La noche anticipada

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… Abracémonos antes de que la oscuridad final nos quite la luz,
de que el légamo traído por las espumeantes olas sea la mortaja;
refugiémonos en una sonrisa última
y así, enlazados, nos encuentre la eternidad.

Al hablar de la erupción del Krakatoa en 1883 (26-27 de agosto), Isaac Asimov anotó: “Es muy probable que un acontecimiento similar, de consecuencias más graves aún, se produjera hace 3,000 en el Mediterráneo. En 1967, varios arqueólogos americanos descubrieron vestigios de una ciudad enterrada bajo cenizas, en la pequeña isla de Thera, unos 128 kilómetros al norte de Creta. Al parecer estalló, como el Krakatoa, allá por el 1400 a. de J.C. El tsunami resultante asoló la isla de Creta, sede de una floreciente civilización, cuyo desarrollo databa de fechas muy remotas. No se recuperó jamás de tan tremendo golpe. Ello acabó con el dominio marítimo de Creta, el cual fue seguido por un periodo incierto y tenebroso. Y pasarían muchos siglos para que aquella zona lograra recuperar una mínima parte de su pasado esplendor. La dramática desaparición de Thera quedó grabada en la memoria de los supervivientes, y su leyenda pasó de unas generaciones a otras, con los consiguientes aditamentos. Tal vez diera origen al relato de Platón sobre la Atlántida, la cual se refería once siglos después de la desaparición de Thera y la civilización cretense.” [1]

“Hace alrededor de 3.600 años un enorme volcán destruyó Thera, la isla hoy conocida como Santorini… quedó envuelta en una nube de cenizas que se elevó más de 30 kilómetros en el cielo… los arqueólogos dudan que nadie [¿alguien?] sobreviviese a la erupción… Fue una catástrofe anunciada: semanas antes, un seísmo había castigado la ciudad de Akrotiri…”. [2]

“… en una pequeña isla, la Tierra empezó a temblar, las casas de piedra se desplomaron cayendo sobre las calles, ¡el volcán del centro de Thera estaba haciendo erupción! La Tragedia se hizo mayor cuando una extrema explosión hizo reventar el corazón del volcán y su cima se hundió, luego el centro de la isla desapareció tras cavar una fosa en las profundidades del mar Egeo [3] , cerca de la costa de Grecia.“ [4]

“Las excavaciones que se han realizado en Thera excluyen la idea que la erupción del volcán haya sido un acto repentino. En las casas que se han descubierto en Akrotiri (Santorini) no se han encontrado restos humanos, ni joyas, ni ningún objeto precioso, como si los habitantes de Thera hubiesen tenido todo el tiempo del mundo para recoger sus bienes y huir.

“Probablemente la erupción fue progresiva y anticipada de diversos temblores que sucedieron durante semanas previas, que impulsaron a los habitantes a abandonar la isla en una primera etapa, para luego volver… las obras de reconstrucción pareciera que se interrumpieron bruscamente cuando el volcán volvió a dar signos de actividad e hizo huir definitivamente a la población en dirección de Creta.

“En este punto comenzó una gran actividad en el volcán con una secuencia impresionante de fenómenos que produjeron primeramente lluvia de piedra pómez, piedras, piedras rojas, para terminar con una gran explosión… Sus cenizas se expandieron por miles de kilómetros y transformaron el día en la noche más oscura, alterando amaneceres, atardeceres y condiciones meteorológicas.” [5]

Víctor Manuel Dávila Vegas, quien sigue los textos de René Treuil, [6] asienta: “La Isla de Thera conoció en el Cuaternario tres grandes erupciones volcánicas, reconocibles por las gruesas capas de toba que originaron. Antes de producirse la última erupción [7], Thera era una isla aproximadamente circular, de unos 16 kilómetros de diámetro. Tenía en su parte central un volcán cónico de gran desarrollo vertical. Tras la catástrofe no quedaron de la isla original más que tres porciones periféricas, las islas de Thera y Therasia y el islote de Aspronisi. En el centro de la bahía configurada por estas islas hay en la actualidad otros dos islotes, Palea Kameni y Nea Kameni…” [8]

