Grandeza y pequeñez

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“Desde el espacio me veo como una persona más de entre los millones y millones que han amado, viven y vivirán sobre la Tierra, ésto me hace pensar acerca de nuestra existencia y la forma en la que deberíamos vivir para disfrutar, compartir nuestras cortas vidas tanto como sea posible.”[1]

En sus ojos bullían soles por ver.

El origen fue sin tiempo, espacio ni morada de los creadores; no regia ni la materia ni el todo era espíritu. Hacia allá tiende la imagen propia ―símil de la grandeza―, de nuestra pulsante pequeñez entre los cuatrocientos destellos.

De allí y entonces venimos; hacia allá iremos.

En el Universo hay cientos de millones de galaxias irregulares, elípticas, espirales o lenticulares, cada una constituida con variables propias por centenares de miles de millones de estrellas en un todo impulsado por una energía ajena a nuestro saber.

Las más cercanas: Las Nubes de Magallanes están a 163,000 o 200,000 años luz (75,000 años luz entre ambas), la del Dragón, la de la Osa Menor, la del Escultor, la del Fogón, la de Leo, la designada NGC-6822, la NGC-221 (M32), la de Andrómeda (M31)[2] la de El Triángulo a miles de millones de años luz… En este sentido, para anticipar el futuro es fundamental conocer el pasado; el llamado Big Bang[3] hace 13,800 millones de años, propició el difícil, complejo y largo sumar de circunstancias para llegar a un concepto precario de la materia, del espacio y el tiempo.

El agua ―para la salud orgánica en los seres humanos y en los animales, para el baño diario, para preparar el reconstituyente café matutino, la preparación de los alimentos, la absorción de los nutrientes por las plantas y los frutos, la habida en ríos, lagos, mares…― viajó en el espacio por milenios, era parte de los cuerpos errantes que impactaron en la Tierra en algún formidable momento en el pasado… sin su aporte esta Tierra no sería el único habitado según dicta el juicio fatuo con nuestro parco saber sobre las propiedades del ciclo de la Vida. Toda una magnifica suma de condiciones imbricadas ―a partir de la sencilla unión de dos elementos― favoreció una realidad despreciada que denominamos Vida. Vislumbrar la maravilla en las complejidades es labor de químicos, biólogos, botánicos, zoólogos, exobiologías y del paladear simbolizado con el mordisco a una manzana.

Fuera de nuestra enorme altivez y la grandeza del pensamiento humano en sus realizaciones, el espacio enfatiza nuestra pequeñez como parte del “Todo” apenas discernido. Ante lo incomprensible en años luz de distancia, la nimia y a la vez significativa civilización humana pierde el sustento de su petulancia. En esta “nada” dentro de la inconmensurable vastedad el pensamiento humano y sus aportes merecen más que los monumentos erigidos: demandan conciencia para enfatizar: “ésto es mío”.

En un país despreciativo de las falibles ciencias exactas, la mayoría son más que los especialistas: los primeros, en su vacuidad domeñan el lenguaje y las afirmaciones tajantes, facciosas; los segundos portan una cadena interminable de ¿Por qué? La materia ―tal cual la conocemos los parvulitos―, tiende a degradarse en el espacio y en el tiempo; la necedad fortifica su propia desventura. Dictaminamos quién es “el bueno” y quién es “el malo”, por las creencias, aspecto y estrato social; despreciamos a quien, contrario a nuestras preferencias, opta por un satisfactor exótico; le negamos la palabra a aquel porque su lengua tiende a inflexiones bárbaras según nuestro oído y porque su dieta nos resulta nauseabunda: no queda ni un resquicio para honrar la propia ignorancia y maldecimos el saber del otro.

Astro
Ellos lo vieron.

En pos del sol nocturno vienen los sabios intérpretes, ellos lo anticiparon, ellos lo testimonian con símbolos para descifrar nuestro interior.

Las estrellan atesoran el aroma a mirra, transitan con murmullo de agua con ímpetu de viento, nos recuerdan un pan crujiente hermanado a la sangre de la tierra, prefiguran una oración, son silente canción en la cuna de donde surge el Verbo.

Hurgamos afanosamente en el Sendero Lumínico, de sus entrañas surgirá el texto de un escribano para asentar la Buena Nueva. Haz de luz para nutrir la esperanza, para enfatizar la palabra, para entonar el Canto; su cauda enriquecer el Vocablo ritma el augurio con su exhalación.

Toda la materia tiene su origen en la constitución y deshechos de los cuerpos celestes, es el ímpetu en penoso traslado para beneficiar la Vida en esta mota de polvo cósmico, en nuestro mínimo Planeta Azul en donde la grandeza del pensamiento da una esperanza para el ascenso del hombre en su divulgada Civilización.


[1] Rodolfo Neri Vela, Milenio Digital, 27 de julio 2020. Visitado el 28 de enero del 2021. Rodolfo Neri Vela. El planeta azul. Misión [STS] 61-B [del Transbordador Espacial Atlantis, 1985] editado en 1986.
[2] La Galaxia más grande y cercana, está a 2’200,000 ―2’500,000)― años luz, es el doble en tamaño que nuestra Vía Láctea,
[3] La respuesta al origen del Universo ¿está en alguna de las propuestas: Teoría del Big Bang, la teoría del Universo cíclico (Big Bang/Big Crunch), la Teoría del Estado Estacionario, del Universo Oscilante o en la Teoría Inflacionaria?

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