De religión, política y futbol

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Los viejos de las generaciones pasadas tenían un principio de vida que siempre respetaron: nunca discutas de religión, política ni futbol.

Era la sabiduría popular de esos ayeres. Tal vez, tendrían razón, porque esas tres expresiones de la vida humana tienen en común la fe. Se cree, se abraza y se practica una religión basado en la fe hacia ella. Igual pasa en la política y en el futbol.

“¿A poco hay otro equipo?”, contestan los americanistas cuando les preguntan cuál equipo va a ganar, previo a un encuentro de futbol, más cuando se juega un título.

De la religión México dio muestras claras apenas en febrero pasado cuando el Papa Francisco visitó el país. No fueron las inmensas manifestaciones que presenció Juan Pablo II, porque la fuerza de la costumbre disminuye el ánimo, aunque sí grandes romerías las que presenció Jorge Mario Bergoglio en sus recorridos por el territorio nacional.

Sobre la política poco hay que decir. Existe infinidad de articulistas, comentaristas, columnistas y demás especialistas que, día a día, desmenuzan el acontecer político.

Más ahora cuando esta actividad en México ha caído en lo que llaman “política espectáculo”, muy lejos de sus principios en la que la fundamentaron los clásicos del pensamiento grecolatino: Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona y Tomás de Aquino o los anglosajones: Locke, Berkeley y Hume, quienes “despertaron de su sueño dogmático a Kant”, según confesó el pensador germano.

Ahora, la política mexicana está entrampada en un fuerte nudo ciego donde los intereses, económicos, por supuesto, predominan sobre cualquier otra valoración humana y que ha llevado a sus protagonistas a una guerra sucia que raya más en el lodazal que en las propuestas de un buen gobierno o de administración de la polis.

“La política se hace en Los Pinos y en Gobernación; lo demás es sólo grilla”, acostumbraban decir los grandes políticos de antaño, lección que, al parecer, han olvidado los nuevos políticos para quienes lo importante es confundir al electorado para dividir. “Divide y vencerás” es la vieja consigna, actualmente en vigencia, que lleva a la práctica los dictados del Príncipe de Maquiavelo, tesis magnificada últimamente por las serie televisivas Enrique VIII, Los Borgia y los Vikingos.

Por fortuna, esta semana llega a su final la etapa correspondiente a este año. Serán los electores quienes decidan lo conducente.

Así pues, no queda más que hablar sobre lo que sí, en verdad, es importante por ahora: el futbol.

Esta noche, Pachuca, contra todos los pronósticos, se alzó con la victoria del torneo nacional Clausura 2016. Colocó otra estrella en sus sienes.

El futbol dejó de ser un simple deporte para convertirse en deporte-espectáculo y en esto conjunta a la religión y la política. Es suma de fe, poder económico, político y entretenimiento popular.

Con poco más de un siglo de existencia en nuestro país, el futbol tuvo dos polos de desarrollo: la Ciudad de México y Guadalajara, con participación del Bajío; nula presencia en el sur-sureste y norte nacionales, donde el beisbol era el Rey de los Deportes, seguido muy de cerca por el basquetbol, en especial en Chihuahua y Durango, donde los basquetbolistas arrasaban con quienes le ponían enfrente.

En la Ciudad de México equipos de futbol como el Asturias, Marte, Necaxa de los 11 Hermanos, Atlante y otros más dieron brillo al balompié nacional y cimentaron las bases del ahora centenario América y los clásicos Cruz Azul y Pumas de la Unam, al igual que los desplazados Rayos del Necaxa (alguna vez rebautizado como Atlético Español) y el histórico Potros azulgrana.

Sus tentáculos se extendieron a Pachuca, llamada Cuna del Futbol y donde existe la Universidad de este deporte, pese a ver sido la cuna de este deporte; el exitoso Toluca, que puso de moda a la “Perra Brava”, su festiva porra; temporalmente los Toros Neza con su emblemático tractor, por su nombre original de Atletas Campesinos y años más tarde, el Puebla de la Franja y los Gallos de Querétaro que no siempre cantan.

