“… cualquier identidad no es algo estático, sino que está sujeta al cambio y la transformación… En diversos tiempos se habló del Anáhuac, Mexicaltlalpan, Nueva España y al fin México…” [i] fundada por el grupo migrante de los mexitin [ii].

“Interesa recordar cuáles han sido las principales interpretaciones de la palabra que ha dado nombre a la ciudad de México, a un estado y al país entero. Algunos lo relacionan con Mecitli, al parecer un apelativo de Huitzilopochtli. Otros consideran que es un vocablo de la raíz de xictli, ombligo, acompañada del sufijo locativo-co y presidida [¿precedida?] de la raíz de metz-tli o de me-tl. En el primer caso la interpretación es ‘En el ombligo de la luna’; en el segundo, ‘En el ombligo del maguey’…

“Un hecho es cierto: más allá de las interpretaciones, desde el siglo XVI, el nombre de México ―escrito con x― ha circulado en el mundo entero…” [iii]

“Al respecto nos dice [fray Diego] Durán [iv], que ‘… el sacerdote y señor que los guiaba se llamaba Meci (Mexi) de donde toda la congregación tomó la denominación’.” Nos recuerda  Eva Alexandra Uchmany [v] en su Huitzilopochtli, dios de la historia de los aztecas-mexitin: “Huitzilopochtli-Huitzitl o Mexic, en sus funciones de sacerdote-caudillo servía de intermediario entre el dios Tetzauhteotl o Tetzahuitl (dios agorero, espantoso, mágico, astrologo) y los mexicas.” [vi]

Consideremos un interesante aporte de Jacques Soustelle: “El nombre de México está representado jeroglíficamente por el conejo; y éste, según antiquísimos conjuros, es la tierra, espejo de la luna aquí abajo… En cuanto al segundo nombre de la ciudad, Tenochtitlan, ‘el lugar [en] donde crece el nopal de duros frutos’. Comporta asimismo un sentido esotérico: la tuna, fruta del cacto, es el símbolo de los corazones humanos que los sacrificadores ofrendan al Sol, y que tiene su origen en el corazón lunar de Copil, sobrino de Huitzilopochtli e hijo de la Luna. El águila, símbolo

solar, que devora a la serpiente nocturna y se yergue sobre el nopal, representa el triunfo del Sol, la supremacía de la religión solar sobre el culto lunar…” [vii]

“Este nombre mexicatl se decía antiguamente mecítli componiéndose de me que es metl por el maguey y de citli por la liebre, y así se había de decir mecícatl; y mudándose la c en x corrómpese y dícese mexícatl. Y la causa del nombre, según lo cuentan los viejos, es que cuando vinieron los mexicanos a estas partes traían un caudillo y señor que se llamaba Mécitl, al cual, luego después que nació le llamaron citli, liebre, y porque, en lugar de cuna, lo criaron en  una penca grande de un maguey, de allí en adelante llamóse mecitli, como quien dice, hombre criado en aquella penca de maguey; y cuando ya era hombre fue sacerdote de ídolos, que hablaban personalmente con el demonio, por lo cual fue tenido en mucho y muy respetado y obedecido de sus vasallos, los cuales, tomando su nombre de su sacerdote, se llamaron mexica, o mexícac…” [viii]

Para fijar un principio de comprensión: “El avance de los conocimientos arqueológicos, que se consolidaría con la ‘profesionalización’ e institucionalización creciente de la disciplina, en torno a las actividades del Museo Nacional, sobre todo luego de su reorganización en 1877, activaría el interés en el uso de lo prehispánico como signo de identidad nacional, oficialmente promovido por el Estado, tanto al interior como al exterior del país. Y, hay que subrayarlo, no de lo prehispánico en general, sino, en específico, de lo relacionado con las culturas del altiplano, en un deliberado alarde centralizador…” [ix]

Y debemos a Miguel González Block un enfoque especial para considerarlo y que en nada mengua el valor de un símbolo, más lo distingue que lo minimiza: “El autor demuestra cómo llegó a la conclusión de que el águila, cuauhtli, que aparece en códices y esculturas prehispánicas no es una águila real, como popularmente se piensa, sino la conocida como quebrantahuesos. Partiendo de un análisis basado en la biología, la antropología y el estudio de documentos en donde aparece la representación de esa ave, el autor lleva al lector a una conclusión que quizá tendría un cierto sabor amargo. Enterarse que el águila emblemática no es ni por mucho el ave majestuosa a la que estamos acostumbrados, la cual ni siquiera se adapta bien a las condiciones ambientales mesoamericanas y que por otras razones no puede ser el ave que aparece en documentos prehispánicos. El autor demuestra que es el águila quebrantahuesos, un ave bien adaptada a los ambientes lacustres, que es pequeña y carroñera y no cazadora como el águila real, la que aparece como nahual de los guerreros mexicas, como el ave portento del águila y el nopal, es decir, es la verdadera águila de los mexicanos.

