, Tlalhuicole fue capturado un día por los mexicanos.[i] El respeto y la admiración que rodeaban a este hombre de guerra eran tales, que Moctezuma quiso tomarlo a su servicio. Como el tlaxcalteca se negara a servir a los enemigos de su patria, el rey le ofreció entonces la posibilidad de regresar con los suyos. Tlalhuicole rechaza la libertad y reclama el sacrificio sobre la piedra de los gladiadores reservado a los más valientes[ii]. Se nos cuenta que antes de morir, atado a la piedra y sólo con un bastón emplumado, puso fuera de combate a ocho guerreros debidamente armados. ¿Sabía este hombre intrépido que los reyes de su patria asistían a su último combate disfrazados de mexicanos y ocultos en un palco disimulado por flores? ¿Sabía que después de las ceremonias excepcionales, solemnes, que tuvieron lugar en su honor, comerían cordialmente con el emperador de Tenochtitlan y retornarían a Tlaxcala cubiertos de presentes? ¿Hubiera podido desplegar tanto heroísmo, de haberlo sabido? ¿O, seria, más bien, precisamente para poner fin a un estado de cosas que juzgaba infamante por lo que se rebeló contra la autoridad de sus jefes y se lanzó a una lucha encarnizada contra los aztecas? Esta hipótesis, más verosímil que la precedente, explicaría a la vez la actitud de Moctezuma invitándolo a entrar a su servicio y la negativa de Tlalhuicole de retornar a su patria donde hubiera sido condenado por insurrección.”[iii]

Con Laurette Séjourné el nombre es Tlalhuicole, para otras referencias es Tlahuicole, en el aporte de Rémi Simeón es: “Tlalhuicolli s. Gran guerrero de Tlaxcallan, famoso por su valor y por su fuerza hercúlea. En una guerra contra los uexoctzinca, que tenían como aliados a los mexicanos, fue hecho prisionero por las tropas de Moteuhçoma II, quien no pudo hacerle aceptar la libertad. Tlalhuicolli prefirió morir combatiendo sobre la piedra de los gladiadores. (Tor. Clav.)”[iv]

Algunos autores definen al personaje de estatura elevada y gran fuerza, para Diego Muñoz Camargo[v] era bajo y espaldudo; algunas veces aparece como de cuna noble y en otras es un afortunado guerrero, inclusive, Christopher Méndez en ¿Quién fue Tlahuicole? asienta la emasculación: “… poseía una fuerza y tamaño imponente a diferencia del resto de los pobladores, por lo que los Mexicas lo toman como prisionero para mejorar la raza que ya se encontraba en decadencia[vi]. Tlahuicole se niega a mantener relaciones con las mujeres mexicas y por esta razón Moctezuma manda a castrarlo… El escultor Manuel Vilar, crea una estatua de este personaje, rompiendo con los esquemas de la antigua escuela de bellas artes, donde ya era una aberración crear una escultura de un indígena y él rompe el esquema no sólo de elaborar una escultura de un indígena sino que además la elabora de proporciones monumentales, además de hacer notoria su mutilación colocando en los genitales una hoja de parra”.[vii]

Algunas de las fuentes consultadas afirman con gran semejanza que: “Tlahuicole nació en el año de 1497, en el seno de una distinguida familia otomí que vivía en esta región. Tuvo la misma educación que recibían los hijos de los nobles: conocimientos generales y en el arte de la guerra, estudió en el Calmecac y el Tepochcalli [¿?][viii]. En una de tantas batallas cayó prisionero de los huexotzincas en una ciénega y como trofeo se lo llevaron enjaulado de regalo a Moctezuma que estaba en México. Moctezuma le dio la libertad pero sucedió que Tlahuicole no aceptó la libertad y entonces Moctezuma lo nombró capitán, para derrotar a los purépechas. Moctezuma quería que Tlahuicole […] combatiera a las gentes de los pueblos de Tlaximaloyan, Acámbro y Tzinapecuaro, pueblos de los rumbos de Michoacán. Aunque Tlahuicole y sus hombres no pudieron ganar tierras, por lo menos llevaron a los mexicanos plata y cobre como botín de guerra.