La Perla Tapatía, por su parte, dio asiento a las populares Chivas y Atlas con breves apariciones del Oro, Nacional y los recientes descendidos UdeG y Tecos de la Autónoma. Tepic fue el límite del futbol de occidente, con efímera presencia.

En el centro del país, formaron parte en los albores de este deporte: León, donde años después surgió el Curtidores, de actuación sólo temporal; Irapuato, Celaya y Salamanca. A estos clubes se sumaron los purépechas: Morelia y Zamora que militó en la Primera División, aunque la memoria no lo recuerde bien a bien, al igual que (por una sola ocasión) La Piedad que, bajo los acordes del corrido de El Perro Negro, un historia trágica que, como muchas, acabó con la vida de sus protagonistas, se convirtió en himno para los Reboceros. El Perro Negro es una bella historia de amor, venganza y fidelidad.

“Al otro lado del puente, de La Piedad, Michoacán”, así inicia el corrido, que narra el enamoramiento de Gilberto, oriundo de Apatzingán, que siempre se hacía acompañar de su perro negro, con La Lupe, mujer hermosa de La Piedad, que era novia del acaudalado Julián, por lo que éste, un día que no estaba el perro negro asesinó a Gilberto, pero en esos momentos llegó “su fiel guardián, que muchos decían era del mal y dio muerte a don Julián”.

Lupita no lloró ante la tragedia, sino que fue al panteón a comprar unas flores como para hacer un altar y las llevó a la tumba de Gilberto y don Julián. Cuando llegó halló a un pedro negro, echado al lado de la tumba, que llevaba días “sin comer ni dormir, porque sólo quería ver a su dueño; no le importaba vivir” y así murió.

En esos tiempos, el futbol sólo llegaba a Zacatepec, Morelos, el equipo cañero, cuyos partidos se jugaban a las 16:00 horas y sus directivos acostumbraban regar el césped antes para que a la hora del encuentro estuviera en plena evaporación, por lo que calificaron a esta cancho como “El infierno de la selva”. Pocos equipos visitantes sacaba un triunfo allí. Más tarde, surgieron los Colibríes de Cuernavaca que tuvieron una centelleante aparición. Nada más.

Eran los límites hacia el sur; al oriente, Orizaba era el única representante. La presencia de Tiburones del Veracruz y Puebla es, relativamente reciente. Por el sur y sureste no había hasta la llegada de los Jaguares de Tuxtla Gutiérrez con un tránsito ambivalente.

El futbol deporte-espectáculo intentó interesar a la Península de Yucatán por lo que llevaron la franquicia del Atlante a Cancún, pero fracasó y ahora este equipo milita en la División de Ascenso. El otro prospecto fue Chiapas donde Jaguares todo indica que rugirán en Ciudad Victoria, Tamaulipas, a partir del próximo Torneo de Apertura 2016.

Ni Yucatán, Campeche o Tabasco son tierras de promisión, por ahora. No así el norte donde se finca el futuro de este deporte-espectáculo.

Aguascalientes, con sus renovados Rayos del Necaxa, se sumará el próximo torneo a la lista de quipos que participan en la fiesta grande del futbol nacional. Lo hará junto con los ya clásicos Monterrey y Tigres, de la Sultana del Norte; Santos Laguna, de la conurbación de La Laguna, y Xolos, de la cosmopolita Tijuana.

Ensayos sin fructificar del todo lo fueron el Gran Pez, de Sinaloa, dos veces ascendido e igual número, descendido; Indios, del viejo Paso del Norte, convertido ahora en Ciudad Juárez; Jaibos del Tampico-Madero y Correcaminos de Ciudad Victoria, y por ahí van los Mineros, de Carlos Slim, de Zacatecas.

Esta noche cuando Pachuca levantó la copa no dejó duda alguna de que el norte nacional es la Meca del futbol-espectáculo y que la Bella Airosa devolvió la copa a sus orígenes, donde nació este espectáculo.

Por algo, Monterrey disputó a Guadalajara y la Ciudad de México como sede nacional del espectáculo en general.

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