“Muestra que el águila real empezó a dibujarse en documentos, como el Códice Mendocino, porque se ajustaba mejor a la imagen que los españoles tenían del águila y que así pasó a los documentos y objetos de los primeros tiempos coloniales e incluso al escudo nacional de México…” [x]

Y aún más, González Block en El iztaccuauhtli y el águila mexicana ¿Cuauhtli o águila real? amplia la información: “En 1960, el célebre ornitólogo mexicano Martín del Campo puso en tela de juicio la identidad del águila mexicana representada en los símbolos patrios. ¿Cómo era posible que se representara al ave nacional como un águila real (Aquila chrisaetos) cuando dicha especie había sido siempre rara avis en suelo mexicano? Sagaz observador de la arqueología, Martín del Campo notó también que los rasgos de plumaje y la dieta con la que se asociaban las representaciones prehispánicas del cuauhtli (águila) sagrado no correspondían con aquellos del águila real. El ornitólogo, en muy breves notas recopiladas por otros […] propuso entonces como mejor candidato a un ave ampliamente difundida en el territorio nacional, la quebrantahuesos (Caracara cheriwey).

“Martín del Campo propuso que la especie del cuauhtli sagrado asociada a los símbolos patrios debe ser aquella de un ave rapaz con una cresta bien marcada y con las plumas de las patas ajustadas al muslo. El cuauhtli debe también contar entre su dieta con serpientes y aves entre otros animales. Siendo un ave relacionada con el Sol, yo propongo como otro rasgo distintivo el vuelo a cielo abierto, a diferencia de ciertas aves que pasan la mayor parte de su existencia dentro de selvas tropicales y que difícilmente se les aprecia en vuelo alto contra el Sol. Gracias al trabajo de los ornitólogos Morales y Urbina (1997) contamos hoy en día con un catálogo exhaustivo de las aves de rapiña en el territorio nacional. Tres especies corresponden con los rasgos críticos aquí propuestos: el aguililla solitaria (Harpyhalietus solitarius), el Juan de pie barrado (Spizaetus ornatus) y la quebrantahuesos (Caracara cheriwey). Cabe notar que ninguna de estas aves es propiamente un águila, esto es, ninguna tiene el tamaño y los rasgos del género Aquila. Por su parte, el águila real no tiene cresta y las plumas de las patas cubren los muslos y arrastran hasta los pies. La imponente águila harpía (Harpiaetus harpyja)si bien tiene una marcada cresta, limita su existencia a perchar y volar debajo de los árboles y se le observa rara y difícilmente a cielo abierto.” [xi]

¿Cuándo los corazones comidos originalmente por el águila tomaron la imagen de un tunal…? ¿Cuándo dejo de ser un quebrantahuesos para adquirir la “insigne” estampa del águila real? ¿Cuándo dejó los corazones/tunas para rasgar y matar a una serpiente? En el Códice Ramírez el águila tiene atrapado entre sus garras a un pájaro ―¿un colibrí?―;  El Códice Mendoza o Mendocino en su portada posee un águila sobre una nopalera en un altepetl en la bifurcación de los caminos. El águila ―extraña― tomará con su pata izquierda una tuna.

Eduardo Matos Moctezuma ilustra su texto El México prehispánico y los símbolos nacionales “En la parte posterior del teocalli de la Guerra Sagrada se ve, en medio un ambiente acuático, un águila parada sobre un nopal con tunas, que nace de Tlaltecuhtli, diosa de la tierra, representada por una figura con boca y dientes. Del pico del ave sale el atl-tlachinolli o corriente doble que simboliza la guerra, la cual podría confundirse con una serpiente: “… Interesante resulta el trabajo de José Corona Núñez (1992), para quien tanto la piedra como las tunas representan corazones. En este sentido recordemos el relato que habla de cómo Cópil lucha contra Huitzilopochtli y es vencido para acto seguido ser sacrificado y su corazón arrojado en medio del lago, en donde cae sobre una piedra de la que crecerá el tunal que servirá de signo para la fundación de Tenochtitlan. Por otra parte, el águila representa al cazador celeste, Huitzilopochtli, y en cuanto al binomio águila-serpiente, ve en ello la lucha diaria entre la noche y el día, la vida contra la muerte.” [xii] Esta imagen, grabada en la parte posterior del teocalli la Guerra Sagrada es, hasta el momento, la representación más antigua del águila sobre el nopal y resulta interesante, precisamente, por tal motivo.