“Tlahuicole ganó fama de atrevido, valiente y temido guerrero, en su calidad de capitán provisional de los aztecas o mexicanos. Cuando llegó a México, Moctezuma nuevamente le dio libertad para que volviera a su tierra tlaxcalteca y también le ofreció que se quedara como capitán de su ejército. No aceptó ni una cosa ni otra. No quiso quedarse como capitán azteca por no traicionar a Tlaxcala[ix], y no quiso regresar a su tierra natal porque eso significa una falta de honor, pues según la costumbre si un hombre caía preso en la guerra, tenía que vencer o morir. Y así, Tlahuicole le dijo a Moctezuma que prefería la muerte. Tlahuicole fue atado a una rueda de piedra y con gran silencio y respeto comenzó a luchar contra sus contrincantes, uno a uno. Tal era su fuerza que antes de morir mató a más de ocho hombres e hirió a más de veinte. Así terminó la vida de este joven guerrero tlaxcalteca que murió tal vez a la edad de 25 o 30 años.”[x]

Diego Muñoz Camargo cuya información es fuente para otros aportes dejó: “Acaeció en los tiempos que ya los españoles se acercaban en su venida (y aun quieren decir que en aquel propio año[xi]), que prendieron los de Huexotzinco uno de los más valientes indios que entre las Tlaxcaltecas hubo, que se llamó Tlahuicole[xii] que quiere decir… El de la divisa de barro, y era que siempre traía por divisa un ser de un jarro, el cual era de barro cocido y torcido como una asa. Este fue tan esforzado y valiente, que con solo oír su nombre, sus enemigos huían de él. Fue de tan grandes fuerzas, que la macana con que peleaba tenía un hombre bien que hacer en alzarla. Esto quieren decir que no fue alto de cuerpo, sino bajo y espaldudo, de terribles y muy grandes fuerzas, que hizo hazañas y hechos que parecen cosas increíbles y más que de hombre: de modo que peleando, donde quiera que entraba mataba y desbarataba de tal modo gente, que por delante hallaba, que en poco tiempo desembarazaban sus enemigos en el campo. Finalmente, que al cabo de muchas hazañas y buenos hechos que hizo, le prendieron los Huexotzincas atollado en una ciénaga, y por gran trofeo lo llevaron enjaulado a presentarle a Moctheuzoma a México, donde le fue hecha mucha honra y se le dio libertad para que se volviese a su tierra, cosa jamás usada con ninguno.

“Y fue esta la ocasión que como Moctheuzoma andaba en pretensiones de entrar por tierras de los Tarascos Michoacanenses, a causa que le reconociesen con plata y cobre que poseían en mucha suma y los Mexicanos carecían de ella, pretendió por fuerza conquistar alguna parte de los Tarascos. Mas como Catzonsi en aquellos tiempos reinaba, y fuese tan cuidadoso de conservar lo que sus antecesores habían ganado y sustentado, jamás se descuidó en cosa alguna; y así fue, que hecha una muy gruesa armada por los Mexicanos, al dicho Tlahuicole, prisionero de Tlaxcala, se le encargó por parte de Moctheuzoma, la mayor parte de esta armada, para hacer esta tan famosa entrada a los Michoacanenses, la cual se hizo con innumerables gentes, y fueron a combatir las primeras provincias fronteras de Michoacan que son las de Tacimaloyan que los españoles llaman Taximaloa, Maravatío y Acámbaro, Oquario y Tzinapécuaro. Aunque esta tan grande entrada se hizo a costa de muchas gentes, que en ella, murió de la una parte y de la otra, que puso terrible espanto a los Michoacanenses, aunque no les pudieron entrar ni ganar cosa alguna de su tierra, a lo menos trajeron los Mexicanos plata y cobre de la que pudieron robar en algunos reencuentros y alcances que hicieron en seis meses que duró la guerra, en la cual Tlahuicole hizo por su persona grandes hechos y muy temerarios, ganó entre los Mexicanos eterna fama de valiente y extremado capitán.

