Alimentación: Volver al pasado

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Ciudad de México, 13 de octubre de 2019.- Alexia García es una joven comisionista que vende productos para la belleza en una farmacia de conveniencia en la Ciudad de México. Esta tarde estaba muy molesta con los clientes habituales que van a comprar sus medicamentos en esa farmacia. Su razón es más que ilustrativa de tal molestia: No había vendida nada.

“No entiendo por qué la gente ya no quiere comprar mis productos”, dijo. Relató que en los últimos 15 días casi no ha vendido nada, a pesar de que, según ella, se trata de un producto para la salud, cuyos beneficios están garantizado para bajar de peso y el laboratorio que los produce es de categoría internacional.

“La belleza está en el cuerpo y un cuerpo con sobrepeso siempre se va a ver mal”, comentó, como parte de su molestia por las bajas ventas de los últimos días.

El sobrepeso y la obesidad son dos problemas emergentes de los últimos años que se presentan en México y que se suman a los tradicionales de pobreza nutricional y mala alimentación entre los distintos grupos sociales del país.

Ambos fenómenos de la alimentación se acreditan, por un lado, a la sobreoferta de productos elaborados cuyo contenido nutricional es mínimo y, en cambio, las calorías (directos e indirectos) son múltiples, al igual que los almidones y los aditivos para hacerlos atractivos a la vista y el paladar, dos de los sentidos humanos que ocasionan una sobrealimentación más allá de los elementos requeridos para una alimentación sana.

Por el otro lado, desde siempre existe carencia de nutrientes en las capas sociales bajas, en especial, en los medios rurales y los cinturones de miseria que rodean a las grandes urbes a donde, curiosamente, han llegado los alimentos denominados en el renglón general de “chatarra”, pero muy apetitosos para presuntamente saciar el hambre.

El próximo miércoles se celebra, a nivel global, el Día Mundial de la Alimentación, cuyo festejo tiene como platillo fuerte un retorno a la preparación de los alimentos a partir de cero, esto es, volver a la tradición centenaria cuando se cocinaba en el hogar con productos recién comprados y con los ingredientes mínimos para que cualquier platillo ofreciera los requerimientos nutrimentales necesario para la salud humana.

Este hecho ha originado que en las grandes y medianas urbes y hasta en los poblados pequeños la población que tiene que comer fuera de casa recurra más a las llamadas cocinas económicas donde ofertan platillos recién preparados, más que a los restaurantes de postín en los que los ingredientes tienen varios días, semanas y hasta meses de refrigeración y que se adornan con aditivos para darles el color y el sabor deseado por el comensal.

Incluso, grandes almacenes y supermercados están perdiendo clientela que ahora prefiere los mercados populares y hasta los tianguis (mercados informales urbanos) para comprar productos más frescos para la preparación de los alimentos familiares.

Es la modalidad hacia donde se encamina el mundo y para ellos instituciones internacionales rectoras de la salud y la alimentación van en esa dirección.
Se trata, en resumidas cuentas, como todo en la vida de volver al pasado.

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