El contamal tiene una forma de mazorca pequeña preparada con masa de maíz, manteca, sal y cocida en comal y un baño final con salsa picante. Es un alimento de fácil preservación y únicamente es requisito calentarlo para acompañar los guisos del pueblo. No hay semejanza con la suavidad del tamal tradicional pues es duro y compacto: “para buenas dentaduras”.

José Luis Noriega en su aporte Origen e historia de los tamales en México: “El historiador novohispano Mariano Fernández de Echeverría y Veytia, en su obra historia antigua de Méjico, dice que los tamales eran ‘una comida bien conocida en estos países, y muy usada, especialmente por los indios, son unos “pastelitos” de masa de maíz, rellenos de diversos guisados de carne y pescado en figura de bollo, envuelto en las mismas hojas de mazorca del maíz, y cocidos dentro de una olla de barro sin agua’.”[1]

En el Gran Diccionario Náhuatl encontramos que: con base en el aporte del padre [Diego] Durán, tamalli remite al vocablo “pan” y es un  “Bollo de maíz envuelto en hojas y cocido en olla”.[2] En tanto para Rémi Simeón: tamalli s. Pan o pastel de maíz, cuya masa se cuece envuelta en las  hojas de la mazorca <tamal>. Se hacen de varias clases.[3]

Así, en sentido estricto, el contamal sólo tiene del tradicional tamal la forma, ya que su preparación difiere de aquellos: “… el alimento más común de los arrieros era el totopo, condoche, góngoro o contamal, que es el mismo producto pero llamado de distinta manera en cada región. El nombre más común era contamal… Los contamales eran unas gorditas de masa cocidas al horno […] que duran hasta un mes o más en condiciones aptas para comer…”.[4]

“La Guadalajara de antaño, desde la Colonia hasta el siglo pasado, recurrió a una figura que desempeñó un oficio importante que creó vínculos comerciales y socioculturales: los arrieros. Se trató de personajes que trasladaban mercancías de una región a otra, guiaban mulas y asnos cargados de múltiples productos, desafiaban ríos y barrancos, madrugaban para durante horas o días montar en burro y seguir caminos reales o caminos de herradura, dormían al aire libre en parajes, desafiaban el frio o el calor o las noches o las bandas de asaltantes […] para luego dirigirse a los mercados a dejar las mercancías y adquirir otras para llevarlas a los pueblos y los ranchos… indica [Lina Mercedes Cruz Lira[5]]: ‘los arrieros eran más prácticos, pues preparaban alientos especiales. Uno de ellos era el contamal, una gorda de maíz gruesa a la que se le ponía manteca y sal. El contamal duraba en buen estado al menos un mes. Solo se le calentaba para convertirla en un alimento sabroso al que se le podían agregar frijoles, carne y chile’.”[6]

En los mercados Francisco Díaz de León y Roque García[7] de Lagos de Moreno (Jalisco) ―y otros espacios― algunas mujeres con sus grandes cestos de mimbre ofrecen los contamales, sabrosos y sumamente picosos para el almuerzo o tentempié que colman el apetito del comprador o paseante, éste y un café en jarro de barro cumplen la dieta matutina a fin de enfrentar las actividades personales. Burros, asnos, arrieros con su imprescindible fuente de abastecimientos dentro de sus morrales son, en su unidad y conjunto, compendio de historias para la Historia.


[1] José Luis Noriega. Origen e historia de los tamales en México. milenio.com/estilo/gastronomía Visitado el 25 de febrero del 2021.
[2] Gran Diccionario Náhuatl. gdn.unam.mx Visitado el 25 de febrero del 2021.
[3] Rémi Simeón, Diccionario de la lengua Náhuatl o mexicana, decimoprimera edición en español, 1977, Siglo XXI Editores, S. A. de C. V. página 437.
[4] Javier Medina Loera. La comida de los arrieros. javiermedinaloera.com Visitado el 24 de febrero del 2021.
[5] Lina Mercedes Cruz Lira. Los arrieros de la barranca, imágenes cotidianas. Universidad de Guadalajara, 2005.
[6] Sergio Rene de Dios Corona. El contamal, comida de arrieros. Publicado el 17 de julio del 2018, visitado el 17 de noviembre del 2020 y el 24 de febrero del 2021.
[7] Francisco Díaz de León (con su entrada principal en la calle de 5 de mayo 430-C) y el nombrado Roque García (calle 31 de Marzo, entre Rita Pérez de Moreno y Ramón Corona). Con agradecimiento por la información a María Elena Wario Padilla y a Esteban Wario Amador.

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