Vaticinó al terror una gruesa columna cenicienta seguida de atronador estertor en la tierra… para acompañar al pánico ante el movimiento de los seísmos continuos; del volcán surgió el magma viscoso rico en gas propiciador de terroríficas explosiones… Inicialmente el alto cono proyectó toba y cenizas a gran altura para formar un manto rosado y granuloso. Las cenizas formaron una densa nube turbulenta. Tras un lapso de sosiego (¿24 meses?) del cráter brotaron densas nubes ardientes con su carga de toba gruesa, escorias y fragmentos de roca incandescente para caer sobre el terreno y el cercano mar en forma de piedras solidificadas… desde lo alto descendió un flujo piroclástico en veneros que marcaron con rugosidades el terreno al cuajar para derrumbar lentamente la cúpula. Así, el magma acumulado en las paredes del volcán presionó con su grande peso  el cada vez más ensanchado boquete con la expulsión ―a gran altura y distancia― de estos materiales en forma de formidables bombas basálticas… naturaleza abrazada, fauna destruida, el futuro aniquilado, las naves destrozadas en los muelles… el cielo oscurecido a deshoras, brevemente iluminado por los relámpagos surgidos de entre la terrorífica nube, densa y oscura para agobiar aún más aquella atmósfera ácida, pestilente y asfixiante que atenazara en las gargantas a las plegarias y lamentos… “La violenta explosión de lava y magma provocó que se derrumbara todo el volcán, millones de metros cúbicos de agua se precipitaron sobre la lava incandescente permitiendo que la repentina vaporización del agua haya generado una serie de explosiones titánicas que terminaron por eliminar lo poco que quedaba de la isla, produciendo inmensas olas…” [9] que impactaran las costas de Creta y Egipto. Tres semanas bastaron para la destrucción y hundimiento del volcán que desató una serie de cambios climáticos y afectaciones con dirección hacia el sureste. Poco después, tras el hundimiento del volcán, un tsunami de 20 metros (otras fuentes asientan 30 o 35 metros, otras más determinan olas de 60 metros [10])… arrasó las costas de Creta… La destrucción de Thera, las cenizas y el tsunami no destruyeron la cultura minoica [11], la perturbaron gravemente en su capacidad marinera pero sobrevivió de 50 a 100 años a la destrucción.

De 9000 años de antigüedad para la pérdida de la Atlántida, según Platón. La historia nos viene de un encadenamiento: de un sacerdote egipcio a Solón “…. amigo de Drópides, mi bisabuelo […] refirió a Critias, mi abuelo, quien en su vejez nos la repetía… Mas en los tiempos sucesivos, ocurrieron intensos terremotos e inundaciones, y en un solo día, en una noche fatal, todos los guerreros que había en vuestro país fueron tragados por la tierra que se abrió, y la isla Atlántida desapareció entre las olas…” [12] . Quizás las dimensiones, la era, la ubicación y el tiempo de su destrucción no correspondan íntegramente a la realidad, dadas las traducciones y lógicos añadidos recogidos en la narración en su trayecto, no obstante queda la imagen de la tragedia humana y el interés de cómo una civilización casi perfecta ―que es la calificación común para La Atlántida― cae de su cima en las sombras para perderse en el tiempo.

