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El extremismo violento afecta en forma desproporcionada a las mujeres, y las normas culturales a menudo provocan que queden atrapadas en zonas de conflicto y expuestas a la violencia sexual. A veces, las mujeres cometen actos de violencia o reclutan personas. Sin embargo, las mujeres también están desempeñando una función eficaz en la lucha contra el extremismo violento.

En 2013, el hijo de 19 años de Saliha Ben Ali desapareció de la vivienda familiar en Bélgica. Había sido radicalizado por extremistas islamistas violentos y reclutado para combatir en Siria. Salvo por un breve intercambio de mensajes, la siguiente noticia que recibió de él fue cuando se informó a la familia que había muerto en combate tres meses después.

Ben Ali entonces fundó la Sociedad contra el Extremismo Violento de Bélgica (Society Against Violent Extremism Belgium, o S.A.V.E. Belgium), en un esfuerzo por defenderse contra quienes persuaden con engaños a hijos e hijas para que adopten ideologías extremistas violentas.

“No sentimos enojo, sino repudio”, dijo al periódico The Washington Times. “No entendemos cómo las personas pueden usar la religión para hacer el mal”.

S.A.V.E. Belgium organiza talleres para madres de familias musulmanas inmigrantes de primera y segunda generación. En los talleres, se enseña a las mujeres a reconocer indicios de radicalización violenta y a aprender formas de refutar la narrativa empleada por grupos extremistas violentos para reclutar a sus hijos.

Las mujeres usan su papel de madres para combatir eficazmente al extremismo violento. Además, su posición central en las comunidades les brinda, en este esfuerzo, una ventaja respecto de los gobiernos nacionales y las organizaciones externas.

Un ejemplo es el de Afganistán. Mariam Safi, del Centro de Estudios sobre Conflicto y Paz (Centre for Conflict and Peace Studies), investiga la función de la mujer en la lucha contra el extremismo violento en ese país.

En 2001, el gobierno afgano creó una serie de consejos de desarrollo comunitario y asignó la mitad de los cargos en estos consejos a mujeres. Safi cree que los consejos pueden ser claves para contrarrestar el extremismo violento.

Si las mujeres de los consejos de desarrollo comunitario reciben las herramientas necesarias para contribuir a detectar y detener el extremismo, “podrán transmitir esas herramientas a las demás mujeres en los hogares”, dijo Safi a la publicación Women & Girls, de la organización de medios News Deeply. Safi cree que esto es preferible a que vengan extraños a las aldeas para “educar” a las personas.

En Kenia, Fauziya Abdi preside Hermanas sin fonteras (Sisters Without Borders), una red de organizaciones que trabajan para prevenir el extremismo violento. Afirma que hay evidencias de que la milicia islámica en Somalia Al-Shabab estaría reclutando a hombres y mujeres en países como el suyo.

Entre distintas iniciativas, Sisters Without Borders trabaja para generar confianza entre las comunidades y las fuerzas de seguridad, de las cuales a menudo no se fían. Asimismo, “intentamos que las soluciones sean propuestas por las mismas mujeres. Esto puede implicar ayudarlas a conectar a jóvenes con proyectos de empleo u oportunidades de liderazgo que ofrezcan una alternativa al extremismo violento”, manifestó Abdi.

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