“Venido de esta guerra de Michoacan, Moctheuzoma le dio libertad para que se volviese a sus tierras o que se quedase por su capitán, el cual no quiso aceptar ni lo uno ni lo otro: no quiso quedar por capitán de Moctheuzoma por no ser traidor a su patria; lo otro, que él no quería volverse a ella por no vivir afrentado, pues que se tenía por afrenta cuando así eran presos en la guerra, sino que habían en ella de vencer o morir; y así pidió a Moctheuzoma que no quería sino morir, y que pues no había de servir en cosa alguna, le hiciese merced de solemnizar su muerte, pues quería morir como lo acostumbraban hacer con los valientes hombres como él. Visto por Moctheuzoma que no quería sino morir, mandó que se le cumpliese su demanda, y así fue que ocho días antes que muriese le hicieron muy grandes fiestas, bailes y banquetes, según sus antiguos ritos, y entre estos banquetes que le hicieron quieren decir que le dieron a comer ¡cosa vergonzosa y no para contada! la natura de su mujer guisada en un potaje; porque como estuviese de asiento más de tres años en México, la mujer que más quería le fue a ver para hacer vida con él, o morir con su marido, y así acabaron los dos en su cautiverio. ‘Idos al sacrificio’ el desventurado Tlahuicole fue atado en la rueda del sacrificio con mucha solemnidad, según sus ceremonias; peleando mató más de ocho hombres y hirió más de otros veinte antes que le acabasen de matar, y al fin, al punto que le derribaron le llevaron ante Huizilopuhtli, y allí le sacrificaron y sacaron el corazón, ofreciéndoselo al demonio como lo tenían de costumbre; y este fue el fin del miserable Tlahuicole de Tlaxcala, el cual no fue de los muy principales, sino un pobre hidalgo que por sola su valentía y persona había tenido valor, y si no fuera preso llegara a ser muy gran Señor en esta provincia.“[xiii]

Otro testimonio de vida referente a Tlahuicole: “Xicotencatl Axayacatzin, cuando joven, conoció de la heroicidad de un guerrero otomí de nombre Tlahuicole que combatió bajo el estandarte de Tizatlán y que hecho prisionero fue muerto en el Templo Mayor de Tenochtitlán. La posición de este general tlaxcalteca defendía los intereses políticos que emanaban del grupo de los guerreros tlaxcaltecas.”[xiv]

Ciñen la  imagen histórica de Tlahuicole las posiciones encontradas y conflictos internos en la sociedad tlaxcalteca a la llegada de los desconocidos europeos: “Xicohtencatl el mozo y Maxixcatzin representaron formas diversas de actuar y de concebir la independencia política de Tlaxcala, que emanaron de dos grupos sociales distintos y los cuales se enfrentaron en el momento en que conocieron al ejército de Hernán Cortés. Éste supo observar ambas tendencias las cuales aprovechó en su beneficio, para consolidar una alianza y una fuerza que consiguió la conquista de la ciudad mexicana…[xv] “En Tlaxcala se creó una versión histórica y gloriosa acerca de su captura y de su inmolación en la ciudad mexica, la cual acerca del significado simbólico, Michel Graulich escribió lo siguiente: ‘el guerrero muere con plena voluntad, como un ser solar, que sube al mediodía como un guerrero conquistador y baja después, como reflejo de sí mismo, acompañado por mujeres, para morir en el occidente’.[xvi]

