Motivos

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Este texto ya tuvo una primera salida hará algunos meses —quizás años—. Ante ello debo aclarar que en el transcurso de este espacio temporal nuevos datos corrigen dos o tres detalles que bien merecen un esfuerzo extra para erradicar el engaño involuntario, no abonar en el equívoco ni abandonar  con visión pobre, parca el sufrimiento y muerte de una familia inexplicablemente relegada a un bajo nivel, al menosprecio.

La historia aquí planteada posee fundamento en la realidad. Durante la etapa de preparación de la exposición que sintetizó el esfuerzo con la coordinación del arquitecto Rafael Monsalvo Martínez, de la acuciosa información aportada en diversas pláticas y el apasionado saber sobre la vida y obra del poeta jerezano Ramón López Velarde responsable de la selección de poemas por parte del fallecido amigo y periodista Humberto Matalí Hernández; durante las primeras visitas a la ciudad natal del poeta y para preparar las imágenes correspondientes a lo que Monsalvo y Matalí denominaron “La Villa del perro de San Roque”, visitamos el espacio del Teatro Hinojosa, ahí, uno de los guardianes del bello espacio comentó acerca de la existencia de una creatura anidada en las profundidades de la tierra tras el escenario del Teatro. A partir de ese dato — mito y superstición imbricados en lo real y tangible—, entre bromas, surgió el tema que poco a poco modificó el derrotero de la narración para encontrar vínculos entre las denominadas ciudades hermanadas en el comercio durante los siglos XVIII y XIX, lo cual da una apariencia de cercanía temporal.

Que la información aquí asentada con su pobreza rudimentaria es una realidad aceptada. Necesita el esfuerzo de profesionales, el interés de otros más y los fondos económicos para que un grupo de historiadores con la ayuda de un equipo de investigadores rebusquen disciplinadamente en referencias a papeles quizás despreciados en la actualidad, en documentos mezclados entre otros temas de aparente superficialidad, la información para resarcirle a una de las muchas familias heroicas y despreciadas, silenciadas y diluidas en el favoritismo “romántico”, con la finalidad de que, al menos después de comprender su sacrificio, les otorguemos más que un discurso luctuoso en fecha determinada, un espacio en la conciencia nacional. Porque esta familia —la de los Moreno Pérez— y muchas más, padecieron todo, sacrificaron todo y les negamos un mínimo homenaje de comprensión.

En esta versión incluyo imágenes ya aparecidas en el libro-arte —así calificado por Monsalvo Martínez  y Matalí Hernández— “La Villa del perro de San Roque” y otras —más con base en el sentimiento que en la realidad—, de la riqueza arquitectónica de Lagos de Moreno, Jalisco y de Jerez, Zacatecas, ambas con un pasado cultural y humano por destacar.

Espero que la información añadida resulte de interés y que los mínimos elementos de fantasía/concatenación no distraigan la finalidad de este trabajo autoimpuesto, que de algo sirva para dar el lugar a quienes lo merecen y para designar héroes a quienes hoy carecen de ese título.

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