La Atlántida ―la tierra de los Diez Sabios o Mandatarios― [13] está en todas partes, es una sombra ilusoria: está “en Creta, en Sicilia y Cerdeña, es Malta, en las Islas Canarias, frente a Túnez, en Asia Menor y los Balcanes, en Irlanda y en la Bretaña Francesa…” [14] yacía en el Tíbet para los seguidores del Nacional Socialismo; en Bimini (en las Bahamas); al sur de España, en la marisma andaluza de Doñana; en el Mar Negro; en la Bahía de Gibraltar (la columna norte sería El Peñón de Gibraltar; la columna sur el Monte Hacho ―en España―, o el Monte Musa ―en Marruecos―; en el área de Las Azores; en La Antártida; el Altiplano Boliviano en Sudamérica es otro espacio elegido para consumar el descubrimiento, alrededor del volcán Pampa Aullagas, ¿Tiahuanaco?…[15] La leyenda, el mito, con el apasionamiento en ocasiones desmedido de apologistas y detractores, la ejemplificación de que la pérdida de la virtud de las autoridades ―en el sentido griego― provoca la decadencia de las grandes civilizaciones demostrada con la tragedia de Thera es inflexión para la muy divulgada “historia” de la lucha de Lemuria contra Atlántida [16] , material para la cíclica apropiación de ufólogos en textos desmedida y endeblemente razonamiento.



Notas:
[1] Isaac Asimov. Introducción a la ciencia. I. Ciencias Física. Capitulo III La Tierra (Las capas del planeta), pagina 116. Editorial Orbis, S. A. 1985. Traducción de Jorge de Orus y Manuel Vázquez.
[2] El supervolcán que destruyó Thera. nationalgeographic.com.es (Ilustrada con interpretaciones graficas de la catástrofe. Visitado el 4 y 7 de marzo del 2019.
[3] 12 kilómetros de largo por 7 kilómetros de ancho.
[4] Alex Méndez Romero. La  gran explosión de la isla de Thera. El fin de una civilización avanzada. misteriosarealidad.com Visitado el 7 de marzo del 2019.
[5] Atlántida y Santorini. santorinigrecia.es Visitado el 4 y 13 de marzo del 2019.
[6] René Treuil, autor de Las Civilizaciones Egeas. Del Neolítico a la Edad de Bronce.
[7] Erupción entre el 1639 (1627) y el 1616 (1600) a. C (datación por radiocarbono), 1628 a. C (análisis de dendrocronología), entre el 1530 y el 1500 a.C. (fechado por datos arqueológicos) con la evidencia de piedra pómez propia de Thera.
[8] Víctor Manuel Dávila Vegas. La erupción volcánica de Thera. stasiotika.blogspot.com Visitado el 7 de marzo del 2019.
[9] atlantidaysantorini.es Visitado el 7 de marzo del 2019.
[10] No resulta una exageración esta última cifra (atlantidaysantorini.es). Al terremoto de 9 grados del 11 de marzo del 2011 en Japón le siguió un tsunami con registro de olas de 40.5 metros.
[11] Cultura minoica, bautizada así por Arthur Evans al descubrir Creta con el apoyo del arqueólogo Duncan Mackenzie. Minoicos, nombre impuesto para su distintivo apenas en el siglo XX. La Cultura Minoica (del Rey Minos), la primera en Europa correspondiente a la Edad de Cobre y de Bronce, data aproximadamente del 3100 a. C. al 1700 a. C. (¿1450 o 1300 a. C.?)
[12] Platón. Diálogos. Timeo o de la Naturaleza. Páginas 666 y 669. Editorial Porrúa, S-. A. de C. V., Colección “Sepan Cuantos…”, Vigesimosexta Edición, 2000. Estudio preliminar: Francisco Larroyo. (Ver el interesante recuento en Timæus y Critias.)
[13] Con el nombre de Bensalem, escrita en el año de 1626 ―1614 a 1616, según Meggui Katerine Ramírez Martínez en su Ensayo Sobre La Nueva Atlántida de Francis Bacon―  y publicada en 1627, el primer barón Verulum, primer vizconde de Saint Albany y Canciller de Inglaterra, idealiza y anticipa el desarrollo de las sociedades con fundamento en el ser humano. Los aportes científicos y tecnológicos ―previó la aviación, el submarino y la comunicación a distancia― son, en esa isla ubicada en el Pacifico Sur, contribución de los sabios gobernantes de la orden denominada “Casa de Salomón” en su novela incluida en el catálogo de los textos esotéricos: “The New Atlantis”. Aún queda en múltiples textos su pertenencia a grupos de los Rosacruces o de la Francmasonería, afirmación negada y afirmada en las diversas biografías y estudios en rededor a este personaje ligado cercanamente con la persona y trabajo de William Shakespeare.
[14] El supervolcán que destruyó Thera. nationalgeographic.com.es. Visitado el 13 de marzo del 2019.
[15] La Atlántida y el secreto de Platón, bing.com visitado el 8 de marzo del 2019. Documental. La Atlántida, la verdad que nos ocultan; patrocinada por la National Geographic, duración de 45:07 minutos visitado el 7 de marzo del 2019. La Atlántida, Ciudad perdida. La Búsqueda, patrocinada por el National Geographic, visitado el 8 de marzo del 2019. En búsqueda de la Atlántida, Discovery Channel Video, visitado el 8 de marzo del 2019…
[16] Supuestamente los lemurios cultivaban las potencias de la mente y del espíritu en tanto que los atlantes desarrollaron la tecnología. En esta propuesta intervienen seres astrales, extraterrestres de diferente índole unidos por la perversion que todo lo destruye.  Así, Lemuria (o Mu o “La Madre de la Tierra”) y la Atlántida yacen en el fondo de los mares, en donde esconden todo lo que el ser humano desprecia para su propio beneficio.
La Atlántida (La isla de Atlas) es tema para himnos y canciones, de entre ellas, el grupo español “Tierra Santa”; el dueto ingles Seafret (Harry Draper, guitarrista y Jack Sedman en la voz) canta en 2016 una metáfora dolorida bajo el nombre de Atlantis; muchos años antes, en 1968, el compositor y cantante escoces Donovan crear y publica como sencillo una canción de amor antecedida por un repaso a la tragedia del continente/isla hundido: Atlantis:

