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Janet Sylva, una muchacha de 12 años de Gambia, quiere ser doctora en medicina cuando crezca, dice con una amplia sonrisa, una que cirujanos de Nueva York le devolvieron luego de extraerle de la boca uno de los tumores más grandes que hayan visto.

El tumor benigno pesaba 2.7 kilos y tenía el tamaño de un melón más o menos. Le impedía comer y respirar se había hecho tan difícil que los médicos temían que Janet pudiera morir en un plazo de un año, si no se hacía algo.

“La hizo prisionera de su propio cuerpo”, dijo David Hoffman, cirujano de Staten Island que se enteró de su problema en 2016 luego que unos médicos en el vecino país de Senegal, al oeste de África, buscaran ayuda de grupos internacionales de salud. Janet dejó de ir a la escuela y se cubría la cara con una mantilla para ocultar el enorme tumor.

Hoffman coordinó con el Fondo Mundial de Auxilio Médico, entidad sin fines de lucro, y con un equipo de cirujanos voluntarios y otros miembros de un equipo médico del Centro Médico Cohen para Niños, que es parte del Hospital de la Universidad North Shore, para hacer arreglos para operar a Janet, operación que fue realizada gratuitamente en enero pasado.

Utilizar modelos virtuales
La operación no solamente consistió en extraer el tumor, sino también en la reconstrucción de la mandíbula de Janet, usando un pedazo de un hueso de su pierna. El equipo médico sabía que tenía que hacerlo bien en el primer intento, dado que Janet y su madre Philomena sólo podían quedarse poco tiempo en Estados Unidos, dijo el médico Armen Kasabian, jefe de cirugía plástica en el Hospital de la Universidad North Shore, que dirigió el equipo.

Kasabian y Hoffman dijeron haber empleado imágenes tridimensionales para construir modelos de la boca de la niña, incluyendo el tumor, y pudieron utilizar técnicas de modelaje virtual para hacer un ensayo antes de que la operación de 12 horas de duración tuviera lugar el 16 de enero.

Antes de regresar a su país madre e hija retornaron al Centro Médico Cohen para Niños para dar las gracias al personal médico.

“Estoy muy feliz y agradecida porque tengo a mi hija de nuevo”, dijo Philomena Sylva, por medio de un intérprete, en su idioma nativo wólof.

Sonriente, Janet dijo que había tirado la mantilla con la que se ocultaba la cara.

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