Saborear un helado (nieve, le llaman en México) de limón o de cualquier otro cítrico o fruta local de temporada es lo más común en cualquier parte de mundo. ¡Ah!, pero deleitarse con una nieve de víbora de cascabel, de Picachú, tequila con limón, gansito o de chicle, eso es otra cosa. Son palabras mayores. Sólo en Tulyehualco lo encuentra.

Tulyehualco o Tulye, como le llaman los habitantes de este poblado típico de la Delegación (municipio) de Xochimilco, ubicado en la región sur de la Ciudad de México, celebra esta semana la Feria de las Nieves, una muestra de helados que tiene 133 años de realizarse en forma ininterrumpida.

Recorrer la feria es todo un homenaje al paladar, aún al del más exigente. Tiene, por lo menos 30, 40 y hasta 50 o 60 sabores para halagar a todos sus sentidos. Lo mismo la vista que el gusto. Más en estos días cuando el inicio de la Primavera eleva los termómetros cerca de los 30 grados centígrados.

Los hay de agua y de leche. Artesanales o semiartesanales. De las frutas de temporada y tradicionales. También pueden escogerse por especialidades.

Si desea seguir lo clásico, nada mejor que uno de limón, fresa o guanábana, pero si prefiere algún exótico, puede pedir uno de chamoy o de gansito. Si requiere con un poco de licor para alegrar su deleite, tiene de ron, tequila, mezcal, cerveza o pulque (todas bebidas tradicionales mexicanas).

Por supuesto, hay para la salud. En este caso nada mejor que uno de nopal, yerbabuena y otras plantas medicinales tradicionales mexicanas.

Las hay para una buena alimentación de pulpo, almeja y demás productos marinos que preparan diestros neveros locales, cuya tradición, muchas veces, ha caminado de generación en generación desde hace muchas décadas hasta nuestros días.

Un poco de suerte y puede encontrar las míticas nieves afrodisiacas, como la tradicional Nieve de Viagra, un delicioso helado preparado con semillas que, según el saber de los más viejos de la región, rejuvenece al organismo en forma total.

80 productores en la muestra nevera
Por lo común, año con año, los 80 productores de la región cambian sus sabores y presentan nuevas variedades, pero mantienen los clásicos de tamarindo, rompope, canela, chocolate con vino, cajeta, tres leches, ponche, café, mango, queso, elote, arroz con leche, tequila, guanábana, piñón, zarzamora, ciruela pasa y pistache.

Nombres tan sugestivos se pueden encontrar en esta feria, como los servidos en fruta, que denominan: Cola de tigre, Tierra de osos y Canto de sirena, un compuesto de frutos secos, pulpo, camarón y ostión.

Origen de la Feria de la Nieve en Tulyehualco
Datos históricos refieren que esta feria tiene antecedentes prehispánicos con un sentido religioso y cuyos manjares sólo podían saborear los grandes señores y algunos sacerdotes.

La nieve provenía de los volcanes. Se traía el hielo del Popocatépetl e Ixtacíhuatl, dos de los volcanes que son custodios perenes de la Ciudad de México y que se ubican a unos kilómetros de Tulyehualco. Después lo picaban y le daban sabor con miel, limón o maguey. Una vez lista, se servía en vasijas de barro.

Esa tradición se retomó más tarde y desde hace 133 se celebra, año con año, en este rincón del territorio capitalino que se significa por sus tradiciones y bellezas naturales.

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