“Salieron de madrugada, se oía el canto de los gallos” es el poema trágico de “Las tres tumba”, escrito por Julián Garza e interpretado por los Cadetes de Linares, que narra la tradición milenaria del importante rol que jugaron los gallos como marcadores del tiempo en el mundo.

En efecto, aún dos siglos después de la revolución industrial, en la mayor parte de las regiones del mundo, la población se levantaba e iniciaba las labores diarias con el canto de los gallos que le indicaban la hora de dejar la cama.

Por supuesto, no había relojes, menos despertadores eléctricos o digitales en los pueblos. Sólo existía el que tenían las iglesias y que se escuchaba en todo el pueblo, pero aún antes de que sonaran estas campanadas, se escuchaba el kikirikí de los gallos que, al despuntar el alba, competían entre ellos para ver cuál era el mejor y más fuerte para lanzar su grito de batalla y estar dispuestos a la lucha cotidiana.

Vendrían luego los despertadores automáticos, eléctricos, digitales y hasta los que ofrece, como servicio Telmex, en la actualidad que arrumbaron al rincón de los olvidados más lejano el kikirikí de los gallos de corral.

Pese a todo, ellos no se dieron por vencidos y siguieron lanzando su grito que, algunas veces, todavía se escucha en los vecindarios de las urbes, como una remembranza de todo lo que fue el mundo anterior a la tecnología de última generación.

Sin embargo, lo que le dio la puntilla a ese canto fue la invención del mundo global sobre el Horario de Verano que se rebela ante el mismo sol y quiere que el Astro Rey le obedezca y se levante una hora más temprano, a lo que, con toda razón, el astro se resiste.

El Horario de Verano es la nueva imposición de los tecnócratas globales que manejan todo en base a los intereses dominantes del mundo de los negocios.

Según información de la Secretaría de Energía (Sener) el Horario de Verano inicia el primer domingo de abril y concluye el último domingo de octubre, excepto en los 33 municipios de la franja fronteriza norte donde se aplica desde el segundo domingo de marzo al primer domingo de noviembre, así como en los estados de Quintana Roo y Sonora, donde no se lleva a cabo ese horario veraniego.

Su aplicación en México, durante el 2015 permitió un ahorro en el consumo de luz, de mil 46.47 gigawatts hora (GWh), equivalente al anual de 9.18 millones de lámparas fluorescentes compactas autobalastradas prendidas las 24 horas del día, de acuerdo con estudios del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica (Fide), realizados con información de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y la colaboración del Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE).

Durante el Horario de Verano se registra en el país una mayor insolación y es por ello que al adelantar una hora el reloj, se reducirá el consumo de energía diario en el periodo de máxima demanda de electricidad.

Pero la población, que por naturaleza es irredenta, no ve en sus recibos de luz estos supuestos ahorros porque la cantidad a pagar que les llega es la misma e incluso, muchas veces, hasta superior.

Cree que, más bien, tiene que ver con las costumbres impuestas por las tecnocracias reinantes en el mundo global, lo que podría darles la razón, sobre todo por el hecho que en la fronteras norte inicia antes, precisamente para homologar los relojes con los husos horarios de Estados Unidos y, por el contrario, se exceptúan Quintana Roo y Sonora que, tendrían que sumarse a esta modalidad. Todos coludos o todos rabones, dice la conseja popular.

Mas, no es así, sólo para dar la apariencia de que la democracia existe hasta en el tiempo y, por lo mismo, tiene sus excepciones para confirmar la regla.

Así que cuando el dios Zeus se levantó hoy de su lecho y se dio cuenta que los humanos ya le habían ganado a su despertar, sólo frunció el ceño y buscó la venganza, porque los dioses también son vengativos y, muchas veces, lo hacen hasta con saña.

No quiso hablar con Cronos, el dios del tiempo, para saber porqué se había dejado comer el mandado por los insolentes tecnócratas, pues hacerlo sería como admitir que Cronos (su padre) era superior y eso jamás lo iba a permitir.

Según la mitología griega, Cronos era el principal titán (y en algunos mitos el más joven) de la primera generación de titanes, descendientes divinos de Gea (la tierra) y Urano (el cielo). Cronos derrocó a su padre Urano y gobernó durante la mitológica edad dorada, hasta que fue derrocado por sus propios hijos: Zeus, Hades y Poseidón, y fue encerrado en el Tártaro o enviado a gobernar el paraíso de los Campos Elíseos.

Por lo que mejor acudió a Némesis, hija de Nix (la diosa noche), que personifica la venganza divina y, por eso, se encarga de castigar a quienes caen en la desmesura, una de las grandes faltas para los griegos. Esta desmesura es, por ejemplo, el orgullo, la soberbia, y, por supuesto, el desafío a los dioses.

Así, Némesis estuvo pensando toda la noche qué hacer para castigar a los hombres por tal rebeldía y la respuesta que encontró fue hacer que ellos recuperaran esa hora que los tecnócratas les habían arrebatado de sus sueños, echándose “coyotitos” más largos y profundos en el metro, trolebús, microbuses o cualquier otro medio de transporte público que utilizaran para llegar a sus trabajos.

Por lo cual, desde mañana, cuando reinicien sus labores, miles de trabajadores irán durmiendo rumbo a sus centros laborales. Los podremos ver en cualquier medio de transporte colectivo.
Aunque Némesis, en cierto momento de sus pensamientos vengativos, reflexionó y se dijo: no es bueno que sólo los trabajadores sean castigados, porque, al final de cuentas, ellos sólo cumplen órdenes, y en medio de sus cavilaciones, encontró que, por falta de esa hora de sueño, los trabajadores no rindieran igual en sus faenas y castigaran así al factor ganancia económica, o sea, darles donde más les duele a los patrones que sólo ven sumas y restas económicas, sin importarles en lo más mínimo el bienestar de la población.

De acuerdo a estudiosos del sueño, las personas que no completan su círculo del buen dormir registran una baja sensible en su rendimiento laboral, etapa que, en el caso del Horario de Verano, podría tardar hasta unos dos meses para regular sus ritmos circadianos, que son ciclos de 24 horas similares a un reloj biológico que regula las funciones fisiológicas del organismo.

Esta anomalía en el sueño completo también podría ocasionar un mayor número de accidentes viales, indican los especialistas, en base a diversas investigaciones realizadas sobre el particular.

Todo eso y algunas otras cosas más son las venganzas al simple capricho de los tecnócratas globales que sustituyeron al gallo por el Horario de Verano, como despertador universal.

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