“Tres fuentes que tratan del reinado de Motecuhzoma II[xvii], [Diego] Muñoz Camargo, [fray Diego] Durán y [Hernando de Alvarado] Tezozomoc, narran la historia de Tlahuicole, un auténtico héroe histórico, un guerrero valientísimo, general del ejército tlaxcalteca, que, escribe Durán: ‘por sus hechos, tenía gran fama en la tierra y sonaba su fama y grandezas entre todas las naciones […]’… Muñoz Camargo de Tlaxcala […] retrata al héroe en los siguientes términos: ‘fue de tan grandes fuerzas, que la macana con que peleaba tenía un hombre bien que hacer en alzarla. Éste quieren decir que no fue alto de cuerpo, sino bajo y espaldudo, de terribles y muy grandes fuerzas, que hizo hazañas y hechos que parecen cosas increíbles’. Según el autor tlaxcalteca, en los últimos años del reinado de Motecuhzoma Xocoyotzin los tlaxcaltecas hicieron guerra a los huexotzincas, quienes pidieron la ayuda de los mexicas. Durante una batalla los huexotzincas lograron cautivar al héroe cuando lo encontraron atascado en una ciénaga. Lo pusieron en una jaula de madera y lo llevaron a ofrecer a Motecuhzoma. El huey tlatoani lo honró mucho, le permitió de hacer venir su mujer preferida y al emprender una guerra contra los tarascos le ofreció el mando de una parte del ejército mexica. Tlahuicole, aceptó, pero a pesar de sus proezas, con las cuales ‘ganó entre los mexicanos eterna fama de valiente y extremado capitán’, los mexicas no pudieron penetrar en el territorio del enemigo… Cuando regresó a México, Motecuhzoma le ofreció el poder de elegir entre un puesto de capitán en su ejército o volver libremente a Tlaxcala. Tlahuicole rechazó ambas ofertas, para no traicionar su patria y para preservar su honor, y pidió al tlatoani el favor de morir como los valientes. Motecuhzoma consintió. Cuando se acercó la fiesta de los guerreros heroicos, Tlahuicole fue festejado durante ocho días con bailes y banquetes durante uno de los cuales ‘le dieron a comer la natura de su mujer guisada en un potaje’. Luego fue inmolado en el sacrificio llamado ‘de gladiatorios’: atado con una cuerda a una rueda de piedra, tuvo que luchar con armas ficticias contra guerreros (‘caballeros’) águilas y tigres bien armados. A pesar de esto, logró matar más de ocho hombres y herir más de veinte antes de sucumbir. Luego lo sacrificaron a Huitzilopochtli. ‘Y éste fue el fin del miserable Tlahuicole de Tlaxcalla, el cual no fue de los muy principales, sino un pobre hidalgo que, por sólo su valentía y persona, había tenido valor, y, si no fuera preso, llegara a ser muy gran señor en esta provincia’… Además, ‘en sólo oír su nombre, sus enemigos huían dél’. No es vencido sino por el lodo, y además, no son los mexicas quienes lo cautivan sino los antiguos aliados huexotzincas. Logró llevar al combate un ejército de sus enemigos y conseguir fama inmortal entre ellos también. Vuelto a México, prefiere la muerte heroica del guerrero a la vida sin honor, y durante su sacrificio, aunque sin armas, se distingue una última vez por una valentía sin par.[xviii] Sin embargo, hay otra versión de los hechos mucho menos favorable a Tlahuicole[xix]… los hechos tuvieron lugar también durante la guerra entre Tlaxcala y Huexotzinco. Los huexotzincas, agotados por las muchas batallas y el hambre resultante del hecho de que el enemigo les quemaba sus campos, pidieron la ayuda de los mexicas. Estos aceptaron e incluso acogieron los huexotzincas refugiados en su ciudad, pero decidieron atacar Tlaxcala sin ninguna ayuda huexotzinca… al principio, los mexicas atacaron sin aliado ninguno, tal vez para someter solos a la orgullosa ciudad —y cobrar solos los frutos de su conquista. Motecuhzoma les recomendó de cautivar al glorioso capitán Tlahuicole. La lucha duró veinte días, sin resultado notable. Cada día los tlaxcaltecas recibían refuerzos de ciudades circunvecinas. Los exhaustos mexicas también pidieron ayuda y Motecuhzoma llamó tropas de Tetzcoco, Tlacopan y otras ciudades. Poco después, los aliados —pero no los huexotzincas—…[xx] lograron cautivar a Tlahuicole y numerosos otros guerreros valientes. Los tlaxcaltecas tuvieron que abandonar el territorio de Huexotzinco… Al regresar su ejército Motecuhzoma quiso ver al famoso Tlahuicole y lo convocó. Durán afirma que el valiente otomí se presentó ante él muy humilde, le besó las manos y le pidió perdón de las ofensas hechas. La versión de Tezozómoc presenta un Tlahuicole más digno que sólo dice: “me tengo por dichoso de haber visto vuestra real presencia y haber reconocido imperio tan valeroso y tan generoso emperador como vos sois”. Sea lo que fuere, el tlatoani lo consuela (‘que no es cosa mugeril, esta usanza es de guerra, hoy por mí, mañana por ti’), lo manda vestir muy ricamente y le da todo lo que puede desear. Pero el tiempo pasa y Tlahuicole se vuelve cada vez más sombrío. Piensa en sus mujeres y sus hijos, suspira y por fin acaba por llorar todo el tiempo. Siendo las lágrimas de una futura víctima sacrificial consideradas como de mal augurio, Motecuhzoma es enterado de lo que pasa y se enoja: ‘¿Esto no es cobardía y afrenta grande,… afrenta que da su temor de morir a la sangre ilustre? … ¡Que se vaya a su tierra!’ Informado, Tlahuicole no llora más, pero Motecuhzoma prohíbe que sus guardias siguieran dándole de comer y guardándole. Por consiguiente, el héroe tiene que andar de casa en casa pidiendo de comer. Por fin, desesperado, se va a Tlatelolco, sube sobre la pirámide mayor y se despeña, acabando así con su vida. Los mexicas le arrancan el corazón, según los ritos acostumbrados. Añade Tezozómoc que Motecuhzoma prohibió también que siguiesen alimentando a los pobres huexotzincas refugiados en México Tenochtitlan y los echó de la ciudad. Al parecer fueron asimilados a Tlahuicole… Tenemos aquí, pues, un buen ejemplo de propaganda mexica: los tlaxcaltecas parecen temibles, pero a finales de cuenta no son sino unos cobardes, al igual que su general más valiente, que no pudo privarse de sus mujeres y acabó por suicidarse.

