Desde la década pasada el vocabulario cotidiano se ha llenado con palabras como ciberacoso, y acecho electrónico. Estas palabras representan la cara visible de la violencia que usa un teclado como arma para que otra persona sienta miedo, angustia e incluso depresión y en casos extremos impulsos de autoagresión física. Los gobiernos, el sector privado y las sociedades comienzan a percatarse de lo extendidas de las prácticas de violencia digital entre la población, así como sus efectos nocivos en la convivencia de las sociedades.

El Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) realizó en 2015 el primer estudio formal sobre agresiones digitales en el país titulado Módulo sobre ciberacoso. Dicho estudio encontró que casi un cuarto del total (24.5%) de usuarios de internet han sufrido algún tipo de agresión o acoso, alrededor de 19 millones de personas en el período de estudio. Dos años más tarde organizaciones en la sociedad civil realizaron otro estudio enfocado a la violencia digital contra las mujeres en el país, encontrando que suelen ser objeto de agresiones como el envío de imágenes, sonidos y videos no solicitados, registro no autorizado a servicios o sitios web, publicación de información íntima o difamatoria y envío de insultos y amenazas.

Las redes sociales son una de las vías más frecuentes de agresión digital en virtud del carácter abierto de estas comunidades, su naturaleza que propicia la compartición de la mayor cantidad de datos personales y la interacción con personas que no necesariamente conocemos directamente. Episodios donde las agresiones pasan del entorno digital al mundo físico han desatado olas de presión política para que las compañías responsables de tales plataformas habiliten medidas que impidan las agresiones digitales. Estas han respondido creando herramientas y ajustes en sus plataformas para evitar que mensajes ofensivos lleguen a los ojos de los usuarios, pero desafortunadamente, el desconocimiento de los usuarios hace que dichas opciones no sean usadas por los usuarios.

En respuesta presentamos algunas herramientas y opciones para evitar la propagación de mensajes agresivos y que los usuarios seamos víctimas de agresiones en nuestras computadoras y dispositivos móviles.

Whatsapp
Esta es quizá la herramienta de comunicación más usada en el mundo con más de 1,700 millones de usuarios en el mundo. La aplicación móvil ofrece una serie de configuraciones de seguridad ubicables dentro del botón ubicado en la pantalla superior derecha, en la opción Ajustes, luego dentro de la variable Cuenta y en el apartado Privacidad. En dicho menú se pueden ajustar variables como las personas que pueden saber datos personales como el momento de la última conexión del usuario, la fotografía del perfil, la ubicación precisa del usuario y si el usuario ha leído un mensaje (la famosa doble palomita azul) e incluso se pueden bloquear mensajes provenientes de cualquier número telefónico, para proteger al usuario de mensajes provenientes de números no identificados o de contactos con quienes por alguna razón ya no deseamos interactuar.

Twitter
En esta red social, la cuenta puede configurarse desde el principio como pública o protegida. La cuenta protegida sólo permite que los tuits sean visibles para seguidores del usuario mientras que la cuenta pública está abierta a todo mundo. Más importante, desde la aplicación móvil de esta red se pueden silenciar mensajes con ofensas y material indeseado no llegue al timeline propio. Además, desde el menú de opciones de seguridad es posible silenciar las palabras y hashtags que el usuario quiera. Pero, además, de silenciar mensajes y usuarios, también es posible denunciar cuentas que envían mensajes agresivos y amenazantes para que el servicio restrinja e incluso bloquee la cuenta e impida su uso.

Facebook
Desde la elección del presidente Donald Trump en los Estados Unidos, esta red social ha atraído una considerable atención por organismos de protección a la privacidad y cuerpos legislativos debido a sus políticas de protección de los usuarios ante noticias falsas y mensajes de odio. Frente a ello, la empresa de Mark Zuckerberg proporciona a los usuarios una amplia variedad de opciones que van del silenciamiento de mensajes el bloqueo y denuncia de usuarios que propaguen mensajes ofensivos y el control de las interacciones de terceros con el perfil propio.

Instagram
Esta red social, centrada en el contenido audiovisual, ha experimentado un crecimiento acelerado en los últimos años y se estima que más de mil millones de personas la usan por lo menos una vez al mes. Al igual que sus similares, la prioridad de Instagram es evitar el envío de comentarios y mensajes agresivos, sobre todo por parte de terceras personas debido a que, al igual que Twitter, las cuentas están diseñadas para que de inicio todos los mensajes e imágenes sean de acceso público.

Al ser una de las plataformas digitales más recientes (fue creada en 2010) todavía no ha protagonizado grandes escándalos sobre mensajes agresivos. Sin embargo, los diseñadores de este servicio no se duermen en sus laureles y es posible modular el nivel de acceso de terceros al perfil, filtrar comentarios inapropiados, bloquear seguidores e incluso evitar que las imágenes colocadas sean encontrables por medio de motores de búsqueda como Google.

Los sistemas de reconocimiento de voz colocados dentro de bocinas y smartphones nutren algoritmos y servicios de inteligencia artificial con las órdenes que les damos y que les sirven de materia prima para detectar elementos como el tono de la voz, el contexto y la emoción vertida en nuestras palabras. La información proveniente de cámaras de seguridad y sensores instalados dentro de infraestructura urbana como postes y banquetas ya está siendo usada para nutrir sistemas de inteligencia artificial capaces de identificar actitudes sospechosas como un potencial terrorista ocultando un paquete bomba en su ropa o un ladrón persiguiendo a su víctima entre una multitud.

Por un lado, podemos sentirnos orgullosos por haber contribuido en la creación de sistemas de inteligencia artificial que probablemente nos harán la vida más fácil en el futuro y que quizá se conviertan en nuestros médicos, nuestros cocineros y quizá en nuestros confidentes. Sin embargo, también deja una leve sensación de vértigo que todo esto ha sucedido, que todo esto sucede todo el tiempo y sin que nos demos cuenta. Más aún, sin otra defensa que dejar nuestros dispositivos electrónicos, abandonar internet y alejarnos de la vida moderna para vivir como ermitaños, sin darle de comer a los sistemas de inteligencia artificial, pero también en el exilio de la sociedad.

Todo es muy raro, como diría cierto escritor mexicano.

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