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Doblado en la cresta de una ola que rompe, Benjamin Thompson, de 34 años, de San Diego, utiliza alta tecnología cuando hace surf en Black’s Beach, su lugar preferido en el océano Pacífico. Los sensores en su tabla de surf rastrean las olas y predicen las condiciones para el deporte, aunque también hacen algo más: recolectan datos que los científicos climáticos necesitan desesperadamente.

El océano parece vasto y constante, pero su química está cambiando rápidamente. Cada día el océano disuelve millones de toneladas de dióxido de carbono, produciendo el ácido carbónico que perturba el medioambiente marino. Los efectos de la acidificación del océano cambian dependiendo de la localidad, la profundidad y el tiempo.

Los satélites y las boyas nos pueden proporcionar mucha información sobre lo que ocurre con la química del océano en sus aguas. Pero más cerca de la playa los satélites no son tan precisos, y las olas que rompen pueden hacer que las aguas sean poco profundas y turbulentas para las boyas.

¿Y quiénes son fanáticos de las olas que rompen? Los surfistas. El artefacto Smartfin (“aleta inteligente”), que permite insertar un sensor en las tablas de surf, puede ser la mejor fuente para lograr datos.

“Recolectar datos oceánicos exige demasiado tiempo y es un proceso caro”, dijo Thompson (en inglés), que es el ingeniero principal en Smartfin. Pero con esta inserción “lo único que necesitas saber es cómo surfear”.

“Smartfin” llega a la playa
El artefacto “Smartfin” toma medidas de la temperatura del océano, la acidez y la salinidad, datos valiosos para los científicos climáticos, además de características detalladas de las olas, que pueden alertar a los surfistas de los mejores lugares y momentos para encontrar oleaje. El “Smartfin” envía los datos directamente a los teléfonos y a los científicos con la tecnología inalámbrica “Bluetooth”.

Lo mejor de todo, Thompson ha hecho que la ingeniería de “Smartfin” haga parecer y sentir las aletas idénticas a otras intercambiables para ayudar en el control y estabilidad de las tablas de surf.

Al tener datos más completos de una red, los científicos tendrán acceso a información casi en tiempo real que les permitirá entender y predecir los efectos del cambio climático.

“Los surfistas pueden ampliar nuestro conocimiento del océano al recolectar información en las olas que suben y bajan por nuestras costas”, dijo Libby Jewett, de la Administración Nacional de Asuntos Oceánicos y Atmosféricos (Noaa). “Esos ambientes de mucha energía son difíciles de vigilar debido al oleaje, así que los surfistas contribuyen a llenar una importante brecha en los datos”.

Actualmente Thompson trabaja con la Institución de Oceanografía Scripps para verificar la precisión de las mediciones de “Smartfin” y comenzar a instalarlas.

Si quieres sumarte a los surfistas para tomar parte en la ciencia ciudadana o en una limpieza de la costa, infórmate sobre el Día Internacional del Surf que se celebra el 20 de junio. Cada año la Fundación Surfrider auspicia cientos de actos en todo el mundo para conectar a la gente con sus playas favoritas.

El ingeniero de “Smartfin”, Thompson, dice que confiar en la gente que están en el agua desde el amanecer hasta el anochecer tiene mucho sentido.

“No hay nadie más decidido a estar en el océano que los surfistas”.

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