“Las razones para que la ciudad en ciernes se estableciera sobre la ciudad mexica obedeció a razones políticas como religiosas por un lado. Tenochtitlan era la imagen del poder y ahora era necesario que se continuara con esa idea, pues la conquista apenas se iniciaba hacia toda Mesoamérica y otras regiones. Ahí se establece el palacio virreinal sobre el palacio de Moctezuma y también se asienta la Catedral sobre las ruinas de los templos considerados paganos por los recién llegados. Así, aquel espacio se constituía en el lugar de los poderes tanto humanos como divinos.” [xiii]

“El numen habló de nuevo á la tribu diciéndole: «Ya estáis apartados de los demás, y así quiero, como escogidos míos, no os llaméis en adelante azteca, sino mexica» y mudándoles el nombre, dióles un distintivo para marcarlos muy particularmente, y púsoles en rostro y orejas un emplasto de trementina, oxitl, cubierto de plumas, entrególes arco, flechas y rodela, insignias de guerreros con las cuales saldrían por todas partes vencedores, con un chitatli, especie de red para llevar el fardaje, en memoria del sitio que tenían destinado.” [xiv]

Así pues, Mecitli cambió su nombre por el de Huitzilopochtli y a la vez trocó el nombre de su pueblo que de azteca paso a ser mexica, para no olvidar su primera advocación tutelar.

Queda el encadenamiento simbólico: Quetzalcóatl y Tezcatlipoca personifican a la noche y el día; representan con la serpiente (la tierra) y el águila (el sol) el final de la era matriarcal en su transformación violenta en el patriarcado: la luna, el ocelotl y la serpiente, son la representación de lo femenino, de lo nocturno; el sol y el águila (¿quebrantahuesos?), el símbolo de lo diurno y masculino en el quehacer humano, en la Vida, en el espacio de la cultura final en Mesoamérica.

Las signa militaría más conocidas son las que simbolizaba a las legiones romanas y la que significara al imperio napoleónico cuya visión de Estado pugnara por la asimilación con la Roma legendaria. En la actualidad, el águila real representa a los Estados Unidos Mexicanos, el águila calva a los Estados Unidos de Norteamérica; un águila real negra, para Alemania; otra águila, de sable, representa a Austria. Además, identifica al Imperio Español, a Saladino (en el espacio árabe), y la de la Republica de las dos Naciones: Polonia y Lituania; bicéfalas: a los imperios Bizantino y ruso, al Sacro Imperio Romano Germánico, a Montenegro, a Albania.

Entre el águila real, querida quizá por costumbre ancestral, la adopción del quebrantahuesos en nada desmerecería como símbolo a nivel nacional, ya que, por otra parte, significa a la de un animal alado benéfico (carroñero y limpiador), sin que el término lo demerite pues su ayuda es mayor que la del aristocrático animal, depredador por su naturaleza, adoptado por la exquisitez de los imperios europeos y ya de la mano de los ornitólogos distante a lo deseado por simbolizar. Así, un nombre y un emblema tribal es el origen para todo un país, para un estado, para una ciudad, para un complejo histórico en cuanto a concepto y factor humano, en la aceptación tácita o el rechazo abierto y sin argumento.

Notas importantes:

[i] Miguel León Portilla. Toponimia e identidad. Dosier. Página 29-30. Arqueología Mexicana. Número 100, Volumen XVII, Noviembre-Diciembre 2009.

[ii] Con dudas y distancias temporales de una a otra fuente, quedan tentativamente las fechas del 13 de marzo, el 20 de junio (Anales de Tlatelolco), 18 de julio o el 12 de diciembre de 1325. En “La fundación de México-Tenochtitlan. Consideraciones Crono-Lógicas”, Patrick Johansson aporta las variantes recogidas en el pasado: 1 tecpatl, 1 pedernal (1324), en el Códice Mendocino; 2 calli, 2 casa (1324), en la Crónica Mexicáyotl y 1 acatl/2 tecpatl, 1 caña/1 pedernal (1363-1364) según aparece en el Códice Aubin. arqueologiamexicana.mx Visitada el 19 de noviembre del 2018. El tiempo y los hechos, para los mexica corresponden a simbolizaciones de su cosmovisión más que a conceptos racionales.

