La obra

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Día tras día, antes del amanecer, cargaba sobre su espalda la piedra cortada y pulida en territorio distante cuatro jornadas para ensamblar a otras semejantes y elevar el pequeño altar circular en el altépetl.

Día tras día, antes de clarear el día, ponía sobre su espalda la piedra cortada y pulida en territorio distante cuatro jornadas para colocar sobre otras semejantes y elevar la estructura piramidal con su templo para el dios tutelar.

Día tras día, antes de rayar el alba, llevaba sobre su espalda la piedra cortada y pulida en territorio distante para pegar a otras semejantes y elevar una capilla en honor del valeroso capitán celestial venido en auxilio y ensombrecerse la idolatría.

Día tras, día antes de despuntar el día, acarreaba sobre su espalda la piedra cortada y pulida en territorio distante para unir a otras semejantes y elevar una anchurosa torre de unión de los intereses de aquí con los de allá.

Día tras día, antes del amanecer, cargaba sobre su espalda la pieza formada y compactada para acoplar a otras semejantes y construir la casita; cuando finalizó ya no había con quién compartirla.

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