Hace algunos años, para responder a un comentario en rededor a la propalada “genialidad” y espontaneidad para la realización artística surgió este texto. De manera superficial, dadas las complejidades del tema, queda entendido el arte y las artes por la expresión humana transmitida por medios gráficos, sonoros o lingüísticos, concepto evolucionado en el tiempo para ser una pluralidad “definible” sin fin. Para la Grecia clásica la arquitectura, la danza, la escultura, la música, el teatro, la pintura y la poesía (lirica, épica, dramática) eran señeras manifestaciones de lo mejor en lenguaje humano, toda una evolución, descartes y actualizaciones en el tiempo y la aceptación atrajeron al catálogo a la nueva ópera —originada en la antigua Grecia en el campo de la poesía aliada a la música (lírica) el sueño de síntesis de Richard Wagner— derivada en la cinematografía (con la inclusión previa de la fotografía) y a las cuales añádele nuestro tiempo expresiones más en el terreno de la derivación que tronco/origen para una más.

Las tesis, antítesis y síntesis aportadas por la inquietud reflexiva del humano en el transcurso de la Historia aportan una inagotable muestra de clasificaciones, ajustes, descartes, ampliaciones, reducciones, etcétera, para complicar la comprensión no sólo en los poco avezados en este terreno, sino, inclusive entre los investigadores especialistas. Las artes, los sentimientos y pensamientos que despiertan en las diferentes edades de cada individuo pertenecen a un espacio mental (espiritual si así es deseable la expresión) intraducible en el medio oral, e, inclusive, aun cuando remite a una obra literaria que emplea la palabra para consumar sus fines, porque son un lenguaje superior a las limitaciones de la lengua oral y/o escrita.

No hay “genialidad” en el arte. Es labor disciplinada e interminable en donde Caliope, Clio, Erato, Euterpe, Melpómene, Polimnia, Talia, Terpsícore y Urania no poseen injerencia; es el trabajo constante, el estudio y la paciencia el origen de cada pieza inserta en el término “arte”.

(En seguida el texto referido al inicio.)

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Es una insuficiencia personal la retención clara y refinada de lo transmitido por quienes mantienen una preocupación constante en pro del beneficio de la colectividad, de la vida en la Vida.

Desafortunadamente, uno, privado de ese don, con la memoria flaca, escuálida, refiere más la sensación recibida que lo textual, situación que entraña, obviamente, la recurrencia en el yerro y distorsión de lo adquirido. No obstante y con el deseo de que los aportes ajenos no queden por ahí arrumbados, el atrevimiento al menos dejará una pista para que los interesados rebusquen y ubiquen con mayor fortuna el origen de aquello que nos es común (o debiera).

En alguno de sus trabajos ―me atrevo a afirmar con todas las reservas correspondientes que es “Anatomía de la destructividad humana”― el doctor Erich Fromm (23 de marzo de 1900-18 de marzo de 1980) narra —palabras más, palabras menos— que:

En un país del oriente una princesa pidió la llevaran al taller en donde trabajaba uno de los artistas más conocidos y famosos. Al llegar al lugar y estar frente al personaje le solicitó realizara para ella una paloma. Con la aceptación del artista y fijado el precio, acordaron que contado ese día y al final de un año, pasara a recoger el dibujo.

A la princesa el monto y tiempo le parecieron fuera de proporción, pero, al fin, sin mayor preocupación aceptó las condiciones y regresó al palacio.

Finalizado el lapso acordado, nuevamente la princesa acudió al taller del maestro a quien entregó el importe. El pintor tomó un trozo de papel, impregnó con tinta su pincel y con algunos trazos rápidos plasmó la figura de una paloma.

Desconcertada, la princesa reclamó: ―Cuando usted fijó el importe y tiempo para cumplir con este pedido no discutí los términos, pero, si ahora le tomó unos cuantos minutos realizar esta paloma ¿por qué no lo hizo hace un año y ahorraríamos en su confección y larga e inútil espera?

Por respuesta el pintor llegó a una gaveta, abrió la puerta y del interior brotaron cientos de hojas con apuntes de paloma.

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