“Tres hombres y una mujer con su niño en brazos miran la señal de Huitzilopochtli… Frente a ellos ocurre la hierofanía: «el águila posada sobre un nopal devorando a una serpiente». Se trata de una obra del escultor Carlos Marquina, inaugurada en 1970, a un costado de la avenida Pino Suarez, y a sólo unos pasos de la sede del Gobierno de la Ciudad de México…” Héctor de Mauleón. Monumento a la Fundación de México-Tenochtitlan. cdmx200lugares.com Visitado el 19 de noviembre del 2018. Corresponde a la idealización del lugar de fundación, el espacio cercano al original según la disponibilidad en la década de los setenta del siglo XX o, quizás, uno de los lugares de las varias fundaciones del altépetl, fijado en: La Plaza de “La aguilita” en el barrio de la Merced (en la Plaza Juan José Baz); en las cercanías al “Peñón de los Baños”; en un punto formado ahora por las calles de Corregidora y Jesús María… en algún lugar dentro o cercano al espacio sagrado ocupado por la Catedral Metropolitana.

[iii] Recuadro integrado en la página 33 con encabezado “El nombre de México” nos lleva a no aceptar tajantemente ninguna afirmación. Arqueología Mexicana. Número 100, Volumen XVII, Noviembre-Diciembre 2009. Por otra parte, el nombre de México con “x” o con “j” es ya trabajo concatenado desde fray Servando Teresa de Mier, F. Flores y Gadea, Manuel G. Revilla, Alfonso Reyes, Alfonso de Rosenzweig Díaz hasta nuestros días en plataformas con mayor o menor impacto y la “x” con la venia de la Real Academia Española. Ya lo asentó Ricardo López Méndez en su manoseado “México creo en ti”:

México, creo en ti,
porque escribes tu nombre con la X
que algo tiene de cruz y de Calvario:
porque el águila brava de tu escudo
se divierte jugando a los “volados”:
con la vida y, a veces, con la muerte…

[iv] Fray Diego Durán. Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme. Editado por José Fernando Ramírez en Tres tomos, 1867.

[v] Eva Alexandra Uchmany, Huitzilopochtli, dios de la historia de los aztecas-mexitin. Referida a Crónica Mexicáyotl, 1949, paginas 214-216. historicas.unam.com También lo asienta Alvarado Tezozomoc en su Crónica mexicana y en el Códice Ramírez. Visitado el 15 de julio del 2018.

[vi] Ídem. Página 214.

[vii] Jacques Soustelle en el Prólogo (página 12) a Historia del nombre y de la fundación de México de Gutierre Tibón.  Segunda edición aumentada. FCE, primera reimpresión, 1983.

[viii] Leyenda de los soles. Prologo y traducción de Francisco del Paso y Troncoso, Florencia, 1903, página 32. Ver Eva Alexandra, obra citada, paginas 219-220

[ix] Fausto Ramírez. Emblemas y relatos del mundo prehispánico en el arte mexicano del siglo XIX. Arqueología Mexicana. Número 100, Volumen XVII, Noviembre-Diciembre 2009. Página 57.

[x] Reseña. Arqueología Mexicana. Número 100, Volumen XVII, Noviembre-Diciembre 2009. Página 86. Dos águilas y un sol. Identidad, simbolismo y conquista del Cuauhtli sagrado. Miguel Ángel González Block.

[xi] Miguel González Block. El iztaccuauhtli y el águila mexicana ¿Cuauhtli o águila real? Arqueología Mexicana. arqueologiamexicana.mx Visitada el 27 de agosto del 2018.

[xii] Eduardo Matos Moctezuma. El México prehispánico y los símbolos nacionales. Páginas 46 y 47. Arqueología Mexicana. Número 100, Volumen XVII, Noviembre-Diciembre 2009.

[xiii] Eduardo Matos Moctezuma. La Plaza Mayor o Zócalo en tiempos de Tenochtitlan. Arqueología Mexicana, número 116, julio agosto del 2012. Páginas 26 y 27.

[xiv] Códice Aubin. Página 178. cdigital.unal.mx consultado el 15 de septiembre del 2018.

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