Nosotros

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Nos flagelaron hasta llevar la piara al precipicio; combatimos entre “Nosotros“ en el Monte, reñimos en calles lóbregas y lluviosas, estuvimos dubitativos en el camposanto, nos apedreamos con vigor (el blanco y el negro, el bueno y el malo, el alto y el bajo, el rojo y el amarillo), Soy/Somos Hueste y Legión, Turba y Soledad, el lodo fue coraza y la luz de la luna volátil razonamiento; algunos de ellos ríen cuando en mi abatimiento algún babeante juega y blasfema con jerigonza vulgar frente a mi desesperanza,
Resulta inaguantable la continua corrección al uso del “Nosotros”. ¿Comprenderá usted lo que expreso y la razón para ello? Fue “Él” quien hizo o dijo, aunque para los cercanos “Yo” hice y dije tal o cual barbaridad. Y es verdad que para “Él” hay cosas enfadosas y desquiciantes en mi proceder, porque en el fondo ―lo sé perfectamente― es más su incapacidad a realizar los hechos de mi arrojo “natural”.

Los “Otros” no entienden, prefieren el acomodaticio olvido del pasado. Me esforzaré para que eso no suceda en “Mi”, porque “Él”/“Nosotros”, acepta/mos, sin medida ni juicio toda afirmación estruendosa. “Él” detesta recordar: un día ―tras una refriega escolar―, al regresar a casa, además de un regaño injustificado recibí las curaciones que le correspondían a “Él”, a “Él” dedicaron cuidados y atención el día en que le ajustamos las cuentas a quien nada debíamos y todo reclamaba. Quedé pasmado ¿y mis lastimaduras, qué? ¿no piden limpieza y atención? En múltiples ocasiones ambos recibimos iracunda reprimenda para corregir “mi” comportamiento.

Surgimiento inesperado y esporádico vinculado en esta oscuridad con incontables presencias y condiciones. En las tinieblas de esta caverna, ―reto para la fugaz cordura―, entre el galimatías de estertores, cuarteada la razón, abruma la gama en tonos, alturas y voces en mezcla despiadada. En el chiribitil sobrepoblado, entre desgarradores lamentos y canticos desacompasados, una vocecita alcahueta lamentaba su pequeñez aturdida por el lenguaje indecoroso en aquel limbo: lamentación persistente, vagabunda: revanchista. De entre el deambular furtivo surge un vocablo dentro de murmullos persistentes. En incontables ocasiones, frente al espejo opaco no me reconozco en esas fachas, no soy “Yo” el de la mirada desequilibrada ahí agitada, en esos rostros convulsos rasgados por la iracunda indiferencia en pliegues: absurdas miradas copiadas a imágenes decoloradas con lamento de poetas vencidos…

El “Nosotros” no es una aberrante apropiación de la firma de vetusta aristocracia en asociación de lo divino, es manifestación de la desacompasada realidad, es la carga vívida desde aquel momento en que descubrí que “Yo” éramos dos en multiplicación y que todos no cabíamos en el mismo reflejo. Nulifico mi consciencia en tanto “Él” repudia su enclaustramiento y mi aroma… Repentinamente nuestro precario equilibrio perdió asidero; “Él” y “Yo” percibimos otro aliento al tiempo de otra vocecita surgida desde algún recoveco profundo de nuestro ser, dialogaba en susurros con “alguien” más cuyas respuestas en lengua menguada no llegaban a nuestra comprensión.
(Esporádicamente ― cosa harto llamativa― aparece/aparecemos en los informativos o en las estanterías de libros alguna referencia a algún múltiple para confundir lo numeroso con la perturbación.)

Quedo absorto ante la visión de una fisonomía con sonrisa burlona enmarcada con la ruindad de su cabellera, la semejanza de los visajes y ademanes de “Él” conmigo resulta estremecedora.

(Tengo un cuaderno donde me incomodan las grafías a trazos largos o apretados, menudas o izquierdillas en confusión de tintas y ortografías desmañadas… arruinan mi precaria paciencia escucharles durante la noche esos cuentos infantiles yacentes en el olvido y, peor, hasta carcajearse con chistes simplones descoloridos por la fastidiosa repetición… No son míos el plato, ni el vaso para el agua, el juego de cubiertos y la servilleta: odio sus babas, me repugnan sus huellas grasosas, detesto la manera en que destrozan el pan… ¿por qué orinaré o zurraré cuando a “Ellos” les venga la necesidad? ¿Qué pretenden cuando silencia la música que me enriquece para vibrar con los sonidos que aturden mi equilibrio? ¿Por qué destruyen el libro revisado con fracasada ilusión de demoler las fobias y la cerrazón de este juicio endeble?).

Paciencia sobre entereza. Un día saldré de esta sobrepoblada galería e impondré palabra y acción para alcanzar un vislumbre de la realidad externa.

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