“Es difícil de decidir ahora cual versión es históricamente correcta. Por un lado, es cierto que los mexicas sabían mejor que los tlaxcaltecas lo que pasó con Tlahuicole. Además, la versión tlaxcalteca presenta inverosimilitudes: no el hecho de que el guerrero cautivo rechace la libertad ofrecida y exija la muerte sobre la piedra de sacrificios, sabemos por una fuente independiente y digna de fe, sobre todo desinteresada en el asunto [¿?], que ciertos prisioneros querían morir… Motecuhzoma debía saber que al aceptar la oferta el héroe estaría desacreditado tanto en el imperio como en el valle de Puebla (¿A menos que su proposición haya sido una prueba?) El hecho de que el tlaxcalteca hubiera conducido a parte de los ejércitos de la Triple Alianza a la batalla es también poco probable.[xxi] … La campaña contra los tarascos no es confirmada por otra fuente, pero no debe excluirse por tanto. Ahora bien, si la versión tlaxcalteca puede ser falsificada, eso no quiere decir que la versión mexica es auténtica[,] aquí, como en sus otros relatos, los mexicas se esforzaron en presentar un relato etnocéntrico y pragmático… ¿Cuáles son los héroes arquetípicos? Se trata las más veces de guerreros pobres pero valientes, menores o recién llegados, que vencen a sus mayores, ricos autóctonos decadentes y afeminados… En cuanto soldado de la guerra florida, sagrada, a quien le pertenece alimentar al sol y a la tierra, se le presenta muy lógicamente como un émulo de los héroes solares. Así pues, es pobre pero valiente, al igual que Quetzalcóatl-Nanáhuatl[xxii] y […] otros héroes […] es pobre, pero no dicen que es un menor, un recién llegado. Lo único que se puede aducir al respecto es que Tezozómoc le dice otomí, y los otomíes eran considerados como chichimecas y valientes…[xxiii] Tlahuicole acepta morir voluntariamente, en el sacrificio. Además, muere en el sacrificio gladiatorio, es decir en el rito que reactualiza la primera guerra después del nacimiento del sol… Tezozómoc aduce aquí un detalle muy revelador. Explica que entre los adornos ofrecidos por Motecuhzoma[xxiv] al guerrero tlaxcalteca figura el quetzaltonameyotl[xxv], ‘que es una plumería con un sol llano relumbrante como espejo’. El quetzaltonameyotl evoca también el quetzallapanecayotl[xxvi], un adorno característico del sol afeminado de la tarde (Códice Florentino, 1.6, cap. 29), y también del viejo Quetzalcóatl de Tollan (Anales de Cuautitlan, Codice Chimalpopoca, f.6, 7; Duran 1967, 1, lám.1)…” Continúa y finaliza con una disertación acerca de leyendas, mitos y símbolos antiguos para distinguir y equiparar la figura de Tlahuicole.

Tomado de Antonio Peñafiel. Trofeo de armas antiguas mexicanas. cdigital.dgb.uanl.mx
Visitado el 8 de enero del 2020.

Notas importantes.

[i] Ross Hagin. El sacrificio y las guerras floridas. Arqueología Mexicana, número 63, septiembre-octubre de 2003.  El Sacrificio Humano, paginas 47-48: “Aunque en las guerras [floridas] algunos guerreros resultaban heridos y otros resultaban morían, el propósito fundamental no era éste, sino el de tomar prisioneros. Cuando ambos contingentes cumplían su cometido regresaban a sus lugares de origen y sacrificaban a los cautivos. En suma, las guerras floridas fueron batallas fuertemente reguladas, casi simuladas, cuya finalidad era conseguir victimas para el sacrificio. En favor de esta interpretación se encuentra el hecho de que Moctezuma Xocoyotzin […] no realizo la conquista de Tlaxcala, su oponente en guerras floridas, pues necesitaba de un lugar cercano para que los jóvenes pudieran ejercer sus habilidades marciales y tomar cautivos para el sacrificio.”
[ii] Rayamiento: Conocido también como sacrificio gladiatorio, consistía en el enfrentamiento de un cautivo prácticamente desarmado […] contra cuatro guerreros bien pertrechados. Si lograba vencerlos, debía enfrentarse a uno más, que se caracterizaba por ser zurdo; en caso de obtener la victoria, evitaría ser sacrificado. [10]. En esta nota 10 queda: Sin embargo, Diego Muñoz Camargo narra el caso de Tlahuicole, un tlaxcalteca que logró vencer a más de cinco guerreros y aún así fue sacrificado. Michel Graulich pone en duda el grado de heroicidad de este hombre,  véase “Tlahuicole, un héroe tlaxcalteca controvertido” en Federico Navarrete y Guilhem Olivier (coords.), El héroe entre el mito y la historia, México, UNAM-IIH-CEMCA, 2000, p. 89-99.
[iii] Laurette Séjourné (Perugia, Italia, 1911-Mexico, 25 de mayo de 2003) La traición a Quetzalcóatl, página 236-246. De Teotihuacán a los Aztecas. Antología de fuentes e interpretaciones históricas. Universidad Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Históricas. Lecturas Universitarias, numero 11. Segunda Reimpresión 1977. Coordinado por Miguel León Portilla. La relación Tlaxcala-Tenochtitlan. “No debió de ser fácil guardar el equilibrio en una convención tan delicada, porque es probable que, de haber sido conocida por los tlaxcaltecas, la vida de sus jefes hubiera peligrado. Por eso, cuando los mensajeros aztecas llegaban a Tlaxcala a invitar a los gobernantes de esta ciudad ‘enemiga’ a una fiesta, cumplían esta difícil misión disfrazados y manteniendo el más grande secreto. Únicamente las mujeres de los señores de alto rango podían aproximarse a los emisarios y eran estas nobles damas las que servían la comida y preparaban el lecho. Toda indiscreción a propósito de estas visitas era castigada con la pena de muerte. Muñoz Camargo, el historiador y cronista de Tlaxcala, nos dice que ‘los señores mexicanos enviaban a los de Tlaxcala grandes presentes y dadivas de oro, de cacao, de vestidos, de sal y de todas las cosas de las que carecían sin que la gente plebeya lo entendiese, y se saludaban secretamente’.“ página 241.
[iv] Rémi Simeón. Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana. Siglo XXI, S. A. de C. V. decimoprimera edición en español, México, 1994, página 599. Traducción de Josefina Oliva de Coll.
[v] Diego Muñoz Camargo (1529-1599), historiador tlaxcalteca, hijo del capitán español Diego Camargo, y de una mujer indígena.
[vi] Una afirmación extraña dada la mezcla de sangre obtenida por la multiplicidad en matrimonios vía tributo o por intereses de alianza política.
[vii] Christopher Méndez.  ¿Quién fue Tlahuicole? Publicado el 30 de agosto del 2016. estado29.mx Visitado el 3 de enero del 2020.
Hay un monumento a Tlahuicole en Tlaxcala de Xicoténcatl en broce realizada por el escultor Manuel Vilar y Roca en 1842 (¿1851?) en estilo barroco mexicano y fuerte influencia de la estatuaria europea. Una copia en bronce queda en la glorieta en la entrada a la ciudad de Tlaxcala al inicio de la carretera federal Tlaxcala-Puebla. “Tlahuicole, general tlaxcalteca en el acto de combatir en el sacrificio gladiatorio.” mundodelmuseo.com Visitado el 5 de enero del 2020. El emplazamiento de esta escultura esta sobre la carretera Tlaxcala-Puebla. Además, el estadio de futbol del equipo de segunda división “Los guerreros de Tlaxcala” tiene por denominativo el de: Tlahuicole.
[viii] En el Calmecac estudiaban los pipltzin, es decir, los hijos de los nobles, en tanto, al tepolchcalli ingresaban los hijos de la gente común. El Calmecac preparaba a los alumnos, básicamente, en el saber gobernar; en el Tepolchcalli la finalidad era instruir prioritariamente en la destreza para la guerra.
[ix] Una afirmación desconcertante después de la actividad anterior.
[x] Tlahuicole. wikipedia.com. Visitadas el 15 de julio del 2018.
[xi] Para estos hechos quedan también asentados los años de 1515 o 1516 durante la gran hambruna.
[xii] Diego Muñoz Camargo. Historia de Tlaxcala. Capitulo XV.  cervantesvirtual.com Visitado el 15 de julio del 2018; Ernesto de la Torre. Lecturas Históricas Mexicanas, páginas 400, 401 y 402 y Diego Muñoz Camargo. Historia de Tlaxcala páginas 126 y 127 bibliotecadigital.tamaulipas-gob.mx Visitado el 15 de julio del 2018 y  3 de enero del 2020. Nota 228. Tlahuiscole, manuscrito de Panes. Torquemada lo llama Tlalhuicole; mas puesto que dice Camargo que su nombre jeroglífico, llamado por él impropiamente divisa, era una [sic] asa de jarro y de barro cocido, la ortografía propia del nombre será Tlalhuicolotl. R
[xiii] Diego Muñoz Camargo. Obra citada.
Una ampliación ―sin especificar las fuentes― de la historia queda adjudicada a Saturnino Martín Cerezo, Historia de Tlaxcala. Visitado el 15 de julio del 2018: “Hubo una batalla en 1516 que dió lugar a una de las leyendas más grandes de esta hermosa nación. La batalla sucedió en Huautla, con un triunfo de los mexicas, la huida de los soldados tlaxcaltecas y la captura de un joven noble de menos de 20 años pero que ya era una leyenda entre las filas enemigas: Tlahuicole. Era éste un joven otomí hijo de patricios miembros de la República Tlaxcalteca. A su edad ya era famoso por ser un soldado sumamente fuerte, diestro con las armas y, se rumoraba, había dado muerte a uno de los hijos de Motecuhzoma Xocoyotzin, emperador de los mexicas.
“Cayó en una ciénega y no pudo salir de ella. Ahí fue encontrado por los soldados huexotzincas, quienes lo ataron y lo llevaron prisionero a la capital del imperio…”
[xiv] Arqlgo. José Eduardo Contreras Martínez. La Conquista vista por los tlaxcaltecas, nota 9 al pie de página. Centro INAH, Tlaxcala, Inah.gob.mx Visitado el 7 de enero del 2020.
[xv] Ídem. Queda al pie de la página 2, nota 9: “Tlahuicole el guerrero otomí murió en Tenochtitlan hacia el año 1507.
[xvi] Michel Graulich, “Tlahuicole. Un héroe tlaxcalteca controvertido” en El héroe entre e mito y la historia, México, UNAM, 2000, pp. 89-99. Citado íntegramente en Michel Graulich. Tlahuicole. Un héroe tlaxcalteca controvertido. ocotelulco.blogspot.com Tlaxcallan, Boletín Cultural del Museo y Zona Arqueológica de Ocotelulco. Año 3 No.5 Enero-Abril de 2007. CONACULTA-INAH, publicación virtual fechada el 6 de enero de 2013. Visitado el 8 de enero del 2020.
[xvii] El héroe entre el mito y la historia. Federico Navarrete Linares, Guilhem Olivier. Tlahuicole, un héroe tlaxcalteca controvertido. Michel Graulich books.openedition.org Visitado el 7 de enero del 2020.
[xviii] Fundamentado en: Vaillant (1965 [1944], p. 218), Cuéllar Abaroa (1996 [1947] p. 43), Soustelle (1955, p. 127), Brundage (1972, p. 238) y Davies (1973, p. 172) lo mencionan como tal y como ilustración de la ética guerrera de aceptación del sacrificio.
[xix] De acuerdo con Durán (1967, cap. 60, 2, p. 454-457) y Tezozómoc (1878, cap. 98, p. 643-646),
[xx] Otra fuente tlaxcalteca, la Historia Cronológica de Zapata y Mendoza, § 125, informa el autor
[xxi] En su nota 4, el autor amplia: “A no ser que tengamos aquí una indicación más de que la guerra florida contra Tlaxcala era sólo un aspecto de un verdadero pacto. Recordamos que de acuerdo con Pomar (1986, p. 89), “cuando aconteciese que los unos tuviesen necesidad del favor de los otros para contra otros enemigos que los tuviesen en algún aprieto y estrechura, fuesen obligados a los otros a ayudarlos con todo su poder”. Ver también Ixtlilxóchitl 1975-1977: 2, p. 111-113.
[xxii] Nanahuatl o Nanahuatzin. Dios personificador de la modestia, su autosacrificio en la hoguera en la reunión de los dioses creadores en Teotihuacán le convirtió en el Quinto Sol.
[xxiii] El autor remite a: (Bernardino de) Sahagún, libro 10, cap. 29 § 4, 1956: 3; p. 195-197
[xxiv] María Olivo Moreno Guzmán, Melanie Ruth Korn. El penacho de Moctezuma. Arqueología Mexicana, número 159, septiembre-octubre de 2019, páginas 63-66: “El penacho de Moctezuma, que en náhuatl recibe el nombre de quetzalpanecáyotl (Aguilera, 2003, p. 76), es un ejemplo del excelso quehacer de los plumajeros mesoamericanos…”.
[xxv] Antonio Peñafiel. Destrucción del templo mayor de México Antiguo, y Monumentos encontrados en la ciudad, en las excavaciones de 1897 y 1902. México, Imprenta y fototipia de la Secretaria de Fomento, 1910. 61 p. 118 láminas. p. 47-50: “Se hacían sacrificios delante de la Piedra del Sol, pero no sobre ella; había una estatua de forma humana, que representaba al Sol, a la cual ponían el Quetzaltonameyotl…” historicasunam.mx Lecturas Históricas Mexicanas, página 499, Visitado el 8 de enero del 2020.
En cdigital.dgb.uanl.mx queda: “Indumentaria. Bandera antigua de México y de la Republica de Tlaxcalla designada por el historiador Tezozomoc con el nombre de Quetzaltonameyotl ‘divisa de plumería con un SOL lleno relumbrante Como espejo’. Visitado el 8 y 9 de enero del 2020.
[xxvi] Carmen Aguilera. El penacho de Moctezuma. Antropología Mexicana, número 64, noviembre-diciembre de 2003, paginas 76-79. Pie de foto, figura 4: El último de los teomama o cargadores del dios aparece acompañado de un glifo con forma de quetzalapanecáyotl… que quizá indique, además de su nombre, que llevará el penacho hasta que encuentre el lugar del águila encima del nopal. Tira de la Peregrinación.”
Rémi Simeón, obra citada, pagina 425: “quetzalpanecayotl s. Brillante armadura que se daba en recompensa a los guerreros vencedores.(Sah.). Rel. quetzalli, apanecayotl.

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