…Let us rejoice and let us sing and dance and ring in the new,
Hail Atlantis!
… Alegrémonos, cantemos, bailemos y celebremos la nueva,
¡Salve, Atlántida!

“Gran Teatro del Liceo. Mañana viernes, 24 de noviembre [1961], a las 22’30. Primera audición mundial en versión concierto de «Atlántida» obra póstuma de Manuel de Falla [23 de noviembre de 1876, Cádiz, España-14 de noviembre de 1946, Alta Gracia, Argentina] completada por Ernesto Halffter [16 de enero de 1905-5/6 de julio de 1989, Madrid, España]. Cantata escénica sobre el poema de Jacinto Verdaguer [y Santaló, 17 de mayo de 1845, Folgueroles- 10 de junio de 1902, Vallvidrera] adaptado por Manuel de Falla. Director: Eduardo Toldrá. Orquesta Municipal de Barcelona. Solistas: Victoria de los Ángeles y Raimundo Torres. Capilla Clásica Polifónica del F. A. D., Coral Sant Jordi, Chor Madrigal y Escolanía del Sagrado Corazón (PP. Jesuitas). Escenografía: José María Espada. Domingo 26, Tarde; Segunda y última audición de «Atlántida». (Anuncio del estreno de l’Atlántida. [Hemeroteca La Vanguardia].) lavanguardia.com Visitado el 23 de marzo del 2019.
Cabe mencionar que corresponde a la idealizada imagen de un Cristóbal Colón joven a quien un ermitaño le narra la tragedia del continente destruido y hundido. Esta será ―en el poema― el impulso que impulsará a Colón al “descubrimiento” que lo tiene en la Historia. Películas, una larga lista de documentales de variada calidad y argumentación; novela y estudios reiterativos, otras más con aportes de videntes connotados, en la mayoría su origen está en Platón… y no siempre de manera